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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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feminismo

REGALO de EVA en plena crisis del Ministerio de Igualdad

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¿Necesitamos un Ministerio de Igualdad para defender a la mujer? En unas fechas en las que la creación de este nuevo ministerio no deja de levantar ampollas suspicacias, mi opinión es que lo que necesitamos en general es un Ministerio de Respeto. Que no se discrimine a una mujer por ser mujer, ni a un hombre por ser hombre, ni a un hombre por querer ser mujer, ni viceversa, ni a una persona por ser más alta, o tener un grano en el dedo gordo del pie…

Creo que lo que le falta a la humanidad es mucho respeto. Con una sociedad respetuosa, que sabe que sus límites acaban donde empiezan los de los demás, el 90 % de las leyes serían innecesarias. De hecho, la elaboración de leyes es el principal síntoma del fracaso del respeto social. Mi utopía, pienso, es una Sociedad del Respeto que no necesita normas, como si fuera una gran familia.

Pero no nos desviemos. En la cuestión de género, ¿es necesario ponerse tan duro en este sentido? Sí. Hay machismo en la sociedad. Y eso solo se radica con educación. Recuerdo que en ese sentido publiqué En el nombre de Eva. Creo que solo las mujeres tienen un argumento incontestable para unirnos y para darle una buena cura de humildad a los que se sienten por encima de ellas; que los hay, y muchos. Lo que propongo en la historia entiendo que es indiscutible. Pero no quiero desvelarla completamente. En su lugar, os la regalo para que podáis disfrutarla. Esta semana, hasta el domingo, estará gratuitamente en Amazon. Si os hacéis con ella, me haréis muy feliz. Espero que os guste. Si además os animáis a reseñarla para recompensar el esfuerzo de ofrecerla de manera gratuita, os lo agradeceré.

Aquí os dejo la sinopsis:

libro

¿Y SI DIOS FUESE MUJER?

El descubrimiento del ADN del primer ser humano está a punto de revelar una incómoda verdad: la primera persona del mundo fue una mujer. En su nombre está a punto de comenzar una guerra en esta ópera espacial cuya única solución reside en el corazón de la madre de todos. ¿Estás con Eva o contra ella?

 

Nada más por hoy. Un saludo y ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

 

SI ES QUE VAN PROVOCANDO…

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¡Si es que van provocando! Se reavivan las ascuas del machismo inherente en San Fermín y yo me descuajaringo cuando salen esas imágenes de jóvenes descubriéndose el pecho en la plaza y oigo a mi alrededor “si es que se lo buscan”, o cosas parecidas, por no hablar de la estrechez mental que incluso justifica con esa imagen aberraciones varias.

Pero no seré yo el que opine al respecto, que corro el riesgo de quedarme sin teclado. Lo dejo en manos de Ascanio, el hercúleo guerrero de la novela de Gàta. Como ya hice en otra ocasión, utilizo a mis personajes en forma de relato breve para dar mi opinión sobre temas tan espinosos. Dejo implícito en las siguientes líneas el pensamiento de que al final al provocación no está en el exterior, sino en la cabeza de cada uno, y no en la de abajo precisamente, y que no hay justificación más allá de la que uno quiera inventarse. ¡Espero que os guste! Se ubica tras la llegada de los griegos de la mano de Alejandro Magno a Egipto:

 

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—Mira eso —dijo Ascanio, con los ojos desencajados y hasta el último pelo de su profunda barba blanca tieso por la excitación.

Pero Néstor no podía mirar nada, ocupado como estaba en salir del Nilo tras haber caído a sus aguas de manera miserable. Habían visto a esos egipcios deslizarse sobre la superficie del río en aquellas pequeñas barcas de papiro y habían intentado imitarlos. El nefasto resultado de aquel intento era evidente, a juzgar por sus cuerpos empapados.

—Algún día… igualaré tu habilidad… con la natación, por los dioses —afirmó Néstor con la respiración entrecortada tras alcanzar la orilla, algo que su amigo ya había conseguido minutos antes gracias a su portentoso físico—. Diría que tengo ante mí al mismísimo Poseidón cuando te veo nadar, Ascanio.

—Mira eso —repitió Ascanio, que parecía más interesado en otra cosa.

Néstor se quitó su túnica blanca y la escurrió. Entonces siguió la dirección que indicaba el dedo de su musculoso compañero. Este señalaba a una egipcia que segaba el trigo de las prolíficas tierras a la vera del Nilo. Llevaba el pecho descubierto, motivo de la fijación de Ascanio.

—Es tradición aquí que vistan así —informó Néstor, con el agua todavía cayendo desde su raída barba y su ondulada melena castaña—. Así que no te emociones.

Néstor golpeó con su túnica mojada a modo de látigo en el esculpido abdomen de Ascanio para intentar sacarlo de aquel embrujo. Volvió a vestirse de nuevo y sintió el horroroso calor egipcio un segundo después.

—No me importa el por qué de su desnudez, si este es por tradición o por ley —dijo Ascanio, incapaz de retirar la mirada de la egipcia—. Más bien me interesa el para qué visten así.

—Uy, mi gran Ascanio… —dijo Néstor, que ya sabía hacia dónde se dirigían los pensamientos de su enorme amigo—. ¿La deseas? —preguntó, aunque por sí mismo pueo descubrir que era innecesario del todo hacerle esa cuestión a juzgar por el abultamiento en la parte del bajo vientre de su túnica de lino—. Y yo que creía que la única pasión que agitaba tus pensamientos era la lucha…

—Ella me sonríe —se justificó Ascanio, escudándose bajo el estiramiento de labios que continuamente le dedicaba la egipcia al saberse observada.

—A todos nos sonríen —expuso Néstor, intentando disminuir la euforia de Ascanio—. Nosotros, los griegos, les hemos liberado de la esclavitud persa. Se sienten seguros a nuestro lado y ofrecerán todo a su alcance por mantenernos cerca. O peor, se sienten agradecidos. Así que esa sonrisa… —Néstor se dio unos segundos para pensar cómo exponer su teoría de que era inmoral aprovecharse sexualmente de esa chica sin bajar la autoestima de su compañero—. Esa sonrisa no la dibuja desde su corazón, Ascanio. Y tanto si es por necesidad como si lo es por gratitud, creo que no eres de los que se jactan de abrir piernas ajenas solo para saldar deudas.

Era cierto. El enorme Ascanio, que físicamente era como una montaña, era todo dulzura en su interior. Pero lo cierto es que los años de campaña, alejados del calor de una mujer, pesaban y convertían las tripas en el director de su cabeza.

—¿Y si buscan diversión? —se preguntó Ascanio, que continuaba buscando un motivo que le obligara a aprovechar la situación—. Pienso que, si tan destapadas van, es por algo. Puede que estos dioses raros que adoran les ordenen saciar hombres y, en tal caso, mi resistencia no haga otra cosa que enojarlos. No quisiera yo faltarles al respeto.

Néstor se rio ante esa opción. Se imaginó a ese dios egipcio con cabeza de águila picoteándole el hígado a Ascanio cada día como si de Prometeo se tratase por no haber satisfecho sexualmente a una de sus súbditas.

—Ascanio, ¿te estás oyendo? Me pregunto si tanto sol no habrá frito tu cabeza esa enorme que tienes, y que a veces me pregunto si gustas de utilizar.

—¡Néstor! ¡Y tú qué sabes! —se quejó el grandullón—. Es más, pienso que las calenturas de estas tierras, abrasadoras como son, se deben a sus ardientes costumbres. Los calores no son más que una muestra de esta cultura —dijo, señalando de nuevo a ese pecho descubierto, que él consideraba un acto de seducción y una prueba a su favor.

—Lo único que se está calentando aquí es tu cabeza —opinó Néstor, llevando su dedo a la frente de su amigo, teniendo que alzar el brazo debido a su altura—. Vámonos, Ascanio, antes de que hagas algo de lo que sé, vas a arrepentirte.

—¡Tú no piensas así porque tienes el rabo anulado! —estalló Ascanio, harto de no ser tomado en serio—. Tú a esa Nerea esperas día y noche, aunque no la encuentres. Y solo ella es dueña de tus pasiones y por eso en ninguna otra te fijas. Y eso te ha hecho perder la hombría. Y por Zeus que te lo respeto, pero no excuses tu falta de virilidad anulando la de los demás, Néstor.

—Sí, yo busco a Nerea, cierto, pero no más que tú una excusa para ensartar a esa egipcia sin tener que, una vez vaciados tus huevos, pensar por qué lo que sientes realmente hueco es el corazón. Hazlo si quieres, Ascanio. Pero sé un hombre, y no por abusar de esa muchacha, sino por darme la razón de que al final no son las señales de fuera las que te obligan a ello, sino la forma en la que tú las organizas para que parezcan una extensión de lo que sientes ahí —afirmó Néstor señalando la entrepierna de su compañero.

El jardinero había recorrido ya mucha distancia para comprender cómo las personas siempre encontraban una justificación para dejarse seducir por las pasiones. Curiosamente, el respeto que hacía que las piernas se abrieran a causa de una sonrisa sincera, rara vez lo había presenciado.

Sabía que, al final, todo estaba en la cabeza de los que miraban, y que la provocación no era más que el escudo tras el que escondían las justificaciones que, con la mente fría, resultaban no serlo tanto.

 

Espero que os haya gustado. Si queréis saber más de los personajes, aunque el bueno de Ascanio no salga muy bien parado en este relato, podéis haceros con Gàta.

Ah, y recordad que sigo reclutando gente para la lectura conjunta y online de El último gato vikingo.
Nada más por hoy. ¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

 

 

REIBY – La mala hostia al servicio de una buena causa

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A Emma Stone, con un poco más de mala leche y menos glucosa
que en La la land, la vería en el papel de la rebelde Reiby.

Tras presentar a Roldey y Wilker, hoy en Personajes de los que me enamoré escribiendo sobre ellos le toca el turno a Reiby, la pequeña rebelde que tiene un gran impacto en el argumento de En el nombre de Eva.

Reiby es la lideresa de Zena, una organización feminista que es socialmente considerada como un grupo de mujeres alteradas sin sentido ni repercusión política alguna (cualquier parecido con la realidad es una coincidencia, nótese la ironía). Sin embargo, la aparición de Eva es el desencadenante de un cúmulo de causas-consecuencias cuyo efecto mariposa cambia drásticamente el papel de la organización en toda la confederación. Y hasta aquí puedo leer sin destripar más la historia.

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En cuanto a Reiby, es un personaje con carácter, capaz de perseguir sus objetivos cueste lo que cueste, en un claro ejemplo de que el fin justifica los medios. Su aporte a la parte filosófica del libro es precisamente esa. Para los que crean en defender sin miramientos un ideal a priori justificado, será una heroína. Para los que crean que siempre hay una forma más sosegada y civilizada de solucionar las cosas, será una villana. Y yo me muero por saber qué es lo que opinas de ella.

Así que, os invito a que forméis parte de esta aventura que acaba de empezar y que se llama En el nombre de Eva.

Nada más por hoy, que tengáis un buen día. ¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

EN EL NOMBRE DEL NOMBRE DE EVA

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Esto me pasa por blasfemar. Dios me pone piedras en el camino y yo no las veo, no las veo… Ya con la publicación encarrilada, tras el tortuoso proceso de edición (recuerdo que la primera fecha de publicación iba a ser el 8 de marzo por ser el Día Internacional de la Mujer), cómo no, tenía que aparecer otro problema: resulta que el título que había elegido, La rebelión de Eva, ya estaba cogido. Juro que había buscado y rebuscado para que esto no me pasara.

Esto, en principio, no era un problema. Legalmente pueden haber dos libros con el mismo título. Pero me hubiera parecido una doble falta de respeto por mi parte. Primero, respecto al autor, que me imagino que no le debe causar mucha alegría que alguien publique con uno de sus títulos. Y segundo, con el lector, debido a la confusión que puede crearse a la hora de adquirir cualquiera de los dos libros.

Así que, finalmente he renombrado La rebelión de Eva, que ahora se llamará En el nombre de Eva. A nivel argumental, le pega más, ya que contrasta con el clásico En el nombre del padre eclesiástico, y hace alusión al empoderamiento de la mujer y a la condición casi divina que se le da a Eva en la historia. Tiene menos pegada que La rebelión de Eva y me costará acostumbrarme (toda la promoción la había hecho con ese nombre), pero es lo que toca. Seguiremos adelante, con ilusión y pasión, como siempre, unas veces a favor del viento y otras en contra de él.

Así que, ¡ya tenemos aquí En el nombre de Eva! Por fin, esta travesía llega a su meta. Qué digo, si ahora con el libro bajo el brazo es cuando empieza todo. Ahora toca disfrutar de esta nueva aventura, de la que me encantaría que fuerais parte.

¡Un saludo en el nombre de Eva!
Nos vemos las instacaras por @icaro_jon.

 

 

ROLDEY PAGAN – El protagonista victimizado

Resultado de imagen de Michael FassbenderMichael Frassbender sería el perfecto Roldey Pagan para la película de
“En el nombre de Eva” que 20th Century Fox hace en mis sueños

 

Seguimos con la cuenta atrás para el lanzamiento de “En el nombre de Eva“, ahora estimado en 1-2 semanas, y aprovecho para ir contando cositas de esta novela de ciencia ficción con el empoderamiento de la mujer como trasfondo. Y, qué mejor manera de presentarla, que a través de sus personajes.

Roldey Pagan es el científico de la ciudad flotante de Gracidia que descifra un código oculto que lo impulsa a convertirse en jefe de laboratorio (juntro a otros apoyos que no comentaré para no hacer spoiler, que los enchufes son cosa del pasado, del presente y… también del futuro).

Como máximo responsable de la clonación de Eva, su debate moral individual será saber establecer los límites entre proyecto y persona, pues la admiración científica que siente por Eva, también la siente como padre y… puede que también haya una tercera filia amorosa, aunque él intente negarlo. La importancia de Eva para la humanidad no parece ser tan importante para él como el bienestar de la propia muchacha.

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Todo esto hace que se le pueda presuponer un papel protagonista a Roldey. Y así es, al menos hasta bien avanzada la historia, donde se convierte en un pivote a través del que giran los acontecimientos que amenazan con sobrepasarle. Se convierte en un espejo con el objetivo de demostrar que las responsabilidades comunitarias están (o deben estar) por encima de los anhelos individuales. Roldey se convierte en la duda, en el tapiz sobre el que se despliega la metáfora. Se convierte en ti, con la intención de hacerte pensar qué harías tú en su lugar.

Y nada más, que tampoco es plan de destripar la historia.
Un abrazo. ¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon! Aunque la última foto colgada no sea la más indicada para conocernos, precisamente…

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