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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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filosofía

¿Y TÚ CÓMO TRATAS A TUS MAYORES?

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¿Tratas a los mayores mejor que como lo hacían en el Antiguo Egipto? No, el hecho de estar tanto tiempo sin publicar una entrada no significa que haya entrado en la tercera edad. Pero sí os invito a una reflexión al respecto.

Una de las cosas que más rabia me dan de la pandemia es que ha evidenciado lo poco que hoy en día se valora a los mayores. Puedo comprender y perdonar errores durante la gestión sanitaria por la intensidad de la crisis y sus implicaciones económicas, sin mirar siquiera colores políticos. Pero lo que no perdono es el abandono y el descuido respecto a las personas más vulnerables. Habiendo precedentes y certeza del desastre, a nuestros mayores se les tenía que haber sencillamente blindado.

No voy a entrar en polémicas. Los errores no sirven de nada si no son para aprender. Así que, como he dicho, invito a una reflexión. Como estoy en pleno proceso de recuperación de la saga de El sanador del tiempo,  lo dejo en manos de sus personajes. Ya sabéis que me gusta sacarlos de sus historias para hacer pequeños capítulos relacionados con temáticas actuales. Y de paso, servirá como contenido extra para la nueva edición.

Así que, aquí os dejo este pequeño relato junto a Poul y Christiaan. ¡Espero que os guste!


 

El olvido de los años

 

—Aquí tienes, una cerveza de verdad.

Christiaan plantó dos botellines frente a su compañero Poul en una de las mesas de las cafeterías de MediTime. El golpe del cristal contra la madera sobresaltó al interventor, le hizo volver a la realidad. Le hacía falta, porque a decir verdad, sentía que se había quedado anclado en otro mundo en su último viaje virtual por el tiempo.

—Esto sí es cerveza buena, europea como nosotros —continuó hablando el pelirrojo mientras tomaba asiento frente a su amigo—, y no la basura que hacen los americanos.

Sin embargo, Poul seguía absorto en la pantalla de su portátil, como si esta se hubiera apoderado de todos sus sentidos, incluso de aquellos que había descubierto en su última intervención a juzgar por las nuevas sensaciones que le había provocado viajar virtualmente ene l tiempo.

—¿Y qué? ¿Cómo es la chica en vida? —siguió Christiaan con su monólogo. Se refería a la paciente, que se encontraba en un estado comatoso permanente, pero a la que Poul había podido ver consciente durante la simulación—. Se le ve buena persona, porque tiene un corazón que no le cabe en el…

El pelirrojo hizo unos gestos con las manos que evidenciaban que su broma hacía ilusión a los grandes pechos de la joven y no a su órgano cardíaco precisamente. Poul, por su parte, seguía inmerso en su lectura, lo que hizo desesperarse al técnico.

—¡Poul! ¡Relájate un poco! —le recomendó su compañero—. Desde que te has convertido en interventor no dejas de estudiar… Tranquilízate, recobra las fuerzas, así estarás mejor preparado para la próxima sesión.

—Eso es lo que intento —reaccionó Poul finalmente—. Trato de estar más preparado para el próximo viaje —añadió, en un tono seco que mostraba su estrés y preocupación.

Giró el portátil para que Christiaan pudiera ver que leía sobre el Antiguo Egipto. Ahí es donde le enviaban las intervenciones, y cuanto más supiera de esa época más preparado estaría para afrontar las nuevas situaciones.

—La sociedad egipcia se encargaba de que los ancianos vivieran en el estado de Amaku, lo que significaba que el resto de la sociedad se encargaba de proporcionarles el sustento para el resto de sus días —comenzó a leer el pelirrojo tras ajustarse las gafas, con unos claros gestos con los que mostraba que no entendía nada—. La vejez se ensalzaba y no se ridiculizaba la pérdida de plenitud o facultades, sino que se elogiaban y englobaban en un proceso llamado Maaty que tenía que ver con la bienaventuranza… Ocupaban un puesto privilegiado en la sociedad por la sabiduría que acumulaban… Tío, ¿qué haces leyendo sobre viejos? ¿Cómo te va a ayudar eso en las intervenciones?

—¡Yo qué sé! —replicó Poul, inquieto como estaba debido a su interés en salvar a su primera paciente—. Se supone que tengo que solucionar traumas de los predecesores de la paciente, si les importaban tanto los ancianos puede que sea una de las principales preocupaciones que me encuentre en mi próxima simulación… Así le daré la importancia que se merece…

—No te agobies, Poul… —le recomendó su amigo pelirrojo—. Simplemente disfruta de la experiencia, tú que puedes. Otros no tenemos tanta suerte de poder intervenir.

Poul asintió, por cortesía, pero cerró el ordenador y se levantó de la mesa.

—Tengo que irme, Christiaan —informó Poul no sin antes dar un trago al botellín para agradecer que su amigo le hubiera ofrecido la cerveza.

—Al menos me haces caso y te vas a descansar…

—No, Christiaan. No me voy porque tenga que descansar. Voy a visitar a mi abuela. —Poul le ofreció una triste sonrisa—. ¿Sabes lo que pienso? Es muy triste que tras miles de años, lo único que haya avanzado respecto al trato de nuestros mayores sea el tiempo.

Christiaan asintió, miró hacia otro lado avergonzado y sus mejillas llenas de pecas se tiñeron del color de su cabello. Él también tenía bastante abandonado a su abuelo. El trabajo le impedía visitarlo con frecuencia. También le pareció miserable que las preocupaciones laborales hubieran relegado a los ancianos a un segundo plano, cuando hacía ya más de 4.000 años, estos ocupaban un espacio más privilegiado en la moral humana.

 

Si te ha gustado, recuerda que tienes los tres primeros episodios de Poul y Christiaan recopilados en un único volumen a tu disposición.

Un saludo, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

EL PRESENTE ES UN REGALO

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Ya lo decía Oogway, la tortuga de Kung Fu Panda: el pasado es historia, el futuro es incierto y el presente es un regalo, por eso se llama presente. Ahora, con la filosofía oriental no solo tocando a nuestras puertas, sino invadiendo los hogares en su modo Feng Shui, parece que todos comenzamos a comprenderlo y tenemos claro que lo que importa es el momento en el que vivimos. Nada más.

Pero yo, que ya sabéis que hago apología de los videojuegos, ya recibí esta lección con un juego que he vuelto a disfrutar recientemente rebosante de nostalgia: Metal Gear Solid. En este videojuego guionizado, con más similitudes a una película que a un juego de consola, Solid Snake era un agente infiltrado cuyo objetivo era acabar con una amenaza terrorista.

Pero si tiramos de fast forward y nos vamos al final (aviso, spoiler), a Snake le había infectado su propio equipo con un virus para que este acabara con su vida tras la misión y llevar así todos los secretos que había vivido a la tumba con él. Secretos de Estado, que se dice.

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Sin embargo, la doctora de la operación, en un acto de redención le comunica que la activación del virus la ha modificado para que sea aleatoria, pues no quería convertirse en verdugo evidente. O sea, que la enfermedad podría activarse en unos segundos, horas, o nunca. Solo cuando uno está condenado, cuando deja de tener sentido el hecho de consturir la vida que queremos, comenzamos a vivir la que tenemos.

A mí, esta historia y esta reflexión que recibí de adolescente, fue un martillazo a mi estilo de vida y fue un ladrillo importante del muro de la filosofía que mantengo a día de hoy. Todos tenemos un virus mortal de activación aleatoria en el cuerpo. Llámalo enfermedad, accidente, mala fortuna… El miedo a la muerte hace que las personas no piensen en ella, que la integren en su mente como algo lejano, una leyenda.

Pero hay que coger el camino opuesto. Ser conscientes de que es algo real, tangible y cuya inminencia es desconocida. Lo que no hagas ahora, puede que no lo hagas nunca. Aprovecha este momento en el que dispones de cinco sentidos (yo creo que son más) para disfrutarlos. Actívalos en su plenitud. Porque llegará un día en el que ya no podamos disfrutar de ellos. Entonces ya nada importará, ni lo bueno ni lo malo. La vida es ahora. Y punto (y seguido, de momento).

Nada más.
¡Que tengáis un día muy vivo!

La postpreocupación – Moraleja de El sanador del tiempo

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A ver cómo cuento esto sin hacer spoiler. El sanador del tiempo es una novela ligera, pero no exenta de moraleja (de hecho, no deja de ser un cuento; daños colaterales de estar infectado por Tim Burton). Aunque la moraleja se desliza entre sus líneas de manera sutil, me alegró ver en la lectura conjunta que el mensaje se transmitía. Y como dije que iba a explicar la intención, saldo esa deuda (de manera tardía, como siempre) con esta entrada.

Para los que no conozcáis la historia, El sanador del tiempo trata sobre una clínica que cura enfermedades mediante viajes simulados en el tiempo. Las situaciones dramáticas del pasado retuercen e impregnan de tal manera el ADN que a lo largo del tiempo acaba estallando en los descendientes en forma de enfermedad. Esas situaciones han de resolverse y para ello, son leídas e interpretadas digitalmente para enfrentarse a ellas. Eso a grandes rasgos, para no extenderme.

El origen de las enfermedades en las vidas pasadas (registros akáshicos) es un concepto oriental.  Y como tal, la moraleja no podía venir desde otro punto cardinal. Viene a mostrar, en gran medida, lo perjudicial que es para nuestra vida el exceso de preocupación. Nos amarga y hace que la vida sea menos vida. Y, en contraste, también muestra la necesidad de liberarse de estas cargas (a menudo innecesarias) para seguir adelante. Esta despreocupación hace que quede algún cabo suelto en la historia (aunque huele a secuela por ahí para volver a tirar de ellos). Pero realmente es acorde con la idea a expresar, a veces hay que soltar amarras, no solo para aligerar el peso del alma, sino porque en ocasiones es nuestra única opción y para bien o para mal, la mejor.

Es parte de una filosofía de vida que adquirí hace tiempo y con la que he encontrado la felicidad. Nunca me preocupo por cosas que puedan pasar en un futuro porque, por definición, puede que hasta no pasen. Si ocurren, pues entonces en ese momento haré todo lo posible para que el impacto sea el menor posible, para solucionarlas. Si después de hacer todo lo que está en mi mano soy incapaz de resolverlas, pues solo queda mirar a otro lado y seguir adelante (el que hace todo lo que puede no está obligado a más), porque la vida es tan grande que siempre ofrece nuevos caminos. Pero hay que buscarlos y no perder la perspectiva aferrándose una y otra vez a algo que hace que nos atasquemos. Energía que se gasta en algo improductivo, es energía que no invertimos en dirigir la vida al lugar en el que queremos estar.

Ahí queda eso.
¡Qué paséis un despreocupado día!

YA ESTOY HACIENDO LO QUE QUIERO HACER

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Cada vez estoy más convencido de que la felicidad es más cuestión de ilusión que de recompensa. El corazón responde mejor a lo que haces para obtener cosas que al hecho de obtenerlas en sí. La satisfacción suelta amarras cuando te acercas a un objetivo y se evapora cuando cruzas la meta.

¿A qué viene esta reflexión? ¿Qué golpe te has dado hoy en la cabeza, Jon, para hablar así? Bueno, hace unos días recibí una valoración editorial positiva, de la que hablaré más adelante (esta vez seré más cauto, para que no me estalle la emoción en las narices de nuevo). Al comentarlo con mi familia y tras la orgullosa felicitación maternal, mi madre decía “ojalá tuviera más dinero para apoyarte en lo que quieres hacer“. Se refería, con esa entrega que solo las madres tienen, a mi sueño de vivir de escribir.

Sí. Es cierto. Poder invertir dinero en algo te da más recursos para conseguir resultados, y en este caso, me liberaría de tener que ganarme el pan por otro lado pudiendo dedicarle más tiempo a la escritura. Pero de aquella frase me quedo con la reacción inmediata de mi instinto, de mi corazón, que cambiando su ritmo cardíaco, como si me hablara en Morse, me decía “tú ya estás haciendo lo que quieres hacer“.

Y es cierto, tengo el jodido privilegio de estar viviendo mi sueño. Es verdad que ya me gustaría dedicarle las 8 horas diarias que toda profesión requiere para salir adelante y tener más medios a mi alcance que explotar. Es cierto que hay mucho más por hacer, por profundizar… Pero no veo de qué manera todo eso me va a hacer más feliz. La emoción de pelear en este mundo ya la tengo. Ese chispazo inicial que revoluciona cuerpo y mente ya lo siento cada día.

Y, apuntando ahora a la frase que abre la entrada, eso es lo importante. Ese fuego cardíaco que sientes cuando quieres conseguir algo. Ese sentimiento está al principio y, por el bien de la felicidad propia, tiene que mantenerse hasta el final. Eso no cambia por mucho que cambie tu sueño. Porque si lo hace, ya no es tu sueño, y puede que un día te encuentres consiguiendo lo que esperabas, pero sin hacer lo que un día pensaste que querías hacer.

Gracias por soportar otro de mis arrebatos de ilusión.
Me despediría diciendo que seais felices, pero tras esta reflexión, mejor diré: sed ilusivos.

Un fuerte abrazo.

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