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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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¿LOS RALLYS NO SON PARA MUJERES?

¿Tendrían que ser los campeonatos de automovilismo mixtos, o separados por género? El otro día, tras conocer la existencia de las W Series (la Fórmula 1 femenina), un amigo y yo debatíamos sobre si en los campeonatos automovilísticos debía haber segregación por género o no. En teoría, no debería. No hay ningún parámetro físico o biológico que obligue a tal diferenciación, ya que el rendimiento lo pone la máquina.

En mi opinión, creo que esta diferenciación se debe a un parámetro más de tipo estadístico. Si de cada 100 aficionados al automovilismo uno es mujer (siendo optimistas), es más improbable que una de ellas quiera pasar de la afición a la profesión, y es más difícil brillar siendo uno entre cien, seas hombre, mujer o extraterrestre. Es simple proporción matemática. A nivel de talento es otra cosa, ahí pienso que no hay estadística alguna. Si un hombre es un número uno, brillará. Si una mujer es una número uno, brillará. Pero hay más probabilidades de encontrar un número uno donde hay más aspirantes, simplemente.

Y después está el asunto de los patrocinios, asunto espinoso. El automovilismo no es meritocracia. No llega más lejos el mejor, sino el que mejores patrocinadores tiene y más dinero aporta al equipo o sus recursos mecánicos. Por supuesto, ganar carreras ayuda a atraerlos, pero no es el único factor, y a veces tampoco el más determinante. Y en ese sentido, el automovilismo siempre ha estado patrocinado por productos de un público principalmente masculino. Imagino que para una mujer debe ser más complicado negociar, porque «no representan al público objetivo».

En ese sentido, quizás crear campeonatos femeninos ya no sea un dilema moral, sino una necesidad. Una posibilidad para ellas de conseguir visibilidad, un pequeño rincón exclusivo donde dejarse ver. Quizás así, consigan más reconocimiento y en consecuencia una mayor fama y atracción de patrocinadores. Y así, en un futuro, puedan competir en igualdad de condiciones y romper esta brecha de género.

Porque el talento, indudablemente está. A las pruebas me remito, y aquí un nombre es obligado: Michèle Mouton. La francesa no solo llegó a competir al máximo nivel automovilístico, en una competición mundial regida por la FIA como es el Campeonato del Mundo de Rally, sino que consiguió lograr una victoria en Italia en 1981 y tres más en Portugal, Grecia y Brasil en 1982, año en el que con su Audi Quattro logró el subcampeonato del mundo, solo por detrás del legendario Walter Röhrl.

Ojalá ejemplos como este animen al público femenino a aficionarse a ver las carreras como una pasión con salida profesional. Ojalá también anime a los aficionados (aquí ya sin distinción de género) a seguir competiciones femeninas de automovilismo, porque eso permitirá que la brecha se haga más pequeña y, de corazón, espero que esta reflexión anime a ello con el deseo que en un futuro solo se hable de competiciones mixtas y sin diferencias de dificultad de acceso. Eso no solo será un éxito del automovilismo, sino de la sociedad en general.

Si te gusta la historia del rally, y quieres dar un agradable paseo para recordar su historia o aprenderla, te recomiendo el libro La historia del Campeonato del Mundo de Rally de Marcelo Coll:

LAUDA vs HUNT – Razones para amar la Fórmula 1

Siempre digo que amo tanto como odio la Fórmula 1. Cada vez se parece más a un paseo de las estrellas de Hollywood en ese constante goteo de lujo que va enterrando cada granito de esencia deportiva que hay en la máxima competición de automovilismo del mundo. Este dilema lo refleja perfectamente la rivalidad que hubo entre Niki Lauda y James Hunt. Una historia que todo aficionado a la F1 debería conocer, y que todo amante de la motivación y superación también sabrá disfrutar.

Niki Lauda, austriaco, representante del caballerismo deportivo. El piloto correcto, educado. Disciplinado. James Hunt, británico, la bala perdida, el chico malo, irreverente, el guaperas. Agua y aceite en cuanto a personalidad, diferentes versiones de la vida que estallaron en la pista en la temporada de 1976.

Tras alimentar su rivalidad en categorías inferiores y en la propia Fórmula 1, ambos eran los favoritos para el campeonato de 1976. Hasta Nürburgring, el Gran Premio de Alemania, donde Lauda tuvo el famoso terrible accidente cuyo incendio acabó desfigurando su rostro, causándole sus características cicatrices. En el hospital, se le dio la extremaunción. Todo apuntaba al fin de su carrera automovilística. Y de su vida.

Pero Niki Lauda no solo salvó la vida, si no que se esforzó al límite y volvió a la competición tres carreras después. Impensable. Aunque tuviera que sangrar cada vez que se ponía y quitaba el casco por la piel quemada de su cráneo. No estaba dispuesto a que Hunt, que había aprovechado su ausencia para sumar puntos, se llevara el campeonato.

Lauda fue capaz de mantener a raya al británico hasta el final, de manera que ambos llegaron con opciones de ser campeones a la última carrera en Japón. Niki tenía opciones de completar la gesta de regresar de entre los muertos para ganar el campeonato. Pero otra vez… la lluvia. La resbaladiza pista trajo consigo las pesadillas de su último accidente. Y Lauda, cauto, decidió abandonar. No podía arriesgarse a volver a causar el mismo sufrimiento a sus seres queridos.

Por su parte, James Hunt, el joven arriesgado y sin miedo a la muerte, siguió adelante y en un final de carrera emocionante, logró hacerse con el campeonato tan solo con un punto de ventaja sobre el renacido Lauda. Ese año, la victoria fue para el británico. Esta rivalidad y maravillosa historia queda bien reflejada en la película Rush, la cual recomiendo.

Ese año ganó James Hunt. Pero en la vida… ¿de quién fue realmente el triunfo? James Hunt murió a los 45 años a causa de un infarto promovido por sus excesos alcohólicos. Ganó un único mundial, a pesar de tener un talento con el cual, según muchos, habría podido marcar una época si se hubiera dedicado con más atención y esfuerzo a las carreras.

Lauda, por su parte, ganó el campeonato al año siguiente sumando un título más al de 1975, junto al que también ganaría en 1984, único piloto capaz de volver a ganar un título mundial tras haberse retirado y regresado a la competición, con unos monoplazas con efecto suelo totalmente distintos a los que había utilizado para triunfar anteriormente. Se convirtió en una leyenda.

¿Qué queremos en el presente y en el futuro? ¿Una Fórmula 1 de estrellas del show como Hunt o de pilotos entregados como Lauda? ¿Cuál prefieres tú? O quizás, la grandeza de esta competición, es que hay cabida para todos. Lo cierto es que es cada uno de estos talentos, tan dispares entre sí, los que hacen grande la competición

Si te gusta la historia de la Fórmula 1, te recomiendo La historia de la Fórmula 1 a ritmo de vuelta rápida, un sencillo y maravilloso paseo a través del tiempo para recordar o conocer de forma sencilla la grandeza de este campeonato.

LA TETERA AMARILLA – De la burla a la victoria de Renault

¿Alguna vez se han burlado de ti por hacer algo de forma diferente a los demás? Enhorabuena, porque entonces estás en el camino hacia el éxito. O eso es lo que se puede aprender del debut de Renault en la Fórmula 1. Porque este equipo, al que adoro, es mucho más que Fernando Alonso.

Renault apareció en la mayor competición de automovilismo en 1977 a través del equipo Equipe Renault Elf… y rápidamente se convirtió en motivo de burla y risas en el paddock. Debutó con el Renault RS01, con el que introdujo el motor turbo (que añade un compresor de aire para enriquecer la mezcla de combustible y consumir y contaminar menos) por primera vez en una carrera de F1. Sin embargo, una carrera tras otra, el monoplaza tendía a explotar, y debido a que acababa siempre rodeado de humo blanco, se le apodó “la tetera amarilla”. En su primer año, no consiguió acabar carrera alguna.

Pero ¿se rindió Renault? No, trató de aprender de los errores. Porque el fracaso no es negativo, son las señales que nos indican en qué tenemos que mejorar para alcanzar el éxito, que no es otra cosa que la resolución de un fracaso tras otro. Así, al año siguiente, a finales de 1978 (y tras otra temporada de innumerables abandonos), la “tetera amarilla” consiguió sus primeros puntos con un cuarto puesto en Estados Unidos. El que la sigue, la consigue.

Pero esta bonita historia de esfuerzo y resiliencia no acaba aquí. En 1979 y tras estudiar los errores pasados se evolucionó el RS01 al RS10. Entre otras cosas, se duplicó el turbocompresor. Si el turbo había sido motivo de mofa por sus averías, Renault le añadió otro; eso es confianza en uno mismo.  Y como resultado, el piloto francés Jean-Pierre Jabouille llevó al Renault a la victoria en el Gran Premio de Francia. Su compañero Arnoux, fue tercero y también subió al podio.

Desde ese momento, todos dejaron de reírse de “la tetera amarilla”. El turbo, ya mejorado, suponía una amenaza, y un equipo tras otro acabaron incorporándolo hasta ser un elemento indispensable en un monoplaza de Fórmula 1. Así que, ya sabes. Si se ríen de ti por hacer algo diferente, solo necesitas fe en ti, aprender y mejorar, insistir… y quizás un día, aquellos que se mofaban, acaben copiándote. Y ese es una de las formas más veraces de reconocimiento.

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Un saludo, ¡estamos en contacto!

BABY-RALLY-BOOM: ¿Rovanperä o Solberg?

¿Pero habéis visto cómo vienen las nuevas generaciones del WRC? Si algo nos ha ofrecido el Rally del Ártico, además de unos espectaculares paisajes con auroras boreales incluidas, es un viaje al futuro del mundo del rally con el jovencísimo Kalle Rovanperä poniéndose líder del mundial y el debut de Oliver Solberg.

Hasta hace bastante poco tiempo, que dos muchachos que no pasan la veintena de años se llevaran el protagonismo de un rally era muy poco probable. Pero sin duda Laponia ha sido sede de un baby-rally-boom que dará mucho que hablar en los próximos años.

Por un lado, Kalle Rovanperä logró el segundo puesto y se sitúa líder en la clasificación. Que sí, que la nieve siempre ha dado cierta ventaja a los pilotos nórdicos y puede que no se vea en otra igual en esta temporada. Pero aun así, que con 20 años y en su segunda campaña en el WRC esté liderando el campeonato, ¡es de locos! Aunque no sé de qué nos sorprendemos, si el año anterior, con pandemia incluida, hizo un debut espectacular en la categoría.

Y en el otro lado tenemos el debut en la categoría reina de Oliver Solberg. Llevar el Hyundai a la meta habría sido ya de por sí un éxito. Pero lo hizo además en una meritoria séptima posición. Y rodando más rápido que muchos de los pilotos más experimentados, consiguiendo, por poner un ejemplo, el tercer mejor tiempo en el cuarto tramo. Que sí, que tuvo errores de novato, pero es que de no haberlos cometido habría que haber pedido un test de antígenos extraterrestres para ver si esta criatura de 19 años es humano o no.

¿Quién crees que tiene un futuro más prometedor por delante? Ambos tienen un gran talento natural (más allá de ayudas parentales y que cada vez empiezan más jóvenes a competir), y no sería muy descabellado pensar en verlos competir por un título entre ellos en unos pocos años. Además, combinan a la perfección como archienemigos. Rovanperä es más frío, formal, comedido. Solberg es más entusiasta, carismático, nervioso. Son dos polos opuestos que sin duda darán mucho juego. En lo personal, considero que Rovanperä llegará a ser un piloto más completo. Puede que en esta opinión influya mi simpatía por Toyota. Pero no he podido evitar contagiarme del entusiasmo de Solberg, de sus ganas de disfrutar sin perder el horizonte de la profesionalidad y el aprendizaje. No sé cuál me genera más empatía. ¿Y tú con quién te quedas?

Si como yo, eres más de Rovanperä y Toyota, puedes apoyar al equipo que apuesta por él aprovechando la oportunidad de hacerte con esta gorra del TGR.

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