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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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frases romanticas

PANDEMIA 1 – DIOS 0

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¿Dónde está ese Dios todopoderoso que por definición puede solucionar todo este desastre con un chasquido de dedos y que ni está ni se le espera? O a lo mejor, es que no quiere tanto a su creación como predica. Sin intención de cuestionar creencias ni herir sensibilidades, no es esa la intención, quiero compartir una reflexión a la que me lleva esa pregunta.

Para mí un dios no es esa cosa ante la que nos arrodillamos a pedirle que nos solucione los problemas. Más aún cuando a menudo se le olvidan nuestras plegarias. Para mí un dios es esa cosa que te da el poder para solucionar tus propias dificultades. Sentarnos y esperar a que nos arreglen nuestros desaguisados nos hace débiles, pasivos. En cambio, tener la resolución para enfrentarlos nos empodera. Y a menudo, actuar es mejor camino hacia la solución que quedarse de brazos cruzados.

Esta pandemia ha demostrado una vez más este pensamiento. Con las iglesias cerradas, conseguiremos salir de esta cuando todos actuemos en consecuencia. Con el personal sanitario como punta de lanza, los profesionales de la alimentación asegurando el abastecimiento, los políticos con sus (acertadas o no) decisiones, el personal de seguridad, de limpieza, cada uno quedándose en casa y todo aquel que aporta su pequeño granito de arena… Para mí, esos son los verdaderos dioses, todos aquellos que contribuyen a la solución del problema con sus actos y que me motivan a ser como ellos y a querer participar y enfrentar al caos.

Este pensamiento me lleva a compartir una poesía que, en esa dirección, habla de cómo una pareja puede aportarle a uno más beneficios que una divinidad, cambiándonos completamente el concepto de dios. Porque yo, sinceramente, creo más en esa persona con la que despierto cada día y que me motiva a comerme el mundo que en una creencia que gana cuando yo pierdo y soy débil.

Espero que os guste. Os dejo con los versos, no sin antes recordaros que sigo manteniendo mis libros de forma gratuita en formato Pay after show en mi página web. Un saludo, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

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¿A QUIÉN ESTÁS DESEANDO VER TRAS TU PUERTA?

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¿Estáis deseando volver a ver a alguien y la cuarentena os lo imposibilita? Estoy seguro de que sí. De hecho, releyendo uno de mis poemas que habla sobre los pensamientos de alguien que se encuentra secuestrado, no he podido evitar que todos nos sentimos un poco así: encerrados y a la espera de que se abra la puerta de nuestra casa para poder ver a esa persona que tanto echamos de menos.

Así que, sin extenderme más, os la comparto aquí. En mi cuenta de Instagram (@icaro_jon) la tenéis recitada, por si queréis verla enriquecida con música ambiental y eso. Espero que os guste. ¡Un saludo!

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P.D.: os recuerdo que en la sección de libros de mi página web tenéis acceso libre y con descarga gratuita a todos mis libros.

VACIÁNDOTE UN CARGADOR (a versos) I

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¡Os lo avisé! ¿Preparados para una sobredosis de azúcar? Hace unos días comenté que toda esta revolución sentimental que provoca el confinamiento me estaba llevando por el camino del verso. Y he aquí los primeros frutos.

Estoy mano a mano con un poemario novelizado; es decir, que las poesías siguen una historia, con una breve introducción en prosa que la contextualiza y las une (aunque después se respeta el carácter universal de la poesía que hace que funcione fuera de toda antología y todo contexto, faltaría más). En líneas generales, la cosa va de un miserable que no le encuentra sentido a la vida y se alista al ejército en busca de emociones para sentirse vivo. Allí, por supuesto, el sentido de su vida lo encontrará en otra persona.

Quiero compartiros aquí el primer lance, porque estoy muy ilusionado con ello. Espero que os guste. Si queréis verla recitada, podéis verla en las historias de mi Instagram (@icaro_jon), que aunque no sea lo mío, entusiasmo le pongo. Os dejo con ella, ¡y espero que os guste!


 

MI PAZ EN TU GUERRA

Hoy he vuelto a ganar una batalla.

Cuando me alisté, esperaba encontrar algo, quizás un poco de aventura que llenara una vida ausente…  aunque reconozco que rodearse de muerte y destrucción puede que no fuera lo más sensato para intentar sentirse vivo. Tal vez solo estaba buscando rodearme de la mayor miseria posible para que, en comparación con la mía, no me sintiera tan insignificante.

Sin embargo, acabo de encontrar lo que de alguna manera y sin saberlo buscaba.

Por mis méritos, he pasado a formar parte de un batallón de las fuerzas especiales. Aunque lo único de especial que he encontrado en ellas es mi nueva capitana.

He recibido puñetazos en el pecho que me han dejado con más aire que la primera vez que la he visto.

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Por cierto, si queréis echarme una mano para poder sacar adelante el proyecto, podéis echarle un ojo a la iniciativa Apadrina una poesía, ¡cosa que os agradecería mucho!

¡Nos leemos!

¿PREPARADO PARA ELEGIR A TU TIRANO?

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¿Preparados para elegir este domingo a nuestro próximo dictador presidente? Iba a hacer hoy una entrada de descargo preelectoral, pero qué mejor telón de fondo que la antigua Atenas para reflexionar sobre democracia, y lo haré a través de Néstor y Nerea, protagonistas de GÀTA, para los que os quedasteis con ganas de más respecto a su relación o para los que queráis conocerlos.

Es más, se me ha ocurrido de vez en cuando escribir relatos con el universo GÀTA de trasfondo sobre temas de actualidad, creo que puede ser interesante. ¡Y aquí va el primer experimento!

 

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—¡Parecen jabalíes salvajes con esto de las votaciones! —dijo Nerea como saludo al entrar en el patio que Néstor, el jardinero del hogar, se encargaba de cubrir de vistosa vegetación.

Aunque su cometido era dar color a aquel lugar, sentía que solo lo conseguía cuando Nerea hacía acto de presencia. Néstor, al ver entrar a la muchacha, sintió que las estatuas de las diosas que adornaban aquel espacio exterior cobraban vida, alimentándose de la esencia de la chica a la que, en secreto, amaba. Nerea se sentó en uno de los bancos de piedra cruzando una piedra sobre la otra, convirtiéndose, en opinión del jardinero, en la flor más vistosa de todo el lugar.

—Sí, están muy emocionados, es cierto… —afirmó Néstor con un temblor de manos que hacía que se le cayeran varias de las semillas que previamente había seleccionado como dignas del patio del señor Megacles, el padre de Nerea.

—¿Y tú no votas? —preguntó ella haciendo que el jardinero agachara la cabeza debido al peso de la humillación de tener que reconocer que no era una persona importante. Nerea se dio cuenta de su falta de tacto y rectificó—. Bueno, tampoco creo que sea algo tan importante…

—¡Cómo que no! —exclamó Néstor promovido por el orgullo democrático que le habían contagiado en la academia en la que se había formado como botánico sus compañeros que estudiaban la política—. ¡Cien de los mil funcionarios son elegidos por votación! Y entre ellos, los diez strategoi.

—Es decir… —comenzó a decir Nerea mientras pensaba, con su dedo índice en la barbilla y mirando hacia arriba—. Que los ciudadanos eligen a diez personas para que gobiernen. Y ya está.

—¿Y ya está? —cuestionó Néstor sintiendo indignación en su corazón, al menos en la ínfima parte que no estaba ocupada por el amor que sentía por la muchacha.

—A ver, explícame… —Nerea palmeó el hueco que había a su lado en el banco. Néstor accedió, sabiendo que arriesgaba demasiado con aquella cercanía. Pero todos estaban ocupados con las tareas electorales y había pocas probabilidades de recibir una reprimenda por acercarse tanto a la hija del señor de la casa. Una vez se hubo sentado cerca de ella, Nerea continuó hablando—. Como las mujeres no podemos votar y estoy casi todo el tiempo en el gineceo donde de política se habla muy poco, desconozco completamente el proceso.

—Pues la mayoría de magistrados son elegidos por sorteo, pero los más importantes los elegimos nosotros… Los ciudadanos libres con derecho a voto, quiero decir. —Néstor resopló, los nervios eran inversamente proporcionales a la cercanía a Nerea. Aunque se había sentado en el extremo opuesto del banco, este le quemaba como si estuviera en el mismísimo Hades—. Y ellos gobiernan con la confianza que le dio el pueblo.

Nerea estalló en una carcajada, tan exagerada que Néstor, de no estar prendado por el brillo de su alegría, se habría molestado.

—¿Solo es eso? —advirtió Nerea—. ¿En serio? Había oído que la delocracia…

—Democracia —corrigió Néstor.

—Eso, que la democracia era que los ciudadanos gobernaban. Pero no, lo hacen unas pocas personas. Muy pocas, de hecho, si las comparamos con todos los atenienses.

—Pero son elegidos por todos —apuntó Néstor, que no entendía cómo Nerea estaba ridiculizando el avanzado sistema político de la polis.

—No, no… A ver… Todo eso es… ¡muy inútil! —Néstor torció el gesto ante esa opinión—. A ver, imagina que yo te elijo como esposo. Bueno, que pudiera hacerlo de no ser porque estoy comprometida por Leandro… —Esta vez la que agachó la cabeza por la timidez fue ella—. Solo imagínalo, ¿de acuerdo? Sería cierto que yo te he elegido a ti, pero tú podrías gobernar con mi cuerpo como quisieras, sin que yo pudiera poner objeción alguna, porque, claro, yo ya he elegido.

Néstor sintió que algo le arañaba en el bajo vientre al interpretar esas peligrosas palabras que Nerea había utilizado de forma ingenua. Gobernar su cuerpo… Se sacudió la cabeza, eliminando aquellos calenturientos pensamientos.

—Pero la gente vota a aquellos que les genera confianza —dijo Néstor, y procedió a continuar con aquel ejemplo que tanta alegría le causaba—. Si tú me eliges a mí, es porque sabes que voy a cuidar bien de ti. Es así de sencillo.

Él no sabría cuidar de otra forma de ella, eso lo tenía claro.

—No, no, no es así de sencillo —siguió contraatacando ella—. Yo te elijo a ti, pero después no puedo opinar de tu forma de actuar. Delocra… Democracia sería que pudiera, cada día, en cada momento, intervenir en tus decisiones. Yo puedo elegirte a ti como esposo porque sé que cuidas bien las plantas, y apuesto que tú sabrías perfectamente cuáles son mis favoritas, pero… ¿Y si algún día cambiara de flor favorita? ¿Cómo te lo haría saber? ¿No tendrías que preguntarme acaso cada día cuál es mi favorita? Quiero decir, yo no sé qué voy a querer mañana, ¡nadie puede saberlo! Tendría que poder opinar más veces…

—¡Pero no puedes preguntar a los ciudadanos tan a menudo!

—Y, otra cosa… —sigiuó Nerea, emocionada por aquella conversación sobre un tema que casi nunca podía tratar—. Solo puedo votar a una persona, y lo te votaría a ti por lo bien que cuidas de mi jardín. Pero, reconócelo, no tienes ni idea de cantar. ¿Tendría entonces que elegir entre un bonito jardín o una buena canción? No tendríamos por qué congeniar en todo. Por eso, ¿no podría elegir a varios para cuidarme? —Néstor sintió una punzada en el estómago al pensar en otras personas cuidando de Nerea—. No, espera, ¿no puedo elegir una persona para cada cosa? ¿No puedo votar en función de cada cosa que me interese en vez de todo junto?

—Bueno, en eso creo que tienes razón… —aceptó Néstor—. Creo que cada vez que ocurriera algo importante se debería consultar a los ciudadanos, para que puedan elegir sobres aspectos independientes. Si no, solo acabarán eligiendo basándose en uno en concreto, y solo uno tendría valor para la elección… —reflexionó Néstor, dándose cuenta de que al final los ciudadanos solo votaban respecto a lo que influía en el saco de sus monedas, dejando de lado la gran mayoría de otros aspectos cívicos que pasaban a ser, según ese sistema, secundario.

—Creo que tengo que irme, me ha encantado hablar contigo —dijo Nerea levantándose al advertir que varias personas entraban en el patio.

—Nerea. ¿Sabes lo que pienso? —preguntó Néstor intentando retener unos segundos más a la muchacha con sus palabras—. Creo que tu idea de la política se asemeja mucho a la del amor. La de los aedos, al menos. Estoy de acuerdo, habría que preguntar cada día y sobre más temas a los ciudadanos. Pero mucho me temo entonces, que lo que falta en la política es precisamente amor. Espero que en un futuro sí esté presente en el gobierno. Los oradores deberían aprender de ti.

Nerea sonrió a modo de despedida, feliz por aquel intercambio de pareceres y por la satisfacción del reconocimiento. Cuando ella estiraba aquellos labios, el alma de Néstor se engrandecía. El joven sabía que en todas las opciones que él tuviera para escoger, la elegiría siempre a ella. Pero en el sentido amoroso, su corazón estaba sufriendo una tiranía.

Spin-off de Gàta.
¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

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