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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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ESTÁIS A TIEMPO – Lectura conjunta

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Hoy por fin hemos empezado la lectura online conjunta de El último gato vikingo, en la que os envío un capítulo (7-10 páginas) cada día o par de días y podéis comentar a vuestro libre albedrío para disfrutar de poder estar siguiendo el mismo libro y al mismo tiempo que los demás. Si queréis uniros, estáis a tiempo, solo tenéis que escribirme a jonicaroescritor@gmail.com para que os añada como contacto y podáis recibir los avisos y envíos.

En lugar de contaros de qué va la historia, os dejo aquí el primer capítulo a ver qué os parece. ¡Espero que os guste y os animéis a esta actividad!

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—¡Yo no quiero ese gato tan feo! ¡Arruinará mi matrimonio!

El animal, entre los musculosos brazos de su dueño, estiró las orejas, como si hubiera entendido las  palabras de aquella procaz muchacha y se sintiera ofendido. Niels acarició su peluda cabeza y se calmó. A pesar del rudo aspecto de aquel normando, había algo en sus manos que derrochaba ternura cuando tenía cerca alguno de sus felinos.

—No eres tú la que tiene que elegir al gato, sino el gato el que te tiene que elegir a ti —explicó Niels, intentando que el hastío no se evidenciara en su cara, aunque lo cierto era que este había ido perdiendo expresividad con el tiempo desde que había abandonado su carácter vikingo. Sus ojos claros como el cielo parecían vacíos, su rostro rectangular expresaba ahora más melancolía que fiereza.

La joven no pareció estar muy convencida con aquellas palabras, a juzgar por sus brazos cruzados sobre su escaso pecho de niña, su ceño fruncido y el movimiento nervioso de su pierna.

—¡Pero es que es horrible! —se quejó, añadiendo un bufido a su opinión.

Niels se vació en un suspiro. Tomó después una bocanada de aire que le supo a hierba y tierra, la que rodeaba aquella casa en medio del bosque. Permitió que el canto de las aves en el exterior le tranquilizaran. Dejó que la gatita bajara de sus brazos, algo que hizo rápidamente y sin poner oposición. Se asustaba fácilmente ante la presencia de extraños, así que se apresuró a saltar desde los brazos de su dueño para esconderse en las pajas secas que, bajo unas pieles, hacían de colchón.

—Está bien… —concedió el normando—. Seguidme, a ver si hay algo que la muchacha no encuentre “horrible” —dijo Niels, arrastrando la ironía con su última palabra.

—Eh, no es culpa mía que ese bicho no tenga más que huesos —se defendió la niña, haciendo que su madre mirara hacia otro lado, avergonzada—. ¿No ves que así mismo me quedaré yo si el animal no augura un buen casamiento? Eso hay que entenderlo.

Niels asintió con la cabeza, aunque en el fondo lamentaba que la muchacha no fuera capaz de ver la belleza interior de la pequeña carey desnutrida que seguro tenía en ese pequeño cuerpo enclenque una infinita felicidad que darle. Pero hacía tiempo que él había dejado atrás la inconformidad, la lucha constante, y no iba a ser una niña de catorce años la que desmoronara la paz que había encontrado en aquel hogar apartado en el bosque.

Salieron de la casa, una vivienda de madera, piedra y tepe, cuyo césped parecía camuflarla entre los robles de Normandía. Niels silbó varias veces, y de repente una manada de gatos salió corriendo hacia él. Aparecían desde todas partes, allí donde segundos antes habría sido imposible visualizarlos: bajo los arbustos, entre las rocas, en los agujeros de la senda… Una docena de felinos se posicionaron a los pies del normando, arañando algunos de ellos sus pantorrillas al levantarse para pedir su ración de pescado fresco.

—¡Ese! ¡Ese es el que quiero! —exclamó la muchacha señalando a un ejemplar de típico gato nórdico cuyo voluminoso pelaje, a pesar de su corta vida, le hacía parecer el más grande del grupo.

—Pues es todo tuyo —afirmó Niels agachándose y cogiendo al peludo para entregárselo—. Que la diosa Freyja te transmita sus bondades a través de él y tengas un fructífero matrimonio.

Aunque Niels no mostró entusiasmo alguno con aquellas palabras, tanto la niña como su madre agradecieron la entrega del felino y le aseguraron que obtendría las pieles y alimentos acordados a cambio. Una vez se marcharon, el hombre cogió una de las vasijas apoyadas en la pared de su casa y derramó en una jarra algo de skyr, una especie de leche fermentada y salada que podía aguantar en condiciones saludables todo el invierno. Los gatos fueron corriendo al ver el recipiente e hicieron buena cuenta de su contenido.

Entonces, y solo entonces, Niels se dio cuenta de la presencia de un hombre apoyado en uno de los robles cercanos. Sin duda, había perdido sus capacidades como guerrero si no había sido capaz de detectarlo antes. Su sonrisa se estiró al reconocer a aquel visitante.

—¡Viggo! —dijo alzando la voz, y se aproximó hacia aquel hombre—. ¡Te creía en el Valhalla!

Una vez a su lado, este dejó de apoyarse en el tronco para extender el brazo y golpear amistosamente con su puño en el hombro a Niels.

—Me sorprende tanto que me creyeras en el salón de Asgard como que sigas pensando en él —opinó Viggo, como siempre mofándose de las antiguas creencias de su amigo.

—Ríete de mis pensamientos —dijo el normando mientras caminaban de vuelta hacia su casa—, pero para ti no habrá ni una gota de cerveza junto a los dioses por faltarles de esa manera.

—La misma cerveza que para ti, imagino —se defendió Viggo—. Si no me equivoco, solo se deja entrar al gran salón a los que mueren como guerreros en batalla. Y no te veo yo pereciendo en la gloria del combate.

Niels no accedió a sus provocaciones, ya le había costado a sí mismo convencerse de abandonar su faceta de guerrero como para que vinieran de fuera a martirizarle con ese asunto. Entraron a su humilde hogar en la montaña y le sirvió una buena cantidad de hidromiel en una jarra de gran tamaño, esperando que con la boca llena, su amigo bromeara menos. Bebieron sentados sobre dos tocones sin decir ni una palabra durante unos segundos.

—No —dijo finalmente Niels, rompiendo el silencio y sorprendiendo a su compañero.

—No, ¿qué? —preguntó Viggo mientras se limpiaba los restos de la bebida de su barba.

—A lo que hayas venido a proponerme, no.

Viggo rio, su raída melena negra se albarotó con el exacerbado movimiento corporal que le había provocado la carcajada y su rostro, un reflejo constante de la sospecha, se relajó durante un instante mostrando algo de simpatía.

—¿De verdad eres feliz entre tanto silencio? ¿No echas de menos los gritos de la batalla? —preguntó el hombre, dando por hecho que Niels era consciente de que si había ido a visitarle, era por algo relacionado con la guerra—. Mírate, Niels… ¿Un criador de gatos? ¿En serio?

—Los matrimonios necesitan incorporar a un gato a su hogar para asegurar un buen futuro. Sigue siendo costumbre aquí. Y yo les proporciono esos gatos, a cambio de alimentos y otros recursos —se justificó Niels—. Así me gano la vida.

—Así te ganas la vida, como bien dices, pero no la muerte…

—Dejemos a los dioses de lado, Viggo. Hace tiempo que ya no adoramos a los mismos. Centrémonos en las cosas que nos unen, y no en las que nos separan.

Viggo apuró su jarra, para Niels no pasó desapercibida la sombra que se apoderó de la mirada de su amigo.

—Más bien sí centrémonos en las que nos separan, Niels. En las que pretenden hacerlo para siempre, al menos.

—Te vuelvo a decir que no —repitió Niels, sabiendo que la conversación se dirigía a unos términos que no le iban a gustar—. A lo que sea, otra vez, no.

—Guillermo ya está aquí.

Niels resopló. Ni siquiera en las afueras de Caen, donde pretendía alejarse de toda lucha de poder, podía permanecer ajeno a aquella revelación. Una que, por otro lado, era tan temida como previsible.

—¿Y qué? Tarde o temprano acabaría volviendo, eso todos lo sabíamos, y el que diga lo contrario solo se ha estado engañando a sí mismo.

—Pues parecen haberse engañado muy bien, porque no veo yo que se hayan organizado debidamente para resistir su ataque. Ya no es un niño, Niels. Y más nos hubiera valido que nuestro duque no hubiera muerto en su viaje a… ¿cómo lo llaman? Ah, sí, Tierra Santa.

—¿Acaso es necesaria la muerte de un duque para que nos lancemos los unos a los otros tras un muro de escudos? ¿Desde cuándo necesitamos una excusa para batallar? —Viggo sonrió ante ese comentario con el que Niels solo pretendía mostrar la estupidez de su pueblo—. Me pregunto si los intentos de asesinar al joven Guillermo, y no los justifico, no habrían sido un acto de justicia para evitar una guerra mayor en la que otros tantos niños como él morirán —afirmó Niels, que para permanecer ajeno a la política, estaba bastante bien informado. Bostezó para mostrar la galbana que le causaba hablar de esos temas.

—Sea como fuere, ya se nos viene. Y bajo buen cobijo. Cuentan que el rey francés le ha conseguido un buen ejército.

—Pues que os aproveche la lucha —afirmó Niels esquivando la mirada de su amigo; todavía no había conseguido desprenderse completamente de la vergüenza que suponía renegar de la lucha para un guerrero. Inclinó la cabeza para que su larga melena dorada, al menos la que no había afeitado en los laterales de su cabeza, le cubriera el rostro.

—¡Pero Niels! —replicó Viggo alzando la voz—. Al final va a ser verdad eso de que te has vuelto demasiado tierno, que la vida plácida aquí en el monte te ha ablandado los huesos…

—Poco me importan a mí los intereses de reyes y duques. Si Guillermo vuelve, bienvenido sea. Si cae para regocijo de las alimañas que le quieren devorar sus nobles tripas, pues también. El sol seguirá saliendo por el mismo lado todas las mañanas.

—Veo que no eres consciente, que el sonido de los pájaros se te ha metido en la cabeza y poco o nada te queda ahí dentro —dijo Viggo golpeando ligeramente con su taza en la frente de Niels—. ¿Pero dónde está tu orgullo del norte? Puede que esta sea la última lucha por el honor de los que vinimos del frío.

—Y me entusiasma tanto como la primera —afirmó Niels con un deje de hastío en su voz.

—Ya, quieres una motivación. Veo que la necesitas, al menos. —Viggo se quedó pensativo unos segundos. Dio un trago e hizo gárgaras con el líquido. Después se lo tragó—. Te diré entonces dónde está Kaysa.

—¡No sabes dónde está ella! —se quejó Niels, como un resorte. Su mirada, vacía casi todo el tiempo, reflejaba entonces la amargura que le producía ese nombre—. No sabes de ella más que yo, que embarcó para no volver…

—¿Y si tuviera nuevas noticias?

—¡No las tienes! —Niels bufó—. Y si las tuvieras, me las habrías dado sin condiciones, porque eres mi amigo.

Viggo asintió. Eso era cierto. Sabía que era de muy mal gusto chantajearle con algo relativo a esa mujer.

—Desde luego que te ha dejado quebrado, roto del todo… —susurró Viggo.

—Deja de hablar de ella.

—Está bien, está bien… —Viggo se dio a sí mismo unos segundos más para pensar. Otras gárgaras. Otro trago. Vio revolverse a la pequeña carey en las pajas del catre y tuvo una idea—. Esos franceses son cristianos, y Guillermo ha estado mamando demasiado de sus cruces. ¿Sabes lo que eso significa?

—Que el rey Enrique lo utilizará para asentar el cristianismo en Normandía, me imagino. Y a mí, te repito, poco me importa eso.

—¿Sabes lo que hacen los cristianos con esos gatos que tanto adoras? Dicen que son enviados del demonio y los queman en las hogueras. —Viggo pudo percibir el interés que habían provocado en Niels esas palabras, sabía que había encontrado algo con lo que negociar—. Y con tanto pelo, arden bien, te lo aseguro.

—¿Y por qué harían eso?

—A mí que me dices. Tienen esa falta de cordura necesaria para creer en su Dios. La misma que tú para creer en los tuyos. Por eso, yo, ni lo uno ni lo otro. Pero ellos, que no tienen culpa de nada… —dijo señalando a la gata. Niels suspiró—. No lo hagas por ti. Ni por Normandía. Pero hazlo por ellos. No te dejarán criarlos si ganan la batalla. Y además te quedarás sin trabajo.

—Podré buscarme otro trabajo.

—Pero no ellos —aseguró Viggo, sabiendo que con los gatos había tocado hueso—. Hazlo por esos pequeños tuyos, Niels. Yo no entiendo tu aprecio por ellos. Nadie lo entiende. Y por eso, si no eres tú, nadie los protegerá, ¿sabes? ¿Vas a abandonarlos?

Niels volvió a bufar. Por muy poca lógica que tuviese, podía ser que por esos pequeños peludos en los que se había refugiado para recuperarse mentalmente, valiese la pena volver al campo de batalla. Ellos le habían salvado una vez de la locura absoluta. ¿Acaso no era ahora el momento de devolverles ese favor?

CÓMO VENDER MÁS LIBROS EN AMAZON (caso real y en directo) – Índice

fotoOs invito a entrar en casa y seguir en vivo 
el proceso de promoción de GÀTA

 

¿Cómo puedo vender más libros en Amazon? Muchos me hacéis esa pregunta a menudo. Incluso mi reflejo en el espejo me la hace a diario tirándose de los pelos. Aunque en ocasiones publico algunos trucos (lo hago cada vez que me emociono creyendo que he encontrado el mapa del tesoro), he decidido hacer de forma ordenada un listado de trucos que pueden ser más o menos útiles.

Y lo haré aprovechando que comienzo con la promoción de GÀTA, por lo que la aplicación de los consejos y de sus resulados serán retransmitidos en vivo y en directo, en una especie de reality en el que compartiré mis aventuras y desventuras. Me obligo así a no abandonar esta historia a la que le tengo muchas ganas y, de paso, servirá para realizar esta especie de experimento que espero que sea útil para todos y del que podáis sacar muy buenos apuntes para vuestros casos personales.

Ah, utilizaré esta entrada como índice para reunir los enlaces a los posts donde periódicamente publique las medidas promocionales adoptadas. ¡No la perdáis de vista!

  • AQUÍ IRÁ UNA LISTA CON LOS ENLACES A LOS TIPS PUBLICADOS A PARTIR DE AHORA (¡cuando los haya!)

Sirva como aviso que no soy ni una autoridad ni un gurú en esta temática, y que no creo que exista un modus operandi o protocolo certero. Es más, la época dorada en la que vendía a discreción (lo que vino a ser unos pocos y fugaces días que jamás se repitieron), la conseguí porque me habían acusado de plagiar Assassin’s Creed con El sanador del tiempo. Como veis, una medida ni premeditada ni calculada.

Yo comencé en esto de la publicación a través de la plataforma digital de La casa del libro, con una novela histórica titulada Leukante, bajo el seudónimo J.F. Kastro. ¿Habéis pasado vosotros ya por esa sensación de me voy a comer el mundo y después escuchar el viento correr al ver el registro de ventas? Pues eso, primer hostión. Todo queda dicho. Cada vez sois más los que sois conscientes de que vender libros es ultramegacomplicado antes de publicar, pero yo era parte de esa masa ilusa que creía que bastaba con tener un libro en el mercado, para, al menos, vender unas pocas unidades. Después me di cuenta de lo complicado que era incluso quitar el cero a las ventas mensuales…

Pero con esa mentalidad triunfadora de unas veces se gana, y otras se aprende, descubrí el universo Amazon. Y decidí volver a intentarlo con El sanador del tiempo. Para mí, eso no es un libro: es una escuela. Amazon es un mundo literario aparte y con esa historia me desvirgué en él. Para entonces, ya sabía y era consciente de que tenía que mover mi libro, pero no sabía cómo hacerlo. De cada cien cosas que intentaba, solo funcionaba una. Volqué en él el aprendizaje de varios libros de marketing, y no diré que estos son inútiles, pero sí que, de nuevo, solo el 1% de lo que hay escrito en ellos es eficaz. Mientras mi paciencia se desangraba, sobrevivía con la transfusión que eran esas gotitas de emoción que me proporcionaba no ya cada venta, sino el hecho de que algún desconocido leyera (y hasta disfrutara) de mi libro.

Después descubrí que en Amazon el éxito es inesperado, pero que tienes que remover cielo y tierra para que este tenga una posibilidad de llegar a él. Alcancé en dos ocasiones el Top10 en ciencia ficción, y se desvaneció en cuanto el tiempo me impidió seguir peleando por mi obra. Y descubrí también que las acciones más eficientes todavía no están escritas en ningún manual de marketing. Ahí es donde creo que puedo aportar algo con mi experiencia. No os diré cómo vender de manera matemática, pero sí os comentaré qué cosas me funcionaron no para que las repliquéis, sino para que sepáis cómo conectar con la inspiración que hará que funcionen las vuestras propias, pues para cada libro y cada autor todo es diferente. Y todas, absolutamente todas las acciones de éxito, se rodean de la emoción.

Pero antes de llegar a ese entendimiento, publiqué El corazón del aedo a través de Ediciones B. Pensé que con una editorial, con un equipo de expertos velando por mi obra, las cosas serían más fáciles. Y tuve que estar 40 días y 40 noches divagando por las sombras del mercado literario para descubrir una cosa: nadie va a cuidar mejor de tu libro mejor que tú. Y en ese sentido, la autoedición es una bendición.

Entonces, creyendo que había descubierto los hilos que manejaban la venta de libros, autopubliqué En el nombre de Eva. Desde el principio enfoqué esta novela con la intención de no perder ni un segundo en el 99% de cosas que había probado antes y no funcionaban, y concentrar ese esfuerzo temporal en el 1% que sí. Con ese reparto, tenía que forrarme sí o sí. Y es ahí donde tuve mi segunda gran revelación: no puedes crear un libro esbozado sobre un plan de ventas. No una novela, al menos. Eso, quizás, para los libros técnicos. ¿Por qué? Porque en el momento que las vías sobre las que avanza tu historia son un mísero aprendizaje comercial y no el propio corazón de su autor, el fracaso es absoluto. Por mucho que estés utilizando técnicas que te hayan funcionado anteriormente. Se vuelven vacías. Cada libro es un mundo y requiere sus propias acciones. Y de ahí, el progresivo abandono de esta novela. Tengo demasiadas heridas con ella respecto a mí mismo para poder encontrar el camino de vuelta a casa e imprimirle la energía necesaria.

Recientemente he publicado GÀTA, porque en mi amor a los gatitos he encontrado esa chispa que me hacía falta para seguir avanzando por este camino literario desde la emoción. A pesar de que todavía no he comenzado (casi) a promocionarla como merece por falta de tiempo, los primeros resultados son prometedores. Puede que se deban al reflujo de todo lo que ya llevo a mis espaldas, pero prefiero pensar que simplemente son nuevos vientos favorables para este nuevo proyecto que prefiero abordar desde cero. Ilusión no me falta, ideas tampoco. Os las iré comentando una a una para que seáis partícipes en esta especie de manual de marketing en vivo. Espero que a alguien pueda serle útil.

Un saludo, ¡y vamos allá!
¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

LECTURA CONJUNTA ONLINE y SOLIDARIA – GÀTA

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Como cada vez que se me rompe el alma, deshago mi ausencia por estos lares (casi un mes esta vez) y vuelvo a pedir vuestro hombro para apoyarme. Y llorar, de rabia e impotencia. Pero esta vez, os pediré incluso algo más.

Los que habéis estado al tanto de mis últimas entradas y de mis publicaciones en Instagram, ya teníais muchas pistas sobre mi próximo trabajo: una novela por y para los gatos, donde estos animales eran los protagonistas tanto dentro como fuera de sus páginas. Esperaba con ella ir más allá del papel, con la intención de otorgarle fines solidarios. Le debo mucho a los gatos, solo ellos han descubierto rincones ocultos en mi corazón, y esta iba a ser mi forma de agradecérselo (en especial a mi Leore, siempre en mí).

Pero la brutal e inhumana irrupción de unos desalmados en la protectora Felinos lo Morant matando a golpes a nueve gatos lo ha acelerado todo. A esa protectora le debo las dos bolas peludas que inundan de amor mi hogar, y no puedo quedarme de brazos cruzados. Así que, a modo de tirita para intentar curar esta herida emocional se me ha ocurrido hacer una lectura conjunta solidaria de la novela que estaba terminando de editar y darle uso incluso antes de su lanzamiento.

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¿Y cuál es la idea? Pues los participantes recibiréis en el correo los enlaces a la parte privada de la web con los capítulos en los que se podrá comentar, de manera que podáis compartir vuestras impresiones y opiniones con otros lectores que estarán leyendo lo mismo y al mismo tiempo. La lectura comenzaría el miércoles 5 de diciembre, enviándose el acceso a un nuevo capítulo cada 2 o 3 días. Los que os animéis más tarde o no podáis llevar ese ritmo, no os preocupéis, los capítulos seguirán siendo accesibles y los comentarios se mantendrán para que los sigáis a vuestro gusto.

¿Y cómo lo hacemos solidario? La idea es que para participar cada uno aporte 1 € (o lo que pueda y quiera). El pago se hará directamente a ellos, bien a su cuenta de Paypal (felinoslomorant@hotmail.com) o con cualquiera de los métodos que exponen en su página web.

Así que, si quieres animarte a esta iniciativa que espero que sea exitosa, solo tienes que escribir al correo jonicaroescritor@gmail.com comunicando tu deseo de ser parte de esta lectura. ¡Así de fácil! Si puedes, envía una captura de tu aportación solidaria, aunque no es requisito indispensable su demostración, se asume que aquí todos actuamos de buena fe. Recibirás una respuesta lo antes posible con las instrucciones para formar parte de esta, espero, gran iniciativa. ¡Necesitamos tus maullidos!

 

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Y para finalizar, dejo aquí la sinopsis de la novela, que espero te atraiga y te anime a leerla:

“Nerea, una joven ateniense, está dispuesta a disolver su compromiso con el aristócrata Leandro si este no le consigue un gato de Egipto. Ese capricho, esa estupidez a ojos ajenos, está a punto de acabar con un futuro matrimonio necesario para su familia.

Además, hay alguien dispuesto a conseguirle ese gato y que hará todo lo que esté en su mano para ello: Néstor, el jardinero del hogar. Lo que Néstor no sabe, es hasta qué punto tal cometido le acabará cambiando la vida a él mismo y a los que le rodean, cuando el oportuno felino acabe demostrándole que a veces los animales nos convierten en humanos.”

Jon Ícaro - Gàta Novela histórica y romántica

 

SANDJI WILKER – La norma ingenua

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Sebastian Kurz, ministro austriaco, el prematuro político que
encajaría físicamente en el papel del regulador Sandji Wilker.

Tras daros a conocer al científico Roldey, hoy os dejo con el regulador Sandji Wilker, otro personaje importante de “En el nombre de Eva“. Los reguladores son funcionarios que supervisan proyectos polémicos y a este joven imberbe le toca vigilar que la clonación de Eva sea correcta y que la muchacha creada reciba el trato que merece.

Lo que sorprende en este caso es su juventud para ocupar tal cargo, por lo que el científico Roldey deduce que le han elegido para que la revolución hormonal y la ingenuidad propia de su edad le hagan enamorarse de Eva y así sea más eficiente en preocuparse por su bienestar. Una visión muy superficial sobre las implicaciones políticas en las que posteriormente se verá sumergido por esta designación.

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Una vez avanzada la historia, Wilker pone su ingenuidad a disposición del entramado de intereses en el que se convierte el argumento. Como regulador, confía en su capacidad mediadora para que todas las partes confluyan en un beneficio común. Una virtud de su juventud que puede convertirse en defecto. Si cada personaje representa una opinión en esta historia, Wilker llevaría colgado el cartel de la cordura. ¿Servirá su actuación en esta novela como una exitosa moraleja o acabará siendo víctima de su propio concepto del orden?

La respuesta, en En el nombre de Eva, que, por fin, ¡ya ha sido publicada!
Un saludo. ¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

EL DÍA DEL LIBRO CON UN PAR DE PELOTAS

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Los que bien me conocéis sabéis que odio el fútbol, que para mí no es más que un embrutecedor social, una pócima que enajena las mentes y que nos enfrenta sin sentido alguno. Yo dejé de ir a los estadios porque los insultos y las amenazas de muerte me parecían más propias de un coliseo romano. Generalizo, por supuesto. En cambio, me encanta el baloncesto. Más limpio, más coherente, con más valores. Y más divertido, que al fin y al cabo estamos hablando de un entretenimiento.

Pero este fin de semana, en relación al Día Internacional del libro, me ha dado un motivo más para estar orgulloso de haber dejado atrás el fútbol, ese deporte que llevaba inyectado como una droga por el bombardeo social al que fui sometido de pequeño, como muchos, para aficionarme a la canasta. Tanto entrenadores como árbitros, en todos los partidos de esta jornada en la ACB, han intercambiado sus libros favoritos en esta iniciativa cultural que a mí me parece una pasada y que aplaudo.

Me apetecía comentarlo, por eso de que une dos de mis pasiones. Así que ahí lo dejo. No alargo más esta entrada para no quitaros más tiempo y que podáis dedicarlo a leer. No quiero ser incoherente con este día tan especial para los escritores.

P.D.: La rebelión de Eva ya está fuera de mi poder. Esta semana verá la luz.

P.D.2.: ¡nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

ALEGRÍA POSTAL – “El horror de zarpas afiladas”

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Ya sabéis que cuando me preguntan cuáles son mis autores favoritos, siempre hay un hueco para Luis M. Núñez (dueño y señor del blog Lord Alce lee y escribe) en la enumeración que utilizo como respuesta. A poco que me hayáis seguido por aquí, esto no será una sorpresa para vosotros.

Así que, imaginad la alegría que me ha causado abrir un sobre entregado por una trabajadora de Correos (a mis ojos más bien una reina maga) y que contenía no solo la última entrega de la saga de la agente Lucía Utrilla (El horror de zarpas afiladas), sino también La semilla, el capítulo que inicia esta serie policíaca con tintes de fantasía oscura.

Tuve el honor y el placer de ser incluido entre los lectores cero de esta novela, lo cual ya me causó una tremenda ilusión y alegría de por sí. Así que, recibir un ejemplar ha hecho que me desangre de felicidad. Es esta cercanía lo que hace que la literatura sea algo más, estos son los réditos inherentes a la lectura que hacen que leer sea una pasión.

Hay detalles que hacen que por mucho que intente ser cada vez mejor escritor, me quede sin palabras. Si el cardiógrafo entendiera de caligrafía, manifestaría los latidos de mi corazón en forma de GRACIAS en la pantalla.

Simplemente quería haceros partícipes de esto, que me ha hecho mucha ilusión.
¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

 

 

LA IMAGEN MÁS BONITA DEL MUNDO

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No se me ocurre mejor título para esta entrada. Creo que sería un acto merecedor del mayor de los castigos no titular así esta publicación con la foto que utilizo para encabezarla. Esa imagen es, para mí y en el momento que la recibo, la más bonita del mundo. Un punto de luz que hace que todo lo que hay alrededor de mi existencia se funda a negro, que mi cabeza no se dedique a otra cosa que transmutar cada uno de sus píxeles en felicidad absoluta.

Y no lo digo por esos ojos que son la firma de un dios, cualquiera en el que creáis, que decidió superarse a sí mismo. Tampoco hago alusión a esa sonrisa que es el pasaporte a un paraíso, uno tan bello que aún no ha sido creado, y que espero no tenga fecha de caducidad. No. Lo más bonito de esa persona es lo que no se ve, lo que esconde por dentro y que yo fotocopio con celosía en lo más profundo de mi corazón. Esa persona es, para mí, una de las tantas formas de amor que como seres humanos somos capaces de percibir: la amistad eterna sin condiciones, la que acepto con los ojos cerrados porque sé que no hay letra pequeña.

Pero con el título tampoco me refiero a ese ángel de mi guarda que aparece en la imagen.

La fotografía es lo más bonito del mundo porque en las manos de la alegría personificada aparece un pedazo de mí. Una catarata de ilusión concatenada de frases, una parte de un gran sueño hecho papel, ese “Sanador del tiempo” que todavía se empeña en darme alegrías. Todo lo que soy, no tiene sentido si no pasa por sus manos. Así ha sido y lo seguirá siendo siempre, mi alegría y su existencia es un matrimonio bien avenido que se consuma cada vez que tengo la suerte de coincidir en el espacio-tiempo con su presencia, en cualquiera de sus formas posibles.

Esta imagen es lo más bonito del mundo por lo que representa: dos cosas sin las que no podría vivir, juntas. Dos pedazos de mi alma representados en un mismo encuadre. La amo, por supuesto. A la fotografía y a ella.

Y nada más por hoy.
¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

 

LA SEMILLA – Reseña

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Ya conocéis mi devoción por Luis M. Núñez. Pudisteis verla en mis reseñas de “La sombra dorada” y “Fragmentos mentales“. A estas alturas del blog creo que sobran las presentaciones. Es suficiente con decir que Luis es el culpable de que haya retomado mi Kindle y de que no busque literatura más allá de la tienda de Amazon a ver si tengo la suerte de encontrar a alguien que me ofrezca tan buenas experiencias lectoras como él. Su calidad literaria y humana es una clara señal de que hay vida más allá de la promoción indiscriminada y de la polarización literaria.

Así que, en cuanto me enteré de que había una tercera obra suya disponible, no dudé en hacerme con ella. Esta vez se trata de La semilla, una novela breve de base policíaca con tintes de fantasía sobrenatural. En ella, la policía Lucía Utrilla investiga un asesinato que acaba adquiriendo connotaciones más allá de lo humano. Se trata de una historia ligera que actúa como el comienzo de una futura saga.

La obra comienza bien, con el estilo propio del autor que una vez más tengo que resumir en EQUILIBRIO. Es una de las bondades que espero jamás escapen a la prosa de Luis. Hice hincapié en mis dos reseñas anteriores y lo hago una tercera vez sin temor a repetirme porque es algo digno de alabar. Aparecen las palabras exactas para sentir que no falta nada, que el texto goza de un nivel exquisito, pero que jamás se hace denso y aburrido, como si el autor fuera un exacto conocedor de la frontera que convierte el texto en algo engorroso. El resultado es un gozo continuo de la lectura.

Con ese estilo particular, se nos adentra en una investigación que acaba derivando en algo inesperado con la inclusión de fuerzas sobrenaturales. Y es aquí donde personalmente comienzo a tener sensaciones contradictorias. El relato vuelve a servirse de la increíble imaginación de su autor (la misma con la que pienso que tocó cielo con el relato “Diseñando la humanidad del futuro“, claro merecedor de su podio en el Certamen Alberto Magno). La narración goza de esa paradójica coherencia que hace creíbles las cosas increíbles de la fantasía. No se le puede reprochar nada en ese aspecto, y eso ya es meritorio en un relato de ficción. Sin embargo, a mí me falta algo más. No sabría decir qué es, no sería capaz de nombrar aspecto negativo alguno, pero hay una parte que (ojo, sin dejar de mantenerme enganchado), hace que me falte algo de pegamento para ponerle el sobrenombre de magistral a la obra. Sirva mi incapacidad de sugerir alguna mejora para recalcar que no soy capaz de hacer crítica negativa alguna a la obra. Todo lo contrario. Se trata de una excelente fusión de géneros que he disfrutado en todo momento.

Apuesto a que esa décima que me falta quedará resuelta en posteriores entregas. Sé que ese brillo está reservado a las continuaciones; estoy seguro. Añado además que toda novela breve tiene algo de cuento y que la metáfora final se basta a sí misma para bordar todo lo anterior. Así pues, esperaré nuevos capitulos con anhelo. Si ese era el objetivo de esta primera dosis, misión cumplida.

Tras todas estas divagaciones, concluyo. ¿La he disfrutado? Sí. ¿Recomendada? Por supuesto. Es un placer disfrutar del talento de Luis M. Núñez. Tal es mi devoción por él que no dudaría en leer ninguna de sus obras, pertenezcan o no a mis géneros favoritos. Agradezco, una vez más, el placer que me causa reseñar una de sus obras. ¡Larga vida a la prosa de Luis!

Un saludo a todos. He estado ausente últimamente, ¡pero sigo por aquí!

AMANDO LA CIENCIA FICCIÓN

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Estoy sufriendo un golpe de fidelidad literaria con mi última novela. Y eso es algo maravilloso. Hace tiempo escribí (y os invité a formar parte de una prelectura cero) sobre el proyecto que estoy llevando a cabo en este momento. Se trataba, en principio, de una novela romántica titulada “Amor sobre ruedas”.

Era, además, la primera vez que hacía una lectura cero en directo, es decir, que se iba leyendo a menudo que se construía. Un experimento muy enriquecedor. La parte positiva, es que el feedback lo recibes teniendo fresco todo el argumento y puedes enderezarlo a tiempo.

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Yo madrugando para escribir y la causa de los retrasos de la novela

La parte negativa, que tener que estar revisando y reestructurando los capítulos hace que no puedas avanzar la historia hasta que todas las opiniones de los lectores (sois unos benditos, jamás me cansaré de agradecer vuestro apoyo y participación) han sido integradas, por lo que ese fuego natural que te hace querer avanzar en el argumento hay que saber regularlo. Pero lo dicho, es una suerte tener a alguien detrás que te hace mejor escritor (incluso persona), que invierte parte de su tiempo (el bien más escaso en la sociedad avanzada) en algo que te hace una ilusión gigantesca. Sin palabras. GRACIAS.

Pero una de las cosas más esclarecedoras es darse cuenta de que uno no puede evitar el género que ama, en mi caso la ciencia ficción. Uno de los avisos más recurrentes entre los lectores era la falta de una trama sólida más allá de los escarceos amorosos, por lo que he tenido que derivar en lo que hace hervir de ideas mi cabeza: la ciencia ficción. Al final, creo que se queda una interesante mezcla (65% romántica, 35% ficción) de la que estoy disfrutando sobremanera.

Pues eso, me apetecía plasmar un poquito las sensaciones de este trabajo. Si os apetece uniros, aunque ya hemos superado el ecuador de la historia, podéis apuntaros como lectores cero escribiendo a juanpacheco85@gmail.com.

¡Que tengáis un romántico (y por qué no ficticio) día!

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