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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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literatura

CÓMO LLEGUÉ A VENDER 100 LIBROS DIARIOS EN AMAZON

kindle

Al fin puedo decir, como escritor, que he hecho el agosto. Ese mes ha sido el mejor en ventas desde que publiqué El sanador del tiempo. El primer sorprendido he sido yo al promediar unas 100 unidades vendidas diarias. Los que me seguís desde mis inicios sabéis que, para mí, eso es una barbaridad. ¿Qué he hecho para llegar a esas cifras?

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La respuesta: no lo sé. Y los gurúes que amasan cifras exponecialmente superiores a estas, tampoco. Los líderes en ventas que os digan que saben por qué están vendiendo tanto, mienten. Como el caso de Marc Reklau, que porque un día consiguió una cantidad desorbitada de descargas (en promoción gratuita, por cierto), creó un libro que se convirtió en best-seller diciendo cómo lo había conseguido pero que, paradójicamente, no sirvió para que ninguno de sus lectores triunfara. Eso sí, de los días anteriores y posteriores a esa magnífica descarga, no aporta pruebas.

Lo que quiero decir es que estas ventas explosivas son pasajeras y fortuitas. En septiembre no me fueron así ni de lejos, volvieron a aparecer muchos días en blanco. No me avergüenza reconocerlo ni voy a utilizarlo para convertirme en valedor de cosas que no sé. Sin embargo, habrá quien aproveche estos éxitos puntuales para deciros que sabe cómo vender permanentemente y vivir de esto. Puro oportunismo. Los autores noveles y/o desconocidos no somos capaces de mantener un nivel de ventas en el tiempo, hay que asumirlo. Es más, si lo hiciéramos, dejaríamos de ser noveles para convertirnos en autores consagrados. Así que, desconfiad de escritores desconocidos que os aseguren que saben cómo vender con éxito de manera continuada.

Lo que sí sé es que he hecho muchas cosas, y que algunas de ellas pueden haber funcionado, pero también estoy seguro de que hay quien hace las mismas y vende más o vende menos que yo. He tenido un golpe de suerte, merecido o no. Si tuviera que apostar por la opción ganadora, me quedaría con el boca a boca. Diría que mi libro ha llegado a manos de alguien con mucha influencia en un grupo en particular y lo ha recomendado y eso lo ha movilizado. No hay nada más poderoso que una recomendación ajena, siempre que esta tenga valor. De nada sirve que os metáis a grupos de escritores y lectores a promocionar vuestro libro si no tenéis un respeto ganado en él a través del tiempo y la sinceridad.

Lo que también sé es que me ha ayudado el formato digital (en papel no he notado cambios significativos), y que de entre los libros que tengo publicados (las estadísticas de Kindle no hacen distinción entre obras), el que ha conseguido esta detonación es El sanador del tiempo, en este momento nº 6 en viajes en el tiempo y que en dicho mes llegó a estar en el Top20 de ciencia ficción.

No sé qué más ha podido funcionar, ya me gustaría saberlo para volver a aplicarlo, pero lo que quiero transmitir con esta experiencia es dos cosas:

  1. No hay fórmula secreta para las ventas. Tú solo puedes lanzar tu obra al mundo con más o menos fuerza, pero que esta se extienda o no depende en gran medida de la suerte. No eres mejor escritor por tener ventas exitosas ni peor por no tenerlas. El factor suerte no tiene nada que ver con el talento. No creo que el libro fuera mejor hace varios meses que ahora. Promocionarlo con todas tus fuerzas no va a asegurar el éxito, pero lo que sí está claro es que si no haces algo, difícilmente se va a proyectar.
  2. No te rindas nunca. Los que me seguís durante años sabéis que he seguido insistiendo, que no he perdido los ánimos a pesar de la sequía, y que siempre he creído en lo que hago sin mirar cifras. Es cuestión de suerte, sí, pero mientras sigas al pie del cañón, más papeletas tendrás para triunfar. Tu golpe de suerte también llegará, y quiero que este post sirva para que avives la esperanza. A todos los que derrochamos pasión nos acaba llegando, de eso estoy seguro, aunque en mi caso haya tardado años.

 

Es verdad todo lo que decís. Es muy difícil vender y veo mucho desánimo en los autores. Hay mucho esfuerzo no recompensado. Pero la respuesta no es apagar las luces. Cuantas más estrellas brillen en tu cielo, más fácil será que la persona indicada las vea. Yo seguiré peleando por otro golpe de suerte como este, como siempre.

Un saludo. ¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

 

 

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DESMONTANDO EBROLIS – ¿Gato por libro?

ebrolis

Como todo buen escritor que pretenda sobrevivir a la jungla de papel, siempre trato de buscar formas de visibilidad. Antes me avergonzaba reconocer que constantemente estoy buscando promoción, pero la cruda realidad me ha enseñado que, si amas tus libros, tienes que estar continuamente apostando por ellos intentando aprovechar cualquier mínima oportunidad de sacarlos a flote.

Una de esas opciones para acceder al público que había tenido siempre en la recámara había sido ebrolis. Se trata de una plataforma que tiene un gran impacto sobre la literatura digital (o eso se dice). Se basa en recopilar títulos de calidad contrastada a precios muy bajos o de oferta, lo cual suena muy apetecible para los lectores. O, al menos, eso es lo que yo tenía entendido.

Con motivo de la reedición de El sanador del tiempo: Los capítulos originales, decidí contactar con la plataforma para ver si había alguna opción de aparecer en ella. A mi entender, aunque puede que con esa distorsión con la que un padre ve a un hijo, el libro cumple los requisitos. Tiene reseñas positivas, no muchas pero sí de calidad, tanto dentro como fuera de Amazon. Ha llegado a estar en el Top10 de viajes en el tiempo y en el Top25 de ciencia ficción. Y en cuanto a los términos económicos, para celebrar esta reedición he decidido dejar su precio en 0,99 € durante el mes de octubre.

Decido entonces enviar mi propuesta junto a una buena dosis de ilusión en el remite y la respuesta que recibo es, básicamente, que están saturados y que solo se dedican a publicar a autores que optan por la opción premium. Vamos, la de pago. Que, ojo, lo entiendo y reconozco que su trabajo debe ser remunerado, pero aquí llega mi primera decepción: publican aquello que llena su cuenta corriente. El filtro de calidad aquí se vuelve un poco laxo y, para mí, siento que esta plataforma pierde una de las grandes características que la identifican: su capacidad de recomendar libros por su contrastada calidad. La ley del dinero, que se dice.

No obstante, me dan una alternativa. Si consigo que 30 amigos se registren en la página (para lo cual me dan un link personalizado y un contador muy bien traído), publicarán mi libro; eso sí, en el fondo del fondo de las páginas y correos. Vamos, que si trabajo para ellos de comercial, en deferencia, me incluyen discretamente en su base de datos. Lo cual me lleva a una segunda cuestión: ¿tan necesitados están de registros que utilizan estos medios tan poco respetuosos con los autores convirtiéndolos en evangelizadores suyos por unas migajas? Al final va a ser que ebrolis no tiene una base de aficionados tan potente como proclaman.

Todo esto son conjeturas y sensaciones, por supuesto, pero algo me dice que ebrolis no es lo que dice ser y que su amor por el papel no se refiere a las hojas llenas de tinta, sino a ese que se imprime en forma de moneda. Y vosotros, ¿habéis probado a promocionaros con esta plataforma? ¿Cómo os ha ido? De verdad que estoy muy interesado en conocer opiniones ajenas, porque todo el respeto que tenía por esta página se está esfumando en 3, 2, 1…

Nada más por hoy.
¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

30 TRUCOS PARA ESCRIBIR TU LIBRO

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¡Ala! Cómo habéis cambiado desde la última vez que publiqué una entrada…, ¡pero qué grandes estáis! Bromas aparte, pido disculpas por mi larga ausencia en el blog. Pido perdón de forma más intensa todavía por los comentarios que me dejé sin contestar; ahora no me sale como contestados algunos que sé que sí respondí y me es imposible saber cuáles me faltaron. Pido disculpas, de verdad.

Estoy perdido temporalmente entre mil proyectos, de los cuales tendréis noticias en breve. Mientras tanto, intentaré ir pasándome por aquí en la medida de lo posible para compartir cosas que vaya teniendo entre las manos. Hoy os copio los 30 trucos para escribir un libro que redacté como antesala del curso literario que imparto en colaboración con Escuela Optimizarte.

Espero que os sea útil, tanto para aquellos que no os atrevéis a lanzaros a la aventura de escribir un libro como para los que estéis en ello y encontréis dificultades para progresar. Deseo que estos pequeños tips os aporten motivación y recursos por igual.

Un saludo a todos. Estamos en contacto (en serio). ¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

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 1 UNA IDEA ACOJ… IMPRESIONANTE

La idea inicial, esa que aparece como por arte de magia a modo de fuegos artificiales en tu cabeza y que te hace querer ponerte a escribir, es la base de todo y la responsable de que no te rindas una vez que las mariposas en el estómago iniciales comiencen a encontrarse con dificultades.

Todos empezamos con muchas ganas al creer que hemos tenido una revelación sorprendente, pero ese entusiasmo se va mermando con el desarrollo del libro. Recuérdate una y otra vez lo buena que era esa idea, riégala para que no pierda su fuerza, y será el motor que te haga avanzar en el texto.

 

 2 PONTE A TOPE

A todos nos falta tiempo para ponernos a escribir, y a veces cuando lo tenemos lo que se desvanecen son las ganas, devoradas por la pereza. Decía Stephen King que el peor momento era el de ponerse a hacer algo. A veces nos cuesta horrores sentarnos a teclear, y él de horrores sabe bastante. Convéncete de que tras ese momento de ponerse manos a la obra llega el gozo y la alegría de ver progresar nuestra historia y aférrate a esa adictiva sensación para que tu historia no se quede en el olvido un día tras otro.

 

 3 PLAN A, PLAN B, PLAN C…

Una vez te hayas planificado para escribir (porque espero que lo hayas hecho), fallarás una y otra vez en tu programación. No pasa nada. Averigua en qué estás errando y elabora un plan alternativo que corrija esos fallos. La planificación perfecta no se consigue a la primera. Puede que acaricies la frustración errando una vez tras otra, pero no dejes morir a tu libro por un pequeño desajuste que seguro que con paciencia acabarás consiguiendo vencer.

 

 4 CADA PALABRA QUE ESCRIBAS, ERES MEJOR ESCRITOR

Olvídate del síndrome no me gusta lo que escribo. Cada palabra que escribas te hace mejor escritor, así que ni se te ocurra tirar a la basura tu trabajo si ves que no sale tan bien como esperabas. Si eres capaz de ver esas imperfecciones, es porque ya eres mejor escritor que cuando empezaste. No sientas que es algo negativo no ver con buenos ojos lo que has escrito, siente que eres más exigente porque estás subiendo de nivel.

 

 5 EL ESPACIO-TIEMPO TIENE UNOS LÍMITES DIFUSOS

Muchos escritores noveles sufren para rellenar páginas y otros de dedos ligeros no saben cómo hacer que sus textos tengan menos volumen. No te preocupes por estos aspectos, conforme consigas experiencia en el mundo de la literatura aprenderás técnicas para mejorar la cohesión. Pero, de momento, piensa que, si estás disfrutando escribiendo, tu lector lo hará leyendo sin importar el volumen de la historia.

 

 6 ESCRIBE ANTES DE ESCRIBIR

Para evitar la sensación de no saber qué escribir cuando estás frente al teclado, de quedarte en blanco, piensa en las historias de tus personajes antes de ponerte a ello. Mientras friegas, tiendes la ropa… En esos tiempos muertos inventa historias para ponerte a teclear en cuanto te sientes a escribir. Además, verás que hasta las tareas del hogar se hacen más amenas.

 

 7 ES EVIDENTE, PERO… LEE

Parece de cajón. Cuanto más leas, más recursos y más inspiración tendrás para ponerte con tu obra. Trata de tener a mano libros de la temática que estés intentando escribir. Ojo, no se trata de imitar, sino de envolverse del mundo al que pretendes dar tu estilo personal para conseguir inspiración extra.

 

 8 LAS PERFECTAS IMPERFECCIONES

No te obsesiones si cometes errores típicos de principiante. Trata de aprender de ellos. Algunos pueden incluso ayudarte al éxito. Por ejemplo, los escritores profesionales pecan a menudo de abusar de clichés y estereotipos, pues se supone que son características inherentes del género que escriben y tanto conocen. Los autores noveles, precisamente por no conocer esas normas no escritas, tienden a aumentar la originalidad en sus narraciones.

 

 9 TÓMATE UN KIT-KAT

Te vas a bloquear. Una y mil veces. Sobre todo, si es tu primera aventura literaria. No pasa nada. Recuerda que tu cerebro tiende a cegarse cuando te centras excesivamente en una preocupación. Déjalo descansar, verás que una vez más despejado, las alternativas aparecen en tu cabeza casi sin esfuerzo.

 

 10 SENCILLAMENTE SENCILLO

Simplifica. A la hora de escribir, no te líes ni te pierdas en oraciones extensas repletas de sucesivas subordinadas. A menudo queremos mostrar riqueza literaria con oraciones interminables. Cuando además somos noveles en la escritura, al hacer eso estamos jugando con fuego. Así que, frases cortas y discretas. Allí donde pueda haber un punto en lugar de una coma, mejor el punto. Te diré, además, que los libros claros y concisos están teniendo mejores ventas que los de prosa pesada. Así pues, no te compliques la vida.

 

  11 ¡NO ME REGALES LA OREJA!

Paralelamente a lo anterior, el talento literario actualmente se asocia con el ahorro de adjetivos y adverbios en lugar de con el uso de palabras a discreción. Ser escueto se cotiza al alza, no hace falta que uses cincuenta adjetivos calificativos para llegar a una misma idea. Si, además, eres principiante o tienes limitados recursos léxicos, estás de suerte. Tu baza será que no es que no estés preparado para escribir, sino que economizas el texto para que sea ameno.

 

 12 LOS ROBOTS EXISTEN

Sí, ya tenemos máquinas digitales que hacen el trabajo por nosotros. Se llaman diccionarios virtuales. Sobre todo, hazte amigo del diccionario de sinónimos, que te ayudará a no repetir palabras. No hace falta que seas un erudito del lenguaje porque para eso están esos recursos a tu alcance. Que no te frene la inseguridad de no manejar suficientes palabras para escribir.

 

 13 CORTA POR LO SANO

Si tiendes a tener dificultades a la hora de estructurar los capítulos, hazlos más cortos. Esto ayuda a esquematizar y a evitar la sensación de no saber avanzar en el contenido. Porque, además, ¿te he dicho ya que lo directo está de moda? La gente ya no tiene tiempo para perder. Así que, haciendo capítulos cortos, no solo te estás ayudando a ti mismo a organizarte, ¡ayudas al lector a que su experiencia sea más rápida y amena!

 

 14 EL PROFESOR AL QUE NUNCA QUISISTE

Sí, todos hemos odiado a nuestros profesores de lengua. Pero ahora hay unos más majos a los que no hay que hacerles la pelota para que nos aprueben. Se llaman correctores digitales. Los procesadores de texto los llevan incluidos y puedes encontrar varios por Internet también. Ojo, no son suficientes por sí mismos para conseguir un manuscrito perfecto, pero utilízalos como ayuda para perder el miedo a escribir y aprender gramática y ortografía.

 

 15 DELEGA

Esto es muy propio de los seres humanos: dejar que los demás hagan nuestro trabajo. Es caro, bastante caro, pero para un escritor novel igual es un alivio pensar que hay profesionales encargados de la corrección ortotipográfica y de estilo. Cuando empezamos y tendemos a ver que todo se nos viene encima, existe la opción de descargar obligaciones. Aunque, a largo plazo, lo interesante es aprender por uno mismo a corregir y editar un libro.

 

 16 ¡TÚ MOLAS!

Busca tu autenticidad. Seguro que tienes algo que te hace brillar, bien sea por la originalidad de tus historias, o por las anécdotas que te inventas, o porque tienes una forma peculiar de asesinar retorcidamente a tus personajes, o por tu sentido del humor… Seguro que tienes algo particular por lo que puedes encandilar a tus lectores. Busca tu potencial único, que te aseguro que hará sobra a cualquiera de los errores que como novato puedas cometer en la escritura.

 

  17 LO QUE BIEN EMPIEZA… BIEN ACABA

Si consigues que tu historia empiece con fuerza, ya casi puedes olvidarte de lo demás. ¡Esto es Hollywood! Concéntrate en un principio potente que atrape al lector y piensa que con eso lo tienes casi todo hecho. Además, esto te ayudará a no dejar el libro a medias. ¡Ya has conseguido lo más difícil! No puedes dejar ese gran inicio perdido en un cajón…

 

 18 CUESTIÓN DE NÚMEROS

Todos somos números, ya lo sabemos. ¿Por qué tu historia no iba a serlo? Un método sencillo para no ceder al temor de la incapacidad de escribir un libro es hacer cuentas. ¿Cuántas páginas quieres que tenga? ¿200? Si quieres escribirlo en tres meses (lo cual no es ni mucho menos mucho tiempo), sales a poco más de dos páginas al día. Seguro que, visto así, ya no parece tan complicado.

 

 19 TU LIBRETITA SIEMPRE A CUESTAS

Reconozcámoslo. Nos sentimos más interesantes cuando llevamos siempre una pequeña libreta a cuestas y anotamos cualquier idea en ella mientras las miradas de los que nos rodean se dirigen hacia nosotros curiosas. Pero, además, nos hace la vida más fácil. Nos ayuda a organizarnos y a capturar la inspiración que llega cuando no estamos dándole a las teclas. Esos pensamientos que aparecen en el momento más inoportuno, créeme, son gran parte de tu libro. No los dejes escapar y verás cómo tu historia se escribe sola.

 

 20 SÉ EL MUNDO EN EL QUE QUIERES VIVIR

Con estas palabras bonitas simplemente quiero decirte que dejes de ver la televisión o de hacer cosas que no hacen más que integrar información muy poco válida en ti, y que comiences a sacar la que tienes dentro para mostrársela al mundo. Somos excesivamente integradores cuando, como seres creativos, deberíamos estar deseando aportar a este mundo más que recibir de él. Esto no lo digo solo para motivarte a plasmar tus pensamientos en el papel, también lo digo porque cuanto menos tiempo dediques a tu vida como observador, más tendrás para utilizar como creador. Que después, eso de no tengo tiempo, suele ser una excusa muy recurrida.

 

 21 LO DIFERENTE ES ATRACTIVO

Deja de repetirte que nunca serás como los grandes escritores. Ni falta que hace. En lugar de frustrarte pensando que jamás llegarás al nivel de otros, piensa que no se trata de imitarlos, sino de buscar el potencial que tienes dentro de ti. Las comparaciones son odiosas. Y, además, para escribir tu primer libro, innecesarias.

 

 22 APASIÓNATE CON LO QUE QUIERES CONTAR

Más allá de la escritura, siente aquello que quieres decir, enamórate de lo que narras, adora eso que tienes dentro y quieres sacar. Si crees en tu producto, difícilmente vas a dejarlo a medias. No te olvides de recordarlo cada día, es esencial para que consigas terminar tu libro, para desear imaginarte con él y no rendirte bajo ningún concepto.

 

 23 LAS MALAS CRÍTICAS NO SON MALAS

Déjate leer. Recibirás buenas opiniones que te motivarán, y recibirás malas valoraciones… que te darán ganas de darle cuatro guantazos al criterio de su emisor. No pasa nada, estamos empezando. Sé que duelen, y que, en el peor de los casos, puede que te hieran hasta el punto de querer dejar de escribir. ¡Ni se te ocurra! Sé fuerte y entiende esas opiniones como lo que son, una fuente inagotable de aprendizaje. Si lo entiendes así, nada podrá pararte.

 

 24 ROMPE LAS NORMAS

Cuando uno es un escritor novel, puede que se encuentre a menudo con la persona quisquillosa de turno que le recuerde todo lo que está haciendo mal y que debe ser hecho de otra manera. La mayoría de las veces, seguramente tenga razón. Pero nunca dejes que anulen tu punto de vista. Si eres capaz de justificar tu modo de trabajar, siempre podrás darle la vuelta y, en lugar de estar actuando en contra del protocolo establecido, estarás rompiendo las normas creando un nuevo estilo único y personal.

 

 25 SOLO SÉ QUE NO SÉ NADA

El mundo de la escritura es amplísimo (y hablo de escribir, de publicar ya ni te cuento…). No quiero asustarte, que se supone que esto iba de trucos para abordar con éxito tu primer libro. Pero sí debes ser consciente de que no viene nada mal dedicarle cinco minutillos al día a buscar técnicas para aprender. Esa humildad te hará más fuerte frente a los momentos de flaqueza.

 

 26 ORDENA ALGO MÁS QUE TU ORDENADOR

Sé limpio y ordenado en tu zona de trabajo. Eso te animará a ponerte manos a la obra y, además, minimizará tu frustración. El desorden físico no es un buen aliado para afrontar esos momentos de estrés a los que tendremos que enfrentarnos como novatos.

 

  27 ¡DISFRUTA!

Activa el sistema de recompensa de tu cerebro al escribir. Eso hará que cada vez quieras más y más y en ningún momento sentirás que el trabajo de redactar es un trabajo en sí. ¡Pásatelo bien escribiendo! Haz de tu momento de teclear un acto de ocio y no un deber.

 

 28 NO LA DEJES A MEDIAS

Me refiero a tu historia. Acábala. Aunque la odies, aunque haya momentos en que quieras tirarla y empezar de cero. Tienes que acostumbrarte a cerrar tus escritos, eso hará que las numerosas veces que te apetezca tirarlo todo por la borda sean menos numerosas. Piensa que, si te rindes, estarás predisponiendo s tu cerebro a rendirse de nuevo, por mucho que empieces otro nuevo proyecto con más ganas y entusiasmo.

 

 29 SIN FRENOS

Nada te puede parar. Solo tú mismo. No hay obstáculos insalvables en esto de escribir un libro. Hay caminos más largos y más cortos, recursos más útiles y otros que más bien entorpecen, pero todavía no conozco a alguien que, queriéndolo y deseándolo de verdad, no haya conseguido materializar su libro. Te lo prometo. Y estoy seguro de que tú también eres capaz de ello. Solo tienes que decidir ponerte manos a la obra.

 

Y FINALMENTE… DÉJATE AYUDAR

Este es sin duda uno de los mejores consejos que puedo darte. Déjate guiar por aquellos que ya han recorrido ese camino. Ármate de sus ánimos, de sus recursos, de sus técnicas… Aprende, pues esto es una carrera de fondo en la que hay que ir paso a paso, mejorando nuestra pisada en cada avance.

 

Así que, si ya has decidido que quieres escribir un libro, entonces ya has dado el único paso necesario para conseguirlo. El resto, es cuestión de saber qué caminos escoger y cómo ir dándole forma a esa emoción para conseguir tu objetivo con éxito.

 

Ánimo y mucha suerte. Este camino, que tiene tanto para ofrecer a tu felicidad, solo acaba de comenzar.

LOS LIBROS NO VALEN NADA

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Literalmente, el valor de los libros está por los suelos. Rozan el cero absoluto y no es broma:  hay incluso que promocionar los días de descargas gratuitas para que nuestros libros se difundan y conseguir una pequeña visibilidad que nos permita luego vender nuestro libro al, oh, magnánimo precio de 0,99 euros si quieres ser competitivo. El siguiente paso será pagar para ser leído.

Ojo, que no es una queja. A mí no es que me afecte en gran medida. Yo seguiré escribiendo igual, sencillamente porque la única ley que me rige en este mundo es la de mi ilusión. Es más, si consigue ahuyentar a los que exclusivamente buscan un fin económico en esto de juntar letras, menos oportunistas a mi alrededor.

Pero sirva este panorama como una triste apreciación de cómo funciona el mundo. Antes se vendía, y las pocas editoriales que había sacaban su tajada. Pero llegó la autoedición y los libros digitales, que permitió incorporarse al mercado a todo el que quisiera y el pastel se repartió en porciones tan minúsculas que nadie gana para vivir de ello.

Porque así es como funciona la economía mundial. A las grandes empresas no les interesa que florezcan negocios similares a su alrededor.  De ahí que sea tan difícil abrir un negocio y que las condiciones de los autónomos sean tan abusivas, para que no crezcas y te lleves una porción lo suficientemente significativa del pastel económico. Y los gobiernos, que lo saben, apoyan a la gran empresa para mantener el equilibrio (o mejor dicho, desequilibrio). No les interesa tu libertad y tus oportunidades, porque arruinaría a todos. Aunque en cada candidatura te prometerán que lucharán por ella y por la igualdad.

Pero no nos desviemos. Nadie ha evitado que eso ocurra en el sector literario (salvo los gigantes de la promoción que tienen la oportunidad de colgar su best seller en la sección de novedades para vendértelo a 18€). El comercio de los libros en general ha hecho crac y la mayoría de ellos tienen que ofrecerse al irrisorio precio de 0,99 € en Amazon para obtener alguna venta. Es el precio de la igualdad, que en absoluto criticaré porque yo me sirvo de ella. Simplemente, es lo que hay.

Repito: no es una queja. De hecho, la intención de esta entrada no es lloriquear y pedir que todos nos alcemos en furia solicitando el respeto que merecemos como autores, que obliguemos a todos a saber las horas de esfuerzo que dedicamos para sacar a la luz nuestras obras. Todo lo contrario. Lo que pretendo transmitir es que esto es así, y hay que aceptarlo para empezar a actuar en consecuencia. Antes publicar era un éxito, pero ahora sacar un libro al mercado no tiene valor alguno. ¿Qué puedes hacer como autor?

Precisamente eso: darle valor a tu libro. Lo tiene, y lo sabes. El simple hecho de ser algo creado por ti ya lo diferencia de los demás, ahora solo tienes que tratar de mostrar por qué es tan único. Por ejemplo: un punto clave para mí fue cambiar la forma de vender El sanador del tiempo. Antes lo vendía diciendo que es una novela que mezcla ciencia ficción e historia basada en curar enfermedades mediante viajes en el tiempo. Ahora ya no hablo de lo que va, por muy interesante (o no) que pueda ser el tema. Ahora digo que es una novela que mezcla ciencia ficción e historia y que es muy ligera, no hay ninguna novela similar que cuente la historia de forma tan amena, de hecho le acaba gustando hasta a gente que no está acostumbrada a leer. Por un euro que vale, seguro que te merece la pena. No es mentira. No encontrarás una novela de género histórico que sea tan rápida en su narración (para bien o para mal). Es su signo distintivo. En sus 300 páginas, atraviesas la historia más significativa del Antiguo Egipto, Grecia y Mesopotamia. Todo eso con una trama intermedia de intereses que va enlazando los episodios históricos.

En fin, que hoy en día está muy jodido eso de ser escritor. Pero he aprendido que quejarse y lamentarse, como en todos los aspectos de esta vida, no sirve de mucho. Mejor asumirlo y utilizar todo nuestro talento para revertir la situación. Ánimo. Nadie dijo que los sueños fueran fáciles. Las dificultades solo son la forma que tiene el mundo de preguntarnos cuánto queremos lo que deseamos, que diría Risto.

¡Nada más por hoy!
Nos vemos las instacaras en @icaro_jon.

 

EL PRIMER PASO DE TU FUTURO LIBRO

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Se va el verano y comienza la nueva temporada. Septiembre llega con nuevas actividades y la pena de decir adiós a las vacaciones se mitiga con la reanudación de eventos literarios que me dan la vida. Compartir mi pasión por la literatura es para mí el verdadero paraíso estival.

Y el primero llega mañana mismo. Este sábado 8 de septiembre participaré en una charla sobre el panorama literario actual, dirigida a todos aquellos que quieran publicar. No veáis cómo ha cambiado este tema y la de oportunidades que hay ahora, así que espero poder animar a los presentes a lanzarse con sus obras.

Además, habrá una sesión de coaching grupal y se analizará vuestros proyectos para que podáis encauzarlos y salgáis motivados y con las herramientas y directrices necesarias para abordarlo.

Será en San Isidro, en la provincia de Alicante, y el evento será gratuito, aunque sí que hay que confirmar asistencia porque el aforo es limitado. Podéis contactar con el centro Optimizarte en el teléfono 690 195 849, o me lo decís por aquí y yo lo comunico.

Me encantaría veros por allí si tenéis la cercanía y la oportunidad.
Nada más por hoy, me voy que tengo que preparar los últimos retoques de la charla.
¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

 

 

MI NUESTRA HISTORIA #8 – ¿Familia o principios?

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Nueva cara para nuestra novela interactiva; incluso la web se ha puesto de gala para la ocasión. De ahí lo que he tardado en añadir este nuevo capítulo. Seguramente la imagen de portada no os recuerde a ningún personaje (todavía), pero tanto la estética como el título tiene mucho que ver con el futuro desarrollo, que girará en torno a una idea que me ha surgido con vuestra participación y comentarios.

Pero, a lo que vamos. Por fin seguimos con MI NUESTRA HISTORIA. ¡Esto no para! Recordad que en el último capítulo, Barbato quería disfrutar sexualmente de Caridda y vosotros decidisteis si Prisco debía interceder o no a favor de la mujer britana.

Para los nuevos: MI NUESTRA HISTORIA es una serie de novelas histórico-románticas en las que al final de cada capítulo se abre una votación para que podáis participar y ser parte del argumento. En la página web hay un resumen rápido actualizado por si queréis poneros al día en un par de minutos, aunque también he colgado los capítulos por si queréis formar parte de esta iniciativa en todo su esplendor. También podéis seguir la iniciativa a través de la APP Jon Ícaro, donde está todo bien organizado y donde seréis avisados cada nuevo capítulo.

Pero, para no retrasar más la continuación de la historia, aquí abajo os dejo el octavo capítulo con su correspondiente votación. ¡Espero que os guste!

 

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—¡No! —grita Prisco convirtiendo su caja pectoral en un aspersor de asertividad—. No vas a hacer uso de Caridda para tu entretenimiento, Barbato.

El joven defiende a la mujer britana, que sonríe por dentro al sentir el interés de Prisco por su bienestar.

—¿No voy a disfrutar de Caridda? —replica el veterano—. ¿Y eso por decisión de quién? ¿De tus huevos que se acaban de hinchar acaso? Porque no creo que estés en condiciones de decidir en ese aspecto.

—No, no estoy en condiciones. Eso es cierto —asume Prisco, que sabe que el mapa y las armas están en posesión de Barbato—. Tú eres el único que puede decidirlo, y por eso mismo serás tú el que decida renunciar a tales intenciones. —Barbato tuerce el gesto ante esas declaraciones, no ve la necesidad de prescindir del sexo con una mujer bárbara, de las cuales sabe por experiencia que son bastante salvajes en la intimidad—. La guerra nos ha sumergido ya en demasiadas situaciones desagradables en contra de nuestra voluntad y posibilidades. No añadamos más por decisión nuestra, por los dioses…

Caridda disfruta del enfrentamiento verbal, está encantada con la defensa que Prisco hace de ella. Le agrada, sobre todo, el uso que el romano hace de las palabras. Si fuera un hombre de su tribu, ya se habría lanzado a golpear a Barbato. Es el autocontrol la parte que Caridda admira del joven.

—En algo tienes razón —expone Barbato—. Mucha mierda nos hemos tenido que tragar estos últimos tiempos. En tu caso, casi en sentido real. Por eso mismo considero que hay que endulzar esos agrios sucesos con momentos más… placenteros.

Sin previo aviso, Prisco se lanza contra Barbato para sorpresa de todos. Se abalanza sobre él antes de que pueda sacar las armas de la bolsa. El veterano cae con el joven sobre él, que le da un rodillazo en la entrepierna. El dolor se le sube al estómago como una bola de fuego, pero lo enrabieta, le da fuerzas para lanzarle un puñetazo en la mejilla a Prisco. Dos. Después lo empuja para quitárselo de encima. Barbato se levanta con dificultad. Prisco también, y extiende la palma de su mano pidiendo el fin del enfrentamiento.

—¿Se puede saber qué haces? —pregunta Barbato, enfurecido y sin comprender por qué Prisco ha iniciado la lucha y ahora pide el fin de esta—. ¡Hijo de una ramera!

—Evitar la pelea, o alargarla al menos hasta el punto en el que uno de los dos tenga que arrepentirse —afirma Prisco, guardando las distancias—. Me parece que ya no hay motivo de discusión.

Prisco señala a la entrepierna de Barbato y este comprende al fin. Con el dolor que le ha causado con el rodillazo, duda de que pueda hacer uso de su miembro viril. Caridda se ríe. Aunque la mujer se había decepcionado ligeramente por el uso de la violencia de Prisco, entiende que lo ha hecho utilizando la cabeza.

—Y ahora —continúa Prisco—, si lo consideras oportuno, podemos seguir avanzando en lugar de exponernos peligrosamente a guerreros y bandidos en el camino.

—Esto no va a quedar así, te lo aseguro —afirma Barbato, que accede a la opción de continuar el camino. A pesar de su actitud sobria, las palabras de Prisco sobre la nula necesidad de generar nuevas complicaciones han calado en él.

Una vez calmados los ánimos, Prisco aprovecha la cercanía al río Danubio para lavarse y refrescar su alma tras los ardientes acontecimientos. Se arrodilla frente a la serpiente acuática y ve su rostro reflejado en las claras aguas. No se reconoce. La barba comienza a invadir un rostro acostumbrado a no pasar más de dos días sin recibir la navaja de un tonsor. Sus facciones, antes más amables, parecen empezar a adaptarse a la dureza de los recientes días pasados y venideros. Incluso su mirada parece no ser la misma.

Tras el aseo, el grupo continúa su camino a través de cañaverales y carrizales que parecen no tener fin. Bosques de sauces y fresnos los acompañan en varios segmentos de su viaje. La pequeña Naevia ralentiza el avance y la bolsa del pan y el queso cada vez pesa menos. Pero, por fin, tras día y medio de camino utilizando el río como referencia, llegan a un lugar marcado en el mapa con el símbolo que identifica una ciudad.

—Cuidado con los putos dacios —advierte Barbato. Las jornadas de viaje parecen haber aliviado las tensiones del grupo—. Uno nunca se puede fiar de los bárbaros.

Caridda no se da por aludida, se siente orgullosa de su condición y las palabras de Barbato apenas laceran su corazón.

Se aproximan a una de las oberturas de la empalizada de madera que rodea la localidad, custodiada por dos guerreros que les piden sus armas si quieren entrar. Barbato se niega, pero Prisco intercede, le explica la necesidad de desarmarse y el veterano finalmente, tras escupir al suelo y maldecir al joven por dejarlo indefenso, entrega la bolsa con las espadas a los vigilantes. Si muero sin posibilidad de defenderme, te buscaré en el inframundo para rajarte los huevos, es la advertencia de Barbato a Prisco.

Acceden al interior de la villa donde se convierten en el foco de las miradas de bárbaros entregados a sus tareas cotidianas. Por suerte, sus túnicas de lana y los mantos de lino que adquirieron en el campamento bárbaro son similares a los ropajes locales y no les provocan mayores complicaciones para integrarse. Se dirigen allí donde la bebida afloja las lenguas y es más fácil obtener información. Entran en lo que parece una especie de taberna, muy distinta a las tabernae romanas. Prisco y Barbato piden algo de beber mientras Caridda ronda por el local haciendo preguntas a unos y otros haciendo uso de su conocimiento de la lengua dacia.

—Es vino tracio —asegura Barbato tras dar un gran trago a su jarra—. Es más espeso y aromático que el aguado vino romano. Pruébalo, Prisco. Los tracios creen que el vino hace que los dioses entren en su cuerpo y sustituyan el alma, por eso beben este vino tan fuerte, para sentir a sus falsos dioses cuanto antes.

—Ya… —dice Prisco a desgana. Está más atento a Caridda y a los posibles avances en su búsqueda de información.

La mujer, tras unos minutos, se acerca a ellos.

—Ese hombre de allí. —Señala a un viejo escuálido con anillos en sus dedos—. Dice que hay un esclavista que conoce todo el comercio de esclavos de Dacia. No hay mercancía que no haya pasado por sus manos, o que se haya vendido sin su conocimiento.

—¿Y sabe dónde está mi mujer? —Prisco se exalta, la jarra vibra en sus manos temblorosas.

—Es muy posible. Pero vive en la capital, Sarmizegetusa. —Antes de que Prisco muestre tristeza, Caridda continúa con una buena noticia—. Pero tiene hombres en todos los rincones del reino. Aquí mismo hay uno de ellos.

—¿Y a qué esperamos para hablar con él? —apremia Prisco, cogiendo a su hija en brazos, preparado para salir en su búsqueda.

Atraviesan la ciudad siguiendo las indicaciones de Caridda, que a su vez obedece las señas que el hombre de los anillos le ha ofrecido. Golpean la puerta de madera de un hogar que se abre rápidamente. El ayudante del mercader de esclavos les permite el paso y tras un duelo de palabras amistosas, saca una serie de papeles ilustrados.

—Estoy aquí para vender la mercancía de mi señor —aclara el hombre mientras despliega los pergaminos sobre una mesa—. Utilizo estos dibujos para mostrarla. Tenemos un gran dibujante y es más fácil y rápido de transportar que los propios esclavos. —Continúa sacando documentos. Prisco los mira detenidamente, pero no encuentra el retrato de Sentia en ninguno de ellos—. Si estáis interesados en alguno de estos esclavos, he de decir que no son baratos.

Entonces, la mirada de Prisco se clava en uno de los papeles. Son sus ojos los que ven el dibujo, pero es su corazón el que lo identifica. La larga y lisa melena, la nariz puntiaguda, la piel más oscurecida que el color del pergamino, los pechos pequeños pero redondos…

—¡¡Es Sentia!! —grita señalando el pergamino que lleva el dibujo de su esposa. A pesar de que la recreación no es exacta, está seguro de que es ella—. ¡Es mi esposa!

Por fin, un golpe de suerte. Prisco sabe que los dioses son benévolos, al fin y al cabo, y se siente tremendamente afortunado y feliz por haber tenido una pista de Sentia tan rápido. La fortuna lo acompaña.

—¿Dónde está? ¿¿Dónde está mi mujer??

Prisco agarra del cuello al comerciante y esta vez es Barbato el que instaura la cordura separándolos.

—¡No vas a conseguir nada matándolo! —grita el veterano reteniendo a un Prisco esquivo, que lucha por zafarse de él.

—¡Es mi esposa! Es… —Finalmente, Prisco razona. Su rabia se desvanece y deja de forcejear. Barbato lo suelta—. Es mi esposa —dice, acercándose al vendedor de esclavos y mostrando una súplica en su rostro humedecido—. ¿Dónde puedo encontrarla? ¿Está viva?

—Al menos cuando yo salí de la capital, lo estaba —confirma el hombre y Prisco siente un estallido de colores en su corazón—. De otra manera, no tendría sentido que hubiera traído su dibujo. ¿Para qué iba a vender una esclava muerta? Así que, viva debe de seguir en la capital.

—¡Llévame junto a ella! —suplica Prisco, arrodillándose. A Caridda, esa sumisión a la que no está acostumbrada la enternece.

El vendedor se rasca la barbilla. Piensa. Finalmente, toma una decisión.

—Dentro de dos días partiré de nuevo hacia la capital. Os dejaré acompañarme. —Prisco sonríe, pero el hombre trata de sacar provecho de esa compañía—. Aunque lo haréis como guardianes. Se os ve hombres fuertes. A él al menos.  —Señala a Barbato—. Incluso la mujer muestra buena musculatura. Si hacéis que mi viaje a Sarmizegetusa sea seguro, entonces te llevaré junto a tu esposa.

Prisco accede sin dudarlo. Ya se imagina junto a su esposa. Por acariciar su piel haría cualquier cosa.

—¿Y de quién hemos de protegerte? —pregunta Barbato, que no está dispuesto a jugarse el pellejo a cualquier precio.

—De los romanos —afirma el vendedor—. Domiciano ya ha traído sus legiones y no es raro encontrarse con fuerzas romanas que buscan controlar los caminos para asegurar el envío de suministros.

—¿Lucharemos contra los romanos? —pregunta Prisco, sintiendo el corazón dividido. Sin haberlo pretendido, acceder a las peticiones del vendedor supondría cambiar de bando.

—¿Algún problema? —pregunta el comerciante de esclavos.

¿Algún problema? ¡Por supuesto que lo hay! Le está pidiendo que se enfrente a los soldados que pretenden dar su merecido castigo a los dacios, a hombres cuyo objetivo es acabar con aquellos que un día, como a él, asaltaron y robaron sus esposas. Quiere que clave la espada en defensores del honor, en paisanos suyos que solo defienden los intereses de los pobres ciudadanos romanos. ¿En qué lo convierte eso? ¿En un frío y simple mercenario? ¿En un guerrero desalmado y sin capacidad de decisión?

Sabe que ha tenido mucha suerte encontrando a ese mercenario, que seguir junto a él hará que en pocos días esté junto a su esposa. Pero, ¿a qué precio? ¿Debe de permanecer a su lado, aunque eso suponga tener que matar romanos a los que considera, no solo inocentes, sino defensores del honor y salvadores de los que como él han sufrido tanto?

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CÓMO VENDER LIBROS EN AMAZON – La verdad

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Hay mucha mierda escrita sobre cómo vender libros en Amazon y no quiero que esta entrada sea un poco más de maloliente información al respecto. No lo pretendo, al menos. He leído mucho sobre este tema y la única conclusión que saco es que hay mucho talento por ahí que sabe vender libros hablando de vender libros, pero que realmente no ayuda a ello.

Yo os voy a contar lo que me ha funcionado a mí, y lo que no. Todo en base a mi experiencia con El sanador del tiempo, libro con el que no hice nada de marketing (y en consecuencia las ventas fueron acordes a tal esfuerzo), y con En el nombre de Eva, título al que apliqué lo que aprendí en varios libros de marketing literario online y en el que sí he visto más movimiento en las ventas.

Mi conclusión general es que el 90% de lo que te dicen estos manuales no sirve para nada (y al final de la entrada diré por qué). Del 10% restante, yo me quedaría con estos cinco consejos que he visto que se repiten en varios títulos y que he podido comprobar que sí tienen algo de efecto a la hora de vender:

· Las palabras clave: como su propio nombre indican, son clave si no quieres ser una gota más del océano de ebooks de Amazon. Para sacarle el máximo partido, no se trata de utilizar palabras que definan tu obra, sino poner aquellas que piensas que utilizará tu potencial lector. Por ejemplo, en El sanador del tiempo yo utilizaba ciencia ficción, novela histórica, historia, Antiguo Egipto, viajes en el tiempoERROR. Con En el nombre de Eva, opté por novelas de ciencia ficción actuales, novelas de ciencia ficción baratas, novelas premiadas, novelas 2018… Fue empezar a darle este sentido a las palabras clave y ver que las ventas aumentaban por sí solas, más allá de promociones externas.

· Las descargas gratuitas: Amazon te permite poner tu libro de manera gratuita 5 días cada 3 meses (si estás inscrito en KDP Select). Utilízalos. Y si puede ser estratégicamente, mejor. El simple hecho de que sea gratuito hará que se descargue, pero si te encargas de avisar de la promoción como si no hubiera un mañana y multiplicas las descargas, el motor de Amazon las cuenta como ventas reales (es decir, entiende que interesa a la gente) y lo posiciona mejor en las búsquedas. Los días posteriores a la promoción gratuita verás que tus descargas aumentan por inercia. Explota estos días gratuitos para escalar posiciones y verás cómo aumentan tus ventas los días posteriores.

· La descripción: no hay nada más aburrido para un lector que una descripción monótona. Cuenta de qué va tu libro, sí, pero hazlo como si te dirigieras a una persona en concreto y vacía toda tu pasión en ello. Haz que el monólogo se convierta en un diálogo, plantea cosas a tu posible lector para captar su atención, hazle preguntas. Y utiliza la negrita, cursivas y los colores. La gran mayoría de las descripciones de Amazon no lo hacen, porque el formulario no deja, pero sí que te permite utilizar HTML y si aprendes un poco de este código, lo justo para que la descripción sea vistosa, ganarás muchas posibilidades de vender. A muchos lectores les aburre una descripción monótona.

· Los comentarios: evidentemente, tener comentarios en tu libro no solo te posiciona, sino que además es lo primero en lo que se fija la gente para comprar libros. Cuantos más y mejores tengas, mejor para ti. Pero, ojo, que sean sinceros. Hay mucha mafia por ahí de intercambio de reseñas, y los lectores ya sospechan de los libros que solo tienen comentarios con cinco estrellas. Huelen las opiniones forzadas a distancia. A mí me han llegado a decir que desconfían de El sanador del tiempo por sus buenos comentarios, que ni siquiera forcé, y me han hecho perder ventas. Por eso, no me canso de pedir encarecidamente que no me voten con cinco estrellas en En el nombre de Eva y que sean lo más sinceros posible.

· La portada: todos los manuales de marketing inciden en que la portada es determinante. Una imagen vale más que mil palabras. Yo no estoy tan de acuerdo en que una buena portada te haga ganar ventas, pero sí que me atrevería a asegurar que una mala portada te hace perderlas. Así que, hay que tener cuidado también con la imagen que da tu libro.

En cuanto al resto, he probado mil cosas, he leído otras tantas páginas sobre marketing literario, en castellano e inglés, y no he notado efecto alguno. Y, en el fondo, lo entiendo. La literatura se ha masificado. No hay otro mercado con más oferta y menos demanda. Para hacerse oír, hay que hacer algo único, algo que te saque de esa marea generalizada. Los tips de marketing funcionan, sí, pero durante un corto espacio de tiempo. Son efectivos hasta que un gran número de personas lo aplican y dejan de hacerte único. Es muy difícil que te hagas con uno de esos trucos en el efímero tiempo en el que aún son exclusivos y útiles. Y, sí, los que están tan accesibles en Internet y en los libros de marketing están tan utilizados que todo lo que encuentres ahí seguramente ya lo estén poniendo en práctica tantas personas que a ti no te sirva para destacar.

Por eso, ahí va el mejor consejo que puedo daros para vender libros: dedica unos minutos al día para pensar en alguna manera espectacular de destacar y hacerte oír que todavía no exista, en lugar de perderlos buscando técnicas o trucos que no te van a servir porque ya los están aplicando muchos antes que tú. Es difícil, costoso, y el éxito o no de tus ideas va a depender del ensayo y error, lo que en muchas ocasiones llegará a frustrate. Pero es lo único que te va a funcionar hasta que des con la tecla.

Yo, por ejemplo, ya no hago presentaciones de mis libros. La gente se aburre, se siente obligada a comprarlo si acude, y eso está haciendo que se vacíen los actos. Y lo entiendo. En cambio, yo hago juegos con la temática del libro, incluso fiestas, pongo claramente en el cartel que es obligatorio NO comprar (y paradójicamente, es esta no obligación la que hace que se venda más). O compongo un tema que tenga que ver con la historia y me pongo a tocarlo con la guitarra en la calle junto al cartel de mi libro y mi dirección web.

Hay a quien le va más las locuras digitales y te planta un viral. Pero un vídeo viral no es un vídeo tuyo hablando de tu libro, ni un booktrailer. Eso está muy visto. Es algo divertido, original y atrevido que tenga que ver con la temática de lo que escribes.

No existe la llave mágica que abra las ventas a tus libros. Bueno, sí existe, pero está dentro de ti, así que no la busques por ahí. Es difícil inventar y arriesgarse a ver si tus ocurrencias tendrán éxito o no, pero te aseguro que si de verdad sientes pasión por tu libro, las vas a encontrar y te vas a atrever a ello. A mí la sensación que me transmite alguien que hace algo original para promocionar su libro es que no se ha rendido al ver lo difícil que es vender a día de hoy, que no se ha dado por vencido al descubrir que todas las técnicas de marketing son casi inútiles y que al final se ha dejado llevar por su corazón más allá de la lógica y los mandatos del marketing.

Amas tu libro. Y tu libro es único. Demuéstralo, pero de verdad. La gente que lo tiene claro e impone su personalidad y su pasión, lo vende. Esa es la única verdad que conozco respecto a la venta de libros.

Te animo a buscar TU camino. Sé que lo encontrarás.
Nada más por hoy. ¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

 

 

MI NUESTRA HISTORIA #7 – Tú decides

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Seguimos con la historia de Prisco tras un breve parón, y lo hacemos con un extra de salsa rosa. Nos adentramos en el terreno romántico de la novela y de vosotros depende que se siembre el germen de posibles líos amorosos, o no. En la última votación, por unanimidad además, decidisteis que Prisco se fiara de Caridda y que se fuera con la mujer alejándose del grupo bárbaro. He aquí la continuación.

Para los nuevos, como siempre: entre todos estamos creando esta novela histórica-romántica. En cada capítulo, se abre una votación para que decidáis el curso de la historia. Si os queréis unir a esta iniciativa, os dejo aquí los enlaces a los capítulos anteriores, o un breve resumen por si queréis poneros al día rápidamente.

CAPÍTULO 1  // CAPÍTULO 2 // CAPÍTULO 3 //  CAPÍTULO 4 // CAPÍTULO 5 // CAPÍTULO 6
Resumen: Prisco es un comerciante de vino romano que ve su vida truncada cuando los dacios invaden su villa y secuestran a su mujer. Para recuperarla, Prisco se adentra en territorio enemigo junto a un grupo de bárbaros britanos auxiliares. Unirse al grupo le cuesta no pocas humillaciones y el alejamiento con su propia hija. En él, conoce a una mujer bárbara le propone alejarse del grupo y buscar a su esposa por sus propios medios, a lo que él accede. Junto a Caridda, que conoce el lenguaje dacio, se dispone a separarse de los britanos para probar mejor suerte por su cuenta.

 

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Cuando la noche hace ya varias horas que ha desplegado su oscuro telón y el campamento britano duerme, Prisco se dirige al lugar acordado: el punto de vigilancia noroeste. Allí, tal como esperaba, hace guardia Barbato. Él le permitirá salir junto a Caridda para probar suerte lejos del grupo.

—¿No ha venido aún? —pregunta Prisco refiriéndose a la mujer y el vigilante romano da un respingo, sorprendido por su sigilo.

—Todavía no —responde Barbato. Observa una mueca de preocupación en Prisco ante esa respuesta—. Pero no te preocupes. Los bárbaros no hacen buen uso del latín, pero cuando lo utilizan no es precisamente para mentir. Ellos consiguen lo que quieren a golpes, no mediante el uso confuso de la lengua. De hecho, creo que esa mujer desea usar la lengua contigo en otros menesteres, si me entiendes.

Prisco niega con la cabeza ante la obscenidad de su compañero. Tiene otras preocupaciones de las que hacerse cargo.

—¿Y si se ha arrepentido? ¿Y si su esposo la ha descubierto abandonado el lecho?

—Tranquilo, Prisco. Estará buscando el momento oportuno. Tiene que traer a tu chiquilla, lo cual le dificulta las cosas.

Por eso está tan preocupado Prisco. Si descubren el plan de fuga de Caridda, la vida de la mujer podría correr peligro, y ella es el único apoyo que tiene su niña dentro de la barbarie que están viviendo.

—Mira, por ahí viene —afirma Barbato finalmente señalando a la oscuridad del campamento.

—¿Seguro que es ella? —pregunta Prisco, que entrecierra los ojos para intentar ver mejor.

—Por supuesto, ¿acaso no ves la sombra de sus enormes…? —Barbato se lleva las manos al pecho y hace un gesto soez.

Efectivamente, se trata de Caridda, que por fin llega hasta ellos.

—No he podido venir antes —dice la mujer y mira a la niña que tiene en sus brazos como justificación—. Estaba esperando que Naevia durmiera profundamente.

—No pasa nada. Dámela, yo la llevo —ofrece Prisco.

—No —niega Caridda—. Si se despierta en tus brazos podría gritar asustada y alertar a los demás vigilantes. Y no pongas esa cara, Prisco, pronto recuperarás la confianza de tu niña y querrá estar contigo. Pero aún no. Yo la llevaré. No te preocupes, tengo fuertes brazos para cargar con ella.

Caridda luce la musculatura propia de una mujer guerrera.

—Está bien. Pues nos vamos. Amigo, gracias por dejarnos salir.

—Eso es. Nos vamos —repite Barbato—. Los tres.

Caridda y Prisco se miran, sorprendidos por la decisión en último momento del romano.

—No, eso no era lo que habíamos hablado —dice Prisco.

—Ya. Es que vigilar es tan aburrido que a uno le da por pensar, y he decidido que lo más conveniente para mí es marcharme con vosotros. Una traductora en territorio dacio abre muchas opciones para mí, todas ellas suculentas.

—No, Barbato —vuelve a negar Prisco.

—Pues podemos estar toda la noche aquí discutiendo sobre este tema hasta que alguien os descubra, o marcharnos ya y hablar de esto más adelante.

Prisco da un bufido. Caridda alza los hombros. Finalmente, aceptan la compañía de Barbato como un mal menor y comienzan a caminar, alejándose rápidamente del campamento de los auxiliares. El ritmo disminuye conforme el fuego de las antorchas se hace cada vez menos visible, pero el grupo no llega a detenerse. En cuanto Urel descubra que su esposa lo ha abandonado, saben que tendrán perseguidores.

Tras unos minutos, los movimientos propios de la huida terminan por despertar a Naevia. La pequeña de ocho años abre los ojos, desorientada, y en su rostro se refleja el miedo y la confusión.

—Tranquila, Naevia —se apresura a decir Caridda antes de que la niña comience a gritar. La mujer jadea, cansada de cargar con ella. La deja en el suelo unos instantes—. Tienes que estar callada. Estamos jugando a escondernos y nos van a encontrar si gritas. ¿De acuerdo? Tenemos que seguir corriendo en silencio si queremos ganar.

Naevia no es estúpida, sabe perfectamente que está en peligro. Lo que no entiende es de quién tiene que huir ni qué puede pasarle, pero sí es consciente de que hacer caso a Caridda la mantendrá a salvo. Asiente y la mujer vuelve a cogerla con visible esfuerzo.

—Yo la llevaré a partir de ahora —dice Prisco. Sabe que Caridda tiene los brazos agotados.

La niña mira a su padre y vuelve a mostrar preocupación en su rostro. Eso le duele en el alma a Prisco.

—Naevia, hija mía, Caridda está cansada. Tienes que venir conmigo.

La pequeña tarda se echa hacia atrás, aunque unos segundos más tarde se acerca a su padre.

—Me das miedo —dice Naevia al llegar junto a Prisco—¸pero creo que eres como el lobo.

—¿El lobo? —pregunta su padre confundido.

—El de la historia de Caridda. Me contó un cuento que empezaba con un lobo mordiendo a un conejo, y al principio me asusté. Pero después resulta que lo hacía para darle de comer a sus bebés… Me asustó lo que le hiciste a aquel hombre, pero Caridda dice que, como en la historia, solo querías cuidarme.

Naevia se deja coger entonces y Prisco la abraza fuertemente. No puede evitar llorar de emoción. Volver a tener a su niña entre sus brazos es para él uno de los pocos motivos por los cuales vale la pena estar vivo. Ahora solo falta encontrar a su mujer para añadirla al abrazo y completar la felicidad.

—Siempre lloras —dice Caridda acercándose a Prisco y retirando las lágrimas de sus mejillas con los dedos—. Como los niños de mi pueblo. Los guerreros nunca derraman lágrimas. Así que tú eres… como un niño grande.

—Gracias Caridda —dice Prisco a pesar de la extraña comparación—. Muchas gracias por todo lo que haces por Naevia, que en extensión me llega a mí reflejado.

Los dos adultos se sonríen. La gratitud estira los labios de Prisco. Los de Caridda, algún sentimiento más.

—Perdonadme si interrumpo este tierno momento —dice Barbato—, pero todavía estamos demasiado cerca del campamento.

El grupo continúa caminando toda la noche sin sobresalto alguno. O les han estado buscando en direcciones erróneas, o los bárbaros han estimado que no pueden permitirse la pérdida de tiempo que supondría ir a su encuentro. Han descansado lo justo para rellenar de aire sus pulmones y dar algún bocado que les evita desmayarse durante la huida. Los primeros rayos de sol muestran sus evidentes caras de cansancio.

—Nuevo día, nueva vida —dice Barbato tras bostezar.

—¿Y qué planes hay en ese renacimiento tuyo? —pregunta Prisco, que todavía no se fía del romano.

—Los que me quiera ofrecer la diosa Fortuna —afirma el hombre palmeando un estómago que la edad y el tiempo sin combatir comienzan a redondear—. No he pensado qué voy a hacer a partir de ahora, pero sé que, si vais a tratar con esclavistas para buscar a tu esposa, igual puedo descubrir un nuevo oficio que me dé más monedas y mujeres que la guerra. Estoy cansado de combatir para un emperador que premia a los hijos de los patricios a causa de castigar a sus veteranos de guerra.

—Pues yo creo que no es buena idea esa de confiar el futuro de uno a la diosa Fortuna —dice Prisco con una sonrisa de resignación, recordando su mala suerte. Mira de reojo a Caridda, que vuelve junto a ellos tras haber acompañado a Naevia a orinar cerca de unos arbustos de enebro.

—Pues yo creo que sí lo es. Disfrutaré de lo que cada día tenga a bien ofrecerme. Y te lo voy a demostrar ahora mismo —expone Barbato configurando una sonrisa maliciosa que preocupa a Prisco. El romano saca de su bolsa de piel un pergamino enrollado. Estira la piel adelgazada—. ¿Sabéis lo que es esto?

—Un mapa de Dacia —responde Prisco al ver el dibujo desplegado.

—De mi esposo —añade Caridda al reconocerlo—. De mi antiguo esposo, quiero decir.

—Os equivocáis —dice Barbato—. Los dos. No es un mapa. Es nuestra única opción de sobrevivir. Sin él, tardaríamos más tiempo en encontrar una aldea que el que aguantaríamos vivos con los alimentos que disponemos.

Está en lo cierto. La desorientación, tras haber caminado toda la noche a oscuras, es total.

—Pues más vale que lo guardes bien entonces —ordena Prisco.

—Eso haré, ya lo creo. Lo guardaré bajo mi subligar o en la mismísima raja de mi culo si es necesario. Tan valioso es este documento. Por supuesto, lo compartiré con tan destacada compañía como sois vosotros. Y a cambio, solo espero algo de agradecimiento. De cariño, si me entendéis.

Barbato mira lascivamente a Caridda, detiene su vista en los pechos de la mujer. Prisco comprende la situación. Están siendo chantajeados. Quiere intimar con ella a cambio de compartir el mapa.

—¿Hace falta más explicaciones? —insiste Barbato—. Lo digo por vuestro silencio.

El chantajista hace un movimiento de cadera que evidencia sus deseos. Prisco aprieta los puños, hay algo que lo enfurece más allá de ser manipulado. Le molesta pensar en Barbato sobre el cuerpo desnudo de Caridda.

—¿Y qué me impide sacar la espada y cortarte la mano para quedarme así con el mapa? —pregunta Prisco y él mismo se extraña por su violenta iniciativa. Se da cuenta por primera vez de que ya no es el mismo que salió de Moesia, aquel que hubiera dado prioridad a la vía diplomática. Se está transformando en otra persona.

Barbato mira entonces a la pequeña Naevia y Prisco suspira. Está recuperando la confianza de su hija y derramar sangre ajena delante de ella de nuevo sería dar un paso atrás enorme. Además, Barbato mueve su bolsa y un ruido metálico recuerda a Prisco quién tiene las armas. Las estaba cargando él todas para que Prisco pudiera cargar con su hija.

—Somos compañeros —dice Prisco, ahora sí obligado a luchar con la palabra—. No puedes aprovecharte así de nosotros. De ella, en concreto.

—¿Aprovecharme? Pero ¿qué daño nos va a hacer entregarnos a los brazos del placer? Ambos disfrutaremos, de la misma manera que todos saldremos beneficiados con el uso del mapa. Si seguro que ella también lo está deseando…

No. No lo está deseando. De hecho, Caridda habría utilizado su puño de guerrera para partirle la nariz a Barbato al haber propuesto acostarse con ella. Pero quiere saber cómo reacciona Prisco. Necesita saber si él tampoco desea que algo así ocurra. Le parece una buena forma de averiguar si el joven siente lo mismo que ella. Por eso, decide seguir con la situación, dejarla en manos de ese joven tierno por el que suspira.

—Lo haré —afirma Caridda—. No por gusto ni por voluntad propia. Pero si es por el bien del grupo, acepto tal sumisión. Accederé a los placeres de este bellaco.

La mujer mira a Prisco esperando su reacción. Se le encoge el corazón. Quiere que el joven evite el encuentro, que demuestre que tiene algún interés por ella, del tipo que sea. Pero Prisco se queda pensativo. Sabe que lo mejor para todos es que ese encuentro sexual ocurra para seguir manteniendo el favor de Barbato. Sin el mapa están realmente perdidos y encontrar una aldea dependería exclusivamente de la suerte que parece no acompañarle. Piensa que no le conviene dejar la supervivencia en las manos de la diosa Fortuna. ¿Qué debe hacer?

Y ahora, vuestro turno. ¿Qué queréis que haga Prisco respecto a Caridda?

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MI NUESTRA HISTORIA #6 – Tú decides

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¿En qué estáis convirtiendo a Prisco? No, en serio, me está encantando la evolución del personaje, y es gracias a vosotros. De nuevo ha ganado la opción más perversa, habéis votado que Prisco se convierta en un saqueador (por el bien de su hija, todo sea dicho). Esto plantea algo muy interesante. Cuando encuentre a su esposa (si la encuentra), ¿seguirá siendo el mismo Prisco del que se enamoró? Ahí lo dejo. Abajo tenéis un nuevo capítulo.

Para los nuevos, como siempre: os presento MI NUESTRA HISTORIA. Una novela de corte histórico y romántico en la que, al final de cada capítulo, votáis para decidir cómo seguirá la historia, participando activamente en su desarrollo. Dejo a continuación los enlaces a capítulos anteriores y un breve resumen para que os animéis a formar parte de esta iniciativa en un par de minutos. Y, ya sabéis, también podéis seguir la historia de manera más organizada y con avisos sobre los capítulos nuevos en la aplicación Jon Ícaro (Play Store).

CAPÍTULO 1  // CAPÍTULO 2 // CAPÍTULO 3 //  CAPÍTULO 4 // CAPÍTULO 5
Resumen: Prisco es un joven comerciante de vino de la provincia romana de Moesia que un día ve su vida truncada cuando los dacios invaden su aldea y se llevan a su mujer. Para rescatarla, se une a un grupo de auxiliares bárbaros con la intención de adentrarse con ellos en territorio dacio y llegar al ejército romano con el que espera derrotar a Dacia y recuperar a su esposa Sentia. Las pruebas para ser aceptado en el grupo bárbaro ya han hecho que su hija reniegue de él, y ahora deberá saquear a inocentes para poder seguir en este viaje que está siendo más duro de lo que esperaba.

 

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El asalto por parte del grupo al que acompaña Prisco a la aldea dacia es inminente, y Prisco sabe que debe ser parte de él. Los bárbaros se lanzan enajenados contra esta en cuanto aparece ante sus ojos. Los primeros en llegar disfrutarán de las mejores mujeres, los mejores alimentos y los botines más destacados. Prisco es retenido por su conciencia. Es consciente de que tiene que robar por el bien de su hija, pero no quiere disfrutar del proceso. No se alegra como parece que lo hacen sus compañeros.

El joven comienza a correr colina abajo, sus sandalias pisan la estepa dacia y acortan la distancia respecto a unas casas selladas que albergan aldeanos atemorizados, como si fueran pajarillos en sus jaulas. Cuando Prisco llega a la pequeña villa, pocas son las barricadas de escombros que no han cedido a la embestida bárbara. Muchos hogares ya han sido profanados, tal como anuncian los gritos de agonía. Entre los alaridos de pavor y dolor se mezclan otros de placer, provenientes de los britanos que han forzado alguna hembra dacia para tranquilizar sus instintos salvajes.

Prisco busca alguna puerta intacta que muestre que el interior de la casa todavía no ha sido saqueado. Encuentra una alejada de las granjas y sabe que no es casualidad. Espera no tener que arrebatar los escasos víveres de una familia pobre y con poco acceso al sustento. Resopla y agarra con fuerza su escudo, un scutum ovalado que tiene la forma del cetratus de las tropas auxiliares. Toma carrerilla y embiste con él contra la madera que le separa de los alimentos que necesita para sobrevivir.

La puerta no se mueve ni un ápice.

Vuelve a intentarlo y lo único que consigue es un agudo dolor en su hombro izquierdo. Mira alrededor y observa cómo actúan sus compañeros. Entonces, decide intentar el método de la patada. Golpea fuertemente con la planta del pie en la puerta y su rodilla derecha le hace inclinarse de dolor. Mira al frente y se da cuenta de que no ha conseguido progresar.

—Prueba con esto —le dice un britano a sus espaldas. Es Urel. Cualquier otro estaría riéndose de él. En cambio, el hijo del líder le ofrece ayuda. Le tiende una tea encendida—. Lánzala sobre el techo de paja. El humo les hará salir. Después, entra y coge todo lo que esté a tu alcance. Pero sé rápido, no quiero tener que recoger tus cenizas.

Prisco inclina la cabeza y Urel sigue su camino. Se siente agradecido. ¿Agradecido? Ahora no solo va a robar a una pobre familia, sino que va a incendiar su hogar. Pero es lo que tiene que hacer por su hija. O, al menos, intenta convencerse de ello.

Lanza la antorcha y la puerta se abre antes de lo esperado. Antes siquiera de que el techo arda lo suficiente.

—¡Fuera de mi casa! —grita el hombre que aparece ante él, un veterano que solo conserva pelo en los laterales de la cabeza. Lleva un podón con una hoja grande y curva en su mano derecha—. ¡O te rajo la barriga!

Prisco agarra su espada celta con más fuerza, asustado. Sabe que la herramienta agraria del hombre atravesaría sin dificultad su túnica de lino.

—¡No quiero hacerte daño! —dice Prisco. Su tono de voz no es el de un guerrero, no impone lo más mínimo. Casi se le puede escuchar temblar, y eso envalentona al hombre que tiene delante.

—¡Lo que tengo se debe a mi trabajo! ¡Me cuesta sudor y sangre conseguirlo! ¡Y no me lo vas a quitar!

El hombre sabe que, si le roban su comida, no vivirá un invierno más, y con esa fuerte convicción ataca a Prisco. Lanza dos puñaladas que Prisco esquiva, más por miedo que por disciplina militar. El podón está diseñado para cortar, no para herir de manera punzante, por lo que su rival, consciente de ello, alza el brazo y esta vez ataca verticalmente. Prisco intercepta el golpe con el escudo. Se escucha el quejido del metal de su protección al recibir el impacto. Como enloquecido, su enemigo enlaza un ataque tras otro, abollando el scutum de Prisco y esperando un error en la cobertura para atravesar su cuerpo.

Prisco, actuando meramente de manera defensiva, se acostumbra al ritmo de ataque del hombre. Sabe, exactamente, cada cuanto tiempo le golpea con su herramienta. Y, entonces, aprovecha uno de los intermedios para apartar el escudo y lanzar su espada, que consigue atravesar el estómago de su rival. Esta vez ha aprendido. Ha atacado con todas sus fuerzas para no efectuar solamente una herida superficial. El filo ha atravesado completamente el cuerpo de su contrincante, que, entre estertores y vomitando sangre, aún intenta lanzar un ataque más.

Pero Prisco retuerce su espada, aumentando el daño y acabando con toda intención de seguir luchando de su rival. Se descubre a sí mismo disfrutando de la victoria, se siente poderoso al derrotar a su enemigo. Extrae el arma y el hombre cae al suelo, inerte.

Prisco entra en la casa, que ya ha comenzado a arder. Se encuentra tres niños confusos, llorando en una esquina. Intenta no mirarlos y se dirige a la despensa. Llena el zurrón con pan y queso y se marcha antes de que el humo invada sus pulmones. Abandona la aldea sin mirar atrás.

 

De vuelta a la retaguardia del grupo de britanos, Prisco se acerca a la carreta que carga lo más preciado para él. No son los víveres, ni las armas, ni las tiendas de campaña… Es su hija. La pequeña posee las piernas demasiado pequeñas para aguantar el ritmo de avance de los guerreros, por lo que permiten que viaje sobre uno de los carros. Además, ese permiso era una de las condiciones por las cuales Prisco cedía su caballo para tareas de carga.

—Toma, lo he conseguido para ti —dice Prisco mientras le extiende un trozo de queso a Naevia. La pequeña, como un gato asustado, se marcha hacia el otro extremo de la carreta.

Caridda, siempre cerca de ella, coge el trozo de queso y se lo da. En apenas tres bocados, la niña lo devora con fruición. Aún reniega de su padre, pero Prisco sonríe al ver cómo su hija disfruta de la comida. Solo por eso, ha merecido la pena el horror que ha causado.

—Dale tiempo —dice Caridda, acercándose al joven romano—. Acabará entendiéndolo. Por la noche le cuento historias de niños para que comprenda la situación.

—Y te lo agradezco. Gracias otra vez, Caridda. ¿Cómo duerme? ¿Tiene pesadillas?

—A veces tiembla y entonces la despierto, pero no creo que tenga más pesadillas que antes de que empezara todo esto. Supongo que tiene los horrores nocturnos de una niña de su edad.

Prisco quiere creerla, pero no sabe si simplemente intenta complacerlo con esas palabras.

—Pronto encontraremos a su madre y todo volverá a ser como antes. Los tres viviremos felices y sin preocupaciones.

Caridda traga saliva. Le duele pensar en la felicidad de Prisco junto a otra mujer. Siente mucho cariño por Naevia. Y aunque no quiera reconocerlo, siente algo mayor por el padre de la niña.

—Eres el primer hombre que conozco que desea el fin de la guerra para encontrar la felicidad. Los guerreros de mi tribu, al contrario, siempre piden a los dioses nuevas batallas que les den una razón para disfrutar.

—Es una buena forma de llamarme cobarde —bromea Prisco y los dos ríen—. Yo espero que todo esto acabe pronto…

—Tú quieres que la lucha termine para estar con tu mujer. En cambio, Urel parece que esté deseando comenzar un nuevo enfrentamiento para no estar conmigo.

—Él te trajo aquí —advierte Prisco, que no entiende esa queja—. Podía haberte dejado en Britania, pero quiso que vinieras para tenerte cerca suya.

—Solo quiere poder vigilarme para que no me posea otro hombre —explica Caridda, y ahora Prisco sí entiende—. Pero aquí, apenas me presta atención, siempre ocupado en hacerse cada vez más fuerte.

—Seguro que trata de ser más fuerte simplemente para poder protegerte. Yo quisiera ser tan poderoso como el mismísimo Júpiter si eso me permitiera recuperar a mi esposa…

—Respecto a eso…

Caridda calla. Está esperando el permiso necesario para expresar una opinión que sabe que no será bien recibida.

—Habla, Caridda. Siempre eres sincera conmigo.

—Tengo entendido que esperas unirte al ejército romano para derrotar a los dacios y recuperar a tu esposa.

—Esa es mi intención.

—Pero no la encontrarás tras la guerra. —Prisco tuerce el gesto ante esas palabras inesperadas—. Puede que venzas en la batalla final, y así yo lo deseo. Pero los dacios la asesinarán antes de que puedas encontrarla tras la victoria. Una vez derrotados, descargarán su furia sobre todo romano que esté a su alcance. Siempre ocurre así.

Prisco se queda pensativo. No quiere aceptar esa revelación, más que nada porque no sabe otra alternativa que lo acerque a su esposa.

—Ella tiene razón —añade Barbato sumándose a la conversación a la que estaba poniendo el oído un buen rato—. Aunque tengo dudas al respecto, puede que tu esposa aún esté viva. Es posible, aunque no probable. Puede, si los dioses quieren que aún viva, haber encontrado su hueco en la civilización dacia como esclava o ramera, pero cuando esta caiga, ella lo hará junto al reino…

—¿Y qué proponéis entonces? —pregunta Prisco, furioso. No ha pasado por tantas cosas para ver sus esperanzas truncadas de repente.

—Yo la buscaría antes de que la guerra pase por encima de ella —sugiere Barbato—. Con monedas, hasta un romano puede acceder a esclavas y putas en territorio enemigo.

—No duraría ni dos días en suelo dacio. Y menos con mi hija… —se lamenta Prisco—. Por eso os sigo.

—No si te haces pasar por dacio —dice la mujer britana.

—Imposible —niega Prisco—. No sé hablar su lengua…

—Pero yo sí —dice Caridda, sorprendiendo a los dos interlocutores.

—¿Además de romano y britano hablas la lengua dacia? —pregunta Prisco, que todavía no lo cree.

—Efectivamente. Así que partiremos esta noche. Nos separaremos del grupo. Yo quiero alejarme de Uriel y tú tienes que adelantarte para recuperar a tu esposa. Nos conviene esa opción.

—Caridda tiene razón —añade Barbato, que mira a los dos jóvenes y cree que hay cierta complicidad entre ellos—. Así puede que tengas alguna opción de llegar a tu esposa antes de que las legiones destruyan todo lo que hay más allá del Danubio.

La mujer bárbara sonríe, se siente feliz ante la idea de viajar junto a Prisco, de vivir más allá de por y para la guerra. En cambio, el joven intuye que hay algún interés oculto en la profunda mirada azul de la mujer. No sabe si fiarse de ella, aunque puede que su plan de integrarse en la sociedad dacia sea bastante efectivo para conseguir información y acercarse a Sentia antes de que el fuego de la guerra lo devore todo. ¿Debería fiarse de Caridda?

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