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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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mejores novelas 2019

¿CÓMO VAS DE IDIOMAS INVENTADOS?

TrivialCNOpts

¡Vosotros lo habéis querido! Con cuatro personas con pleno de aciertos, toca subir un poco la dificultad del acertijo en el capítulo de hoy. Nos resituamos: mientras os realizaban las pruebas para obtener la ciudadanía en Sumergia, la primera ciudad flotante, el laboratorio fue atacado y ayudaste a defenderlo aprendiendo a usar el sistema de calibrado del cañón de mano.

Para los nuevos: estamos llevando a cabo un librojuego en el que en cada capítulo se plantea un acertijo que puedes resolver y firmar en la web como participante exitoso. En la página principal de http://www.jonicaro.com están todos los capítulos recopilados por si quieres empezar el juego desde el principio, aunque para la clasificación solo se puntúan los del día en cuestión. ¡Vamos allá!


 

ACERTIJO 4

 

EN MEDIO DEL CONFLICTO

 

El rayo rojizo sale de tu cañón de mano e impacta en uno de los motores de la aeronave a la que habías apuntado. La llamarada que sale en la zona del impacto refleja la euforia que sientes por dentro al haber acertado.

 

Al parecer, has comprendido el sistema de corrección. Reduce el error justo la mitad de la cifra que se le ordena. Esto permite afinar la puntería con el doble de posibilidades en caso de objetivos más lejanos, pero para ti lo importante es que has aprendido cómo funciona.

 

Te agachas para cubrirte hasta que tu cañón te envía un nuevo mensaje: “recarga energética finalizada”. Al parecer, vuelves a tener munición. Repites la operación de disparo y ocultación varias veces hasta que la aeronave queda lo suficientemente deteriorada para retirarse, dejando una nube de humo negro a su paso. Buscas tu siguiente objetivo y repites el proceso, volviendo a ocultarte cada vez que tu arma necesita recargarse.

 

Cuando ya le has cogido el truco a la maniobra, todas las naves atacantes parecen estar dañadas y ejecutan una retirada conjunta.

 

—¡Victoria! ¡Yuuuuju! —grita el soldado que tenías al lado y que parece recibir mensajes optimistas a través de su casco. Tú no escuchas nada de lo que le están comunicando, pero deduces que se ha ganado la batalla—. Sí, mensaje recibido, capitana. A la orden —continúa el militar, y entonces te mira. Puedes ver sus oscuros ojos tras la visera—. Gracias por la ayuda.

 

El hombre flexiona el brazo con el que no sujeta el cañón y expone su antebrazo para que tú hagas lo mismo con el tuyo y choquéis en forma de saludo amistoso. Acercas tu extremidad también flexionada y antes de que te des cuenta, saca unas esposas eléctricas que te coloca con una habilidad pasmosa.

 

—¡Eh! —te quejas por esa traición.

 

—Órdenes de la capitana —te explica—. Todo el personal que no sea del laboratorio es susceptible de ser un traidor. Incluso los científicos lo son, diría yo. Sígueme, por favor.

 

Tras un bufido, obedeces. Sabes que esas esposas te lanzarán una descarga eléctrica ante cualquier intento de evasión, así que caminas con pies de plomo, con temor a que esa herramienta malinterprete algún paso acelerado creyendo que se trata de una posible huida y te regale un potente calambrazo.

 

Avanzas por el laboratorio donde las escenas se suceden a tu paso, algunas de ellas son totalmente opuestas. En un lugar los soldados celebran haber acabado con el ataque y unos pasos más adelante algún militar llora a un compañero caído.

 

Finalmente, te meten a una sala y te introducen en una especie de cilindro cuya superficie en forma de pantalla impenetrable se activa encerrándote en su interior. Te das cuenta de que es una jaula para criaturas de experimentación. Tu aventura en Sumergia no ha empezado lo que se dice muy bien… Poco a poco, empiezan a traer nuevos individuos que también quedan encerrados como tú.

 

Un par de horas más tarde en las que el bestiario ha quedado reducido a un eterno silencio, las puertas metálicas de la estancia se abren y dejan pasar a una mujer. Va vestida con una coraza negra que le cubre el pecho, supones que para identificar su mayor rango, y tiene un rostro que es la viva personificación de la autoridad y la decisión. Su cabello castaño está revuelto, imaginas que como su interior a juzgar por su paso apresurado. Parece ansiosa por algo. Se pone en una posición más o menos central respecto a las jaulas y se dirige a todos en general y a nadie en concreto.

 

—¡Soy la capitana Sharker y estoy al mando de la defensa del laboratorio! —grita para mostrar su autoridad a todos los presentes, tras lo que parece relajar su voz—. Estáis aquí porque no tenéis documentación alguna que os acredite en el dispositivo de vuestra esfera textil.

 

“¿Ya ha entrado en la computadora integrada en mi traje?”, piensas. Bueno, son militares… “Por supuesto que no tengo documentación, si ni siquiera he terminado el test para que me aprueben la ciudadanía…”, reflexionas, pero prefieres no expresar tu opinión y sigues escuchando.

 

—Sin documentación alguna, no puedo saber si sois amigos o enemigos. Tendréis que ganaros mi confianza entonces para conseguir la liberación echándome una mano. Así, de paso, podréis hacer algo útil mientras… restauramos el orden. Ayudadme, y yo os ayudaré. Antes de recibir el ataque, una patrulla detectó una estación de transmisión hostil en la periferia de la ciudad. Intentamos recopilar la información que contenía para evitar… ataques como este. —Su suspiro evidencia el lamento de no haberlo conseguido—. Pero cuando llegamos, habían borrado toda la información. Solo quedaba un mensaje cifrado que, cortésmente, nuestros enemigos se encargaron de mantener junto a su traducción.

 

La capitana pulsa varias veces sobre su antebrazo y maximiza un mensaje para que todos los presos podáis verlo:

 

“ducsiñat”

 

—¿Sabéis lo que significa? —pregunta, pero nadie se atreve a asentir ni a negar, tal es el respeto que refleja la capitana—. Cabrones. Significa “cabrones”. Simpáticos nuestros enemigos, ¿verdad? Bien. Hace unos minutos hemos interceptado un mensaje de ellos que al parecer mantiene la misma capa de cifrado. El que consiga traducirlo, será considerado aliado y se ganará la libertad. Ánimo, a ver si sois capaces de resolverlo por el bien de la paz de Sumergia.

 

La capitana vuelve a manipular su antebrazo y sale el mensaje que están intentando descifrar:

 

“mohus teñ tim”

 

Intentas buscar un paralelismo que te dé las claves para resolver el sistema de cifrado. Así, podrás conseguir tu libertad.

 

Escribe la respuesta en minúsculas y con sus espacios cuando se pida la contraseña

¿TE ATREVES CON ESTA SUCESIÓN?

TrivialCNOpts

Con más aciertos de los esperados en el último acertijo (¡sois unas bestias!), nos metemos en el tercer capítulo del librojuego de Caótico Neutral. Nos situamos: estabais afrontando los test para ser aceptados como ciudadanos de la ciudad flotante de Sumergia, pero todo va a cambiar y vuestra supervivencia va a depender de que seais capaces de resolver una peculiar sucesión numérica. ¿Lo conseguiréis?

Para los nuevos, se trata de una historia en la que os convertís en protagonistas resolviendo cuestiones. Podéis seguirla desde el principio en http://www.jonicaro.com, aunque solo podréis empezar a sumar puntos a partir de este capítulo. ¡Pero estáis a tiempo de remontar! ¡Vamos allá!


ACERTIJO 3

 

CUESTIÓN DE PUNTERÍA

 

—¡Exacto! ¡Esto promete! ¡Esto promete! —grita el hombre al comprobar tu acierto y los iris de sus ojos se vuelven de un amarillo fluorescente, mostrando su alegría—. Muy bien, te has dado cuenta de que la primera letra siempre pasa a la segunda posición en la línea siguiente, de que la segunda pasa a la última, de que la tercera avanza un cuadro, la cuarta vuelve al principio y…

 

¡¡¡BOOOOOOOM!!!

 

Una explosión interrumpe las palabras del hombre. De repente, tu mente se sumerge en el caos. Tus oídos zumban por el ruido del estallido. Tu visión queda anulada por la nube de humo que se levanta a tu alrededor. Sientes dolor en la espalda, como si un pedazo de la pared te hubiera golpeado. Pero por lo demás, no sientes que tengas nada roto.

 

Toses durante unos minutos hasta que la ventilación hace que la capa de humo se disipe. Entonces, desearías no haber recuperado la visión. Delante de ti, el hombre que te estaba entrevistando yace muerto sobre su silla. Un pedazo de pared le ha golpeado en la cabeza, a juzgar por el pedazo de cráneo que falta en ella y que deja ver parte de su cerebro. Sus ojos ya no son amarillos, muestran una blancura fantasmal.

 

Dos personas entran en la habitación rápidamente y te retraes por instinto, pegas tu espalda a la pared. Si te han visto, obvian tu presencia, porque rápidamente se colocan frente al gran ventanal que hay en la estancia. Parecen dos soldados, a juzgar por el traje especial que cubre sus cuerpos. Es una coraza blanca y anaranjada de carbono reforzado, con una capa de teflón para aislar la electricidad de posibles proyectiles.

 

—¡¡Fuego!! —grita uno de ellos y las armas que llevan acopladas en sus brazos comienzan a escupir rayos rojizos despedazando el cristal de la ventana.

 

Sus disparos son contraatacados y ves cómo explosiones de luz entran en la habitación volviendo a herir tus oídos e impactando en todas partes. Te tiras al suelo como respuesta instintiva y cierras los ojos. Cuando el ruido se apaga ligeramente, te atreves a abrirlos para ver qué ha pasado. Uno de los dos soldados yace en el suelo bocarriba. Su coraza tiene un agujero del que gorgotea sangre y humo a la par.

 

—¿Qué miras? —te pregunta el soldado que queda vivo, que se ha puesto a cubierto apartándose del ventanal—. ¡Coge el cañón de mano y dispara!

 

Los calores se te suben a la cara. ¿Coger un arma? ¿Disparar? Tú habías venido a Sumergia a disfrutar de la vida, no a jugártela. Tu esfera textil te inyecta automáticamente una solución relajante y agradeces la calma instantánea que invade tu pecho y se extiende por el resto del cuerpo.

 

—¡Nos están atacando! —te grita de nuevo, desesperándose al ver tu incapacidad de moverte—. Si no defendemos el laboratorio, ¡caeremos con él!

 

Entonces, comprender la situación te da una motivación extra para actuar. Al parecer, alguien intenta derrumbar el edificio en el que estás. Y si no haces nada, acabarás entre sus ruinas.

 

Gateas hasta la posición del soldado muerto evitando exponerte a la abertura del ventanal, cuyo cristal a estas alturas ya es inexistente. Coges el cañón de mano e intentas sacarlo del brazo muerto del hombre que acaba de caer. Tienes que tirar varias veces para conseguir separar de su cuerpo ese armatoste que, te sorprendes, no pesa tanto como habías pensado a juzgar por su enorme tamaño.

 

Introduces el brazo por la parte posterior hasta alcanzar la sujeción donde insertas la mano y palpas el gatillo. Temes que por el temblor de los nervios dispares accidentalmente y tu traje detecta tu preocupación y te inyecta una nueva dosis de dopamina.

 

Te levantas ligeramente hasta poder ver al exterior y visualizas varias aeronaves que sobrevuelan el laboratorio disparando desde todos los lados. Son los atacantes. Apuntas a una de ellas, intuyendo que alineas el cañón con la aeronave y aprietas el gatillo. Un rayo rojizo sale de tu arma y… pasa muy desviado del objetivo. En el lateral del arma se proyecta una pequeña pantalla que te muestra y narra un mensaje.

 

“Desviación del disparo a la derecha: 20 unidades. ¿Ajuste de corrección?”.

 

¿Ajuste de corrección ha dicho? ¿Te está pidiendo que corrijas el disparo? Te atreves a responder.

 

—Mmm… veinte unidades —dices. No entiendes el mecanismo de corrección, pero si te ha dicho que has fallado esas unidades, deduces que es necesario un ajuste del mismo calibre.

 

Vuelves a apuntar igual que antes y disparas otra vez. Pero de nuevo vuelves a fallar.

 

“Desviación del disparo a la derecha: 10 unidades. ¿Ajuste de corrección?”.

 

Te sorprendes ante el nuevo error, aunque por lo menos ha sido menor que antes. Sin embargo, no entiendes nada. Pero intentas continuar con el proceso.

 

—¡10! —dices esta vez, esperando que el ajuste sea correcto, intentando de nuevo corregir las mismas unidades que has fallado esta vez.

 

Apuntas una vez más, de la misma manera que las anteriores veces y vuelves a apretar el gatillo. Te desesperas al ver que cometes un nuevo error. Recibes un tercer mensaje en tu arma.

 

“Desviación del disparo a la derecha: 5 unidades. Aviso, última carga. ¿Ajuste de corrección?”.

 

¿Último intento? ¿Qué significa eso? ¿Si no lo consigues ya no habrá nada que puedas hacer para defender el laboratorio y morirás en ese mísero lugar? No sabes muy bien cómo actúa el sistema de calibrado, pero piensas que tiene que haber algún tipo de relación y analizas los mensajes y resultados anteriores. Intentas hacer algún tipo de cálculo mental.

 

Cuando crees entender el mecanismo, dices la cifra con la que esperas acertar esta vez.

 

Escribe la cifra correcta con dígitos cuando se te pida la contraseña

Porque nos lo merecemos – GRATIS “El último gato vikingo”

el ultimo gato vikingo

¿Eres más de instinto o de cabeza? ¿Eres de esas personas que le da muchas vueltas a las cosas como Niels? ¿O eres de los que van a por la vida con todo como Kaysa? Por fin, ya ha salido a la luz El último gato vikingo: una historia donde las circunstancias llevan a sus dos protagonistas a actitudes totalmente opuestas y a un reencuentro… ¿imposible? Bueno, ahí tienen mucho que decir dos lindos gatitos, que como en toda la serie Cats & Books, tienen mucho que decir.

Ya puedes hacerte con esta novela animalista que mezcla historia y romance y además lo puedes hacer GRATIS. ¿Por qué? Porque como digo en el título de la entrada, nos lo merecemos. Como dije en su momento, necesitaba desintoxicarme de la parte comercial de la escritura, tan necesaria como agotadora. Así que esta historia es mi tirita, mi ponerme a escribir sin pensar en otra cosa. Llevaba mucho tiempo dedicándole más tiempo a la promoción que a las teclas. Y necesitaba algo así.

Y creo que tú, como lector, también te lo mereces. El marketing literario no solo embauca la mente de los escritores, creo que también hace que se le pierda el respeto a los lectores. ¿Qué es lo que más se lee? ¿Dónde está mi potencial lector?¿Cómo atraerlo hacia mí? ¿Atraer? ¿En serio? ¿En qué momento un lector se convierte en una cifra de venta? Necesito alejarme un poco de esa atmósfera.

Esto es lo que hago, y esto es lo que tengo. Y quien quiera llegar a lo que hago por sí misma o sí mismo, será más que bienvenido o bienvenida, porque además esa es la única manera de asegurar que mi libro llegó a alguien porque tenía que llegar, sin más. Hecho de menos esos puentes donde dos personas conectan exclusivamente por una historia, sin intereses económicos de por medio.

Así que os invito a haceros con esta historia (y con Gàta, que también he optado por esta fórmula para la primera novela con la que comenzó Cats & Books). Para ello, solo tenéis que entrar en http://www.jonicaro.com y descargar el contenido. Si sois más de papel, lo tengo puesto en Amazon a precio mínimo de impresión, pero si queréis darle una oportunidad a la lectura digital, aquí os digo por qué y cómo hacerlo. Yo desde que leí la trilogía de El señor de los anillos en el móvil cuando caminaba para recoger a mi pareja a su trabajo, leo más en digital que en papel.

Y nada más, simplemente gracias por ser parte de esta nueva etapa en la que estoy más sentimental que nunca, así que os agradeceré con la sensibilidad a flor de piel que os acerquéis a este, mi mundo.

Un saludo, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

 

DEJO AMAZON – SÍ, DE VERDAD

FRACA

Pero ¿qué dices, Jon? ¿En serio dejas Amazon? ¿Tú que tanto has dicho que es el paraíso de los escritores? Pues tras mucho meditarlo, aunque las decisiones por mucho que se piensen al final se escogen por un golpe de corazón, creo que en el punto literario en el que estoy, tengo que salir de ese, insisto, paraíso para los escritores.

Sí, he dado charlas y he hecho ponencias sobre los beneficios de autopublicar en Amazon, y mantengo cada una de las ventajas. Si alguien me pregunta ahora mismo qué camino escoger para publicar, lo seguiré recomendando. Mi dilema moral viene después, una vez el libro está publicado. ¿Se vende en Amazon? Sí, si sabes cómo hacerlo. Si no, tendrás un cero en los reportes; aún hay gente que cree que por poner el libro se vende solo.

En Amazon tienes ventas si estás constantemente informado, si te sabes posicionar en la guerra de las palabras clave, si haces las coaliciones necesarias con la mafia de las reseñas, si copias a los grandes y renuevas las acciones de marketing digital constantemente porque lo que funciona hoy, mañana ya no sirve. Bueno, se vende lo justo, no es que uno se haga rico. ¿Da para vivir de escribir? Con libros técnicos, puede. Con novelas, está jodido. Para que os hagáis una idea, haciendo las cosas muy bien se puede vivir de manera muy humilde. Pero lo cierto es que yo solo hubo un mes que superé el salario mínimo y fue porque se extendió el bulo de que El sanador del tiempo era una copia de Assassin’s Creed. Ya ves, una medida de promoción que ni salió de mí ni fue premeditada.

Lo que quiero decir es que vender libros en Amazon supone un gran esfuerzo. Y ojo, que a los escritores a vocación no nos gana nadie, ya tenemos el callo hecho. Los meses que más tiempo he podido meter a la promoción he conseguido llevar algún que otro libro al Top10 de su género, algo que se esfuma en cuanto no sigues presionando como un animal. Y yo, por vender mi libro, haría eso y más: pero cuidado, por vender mi libro.

Pero la guerra de guerillas para vender a través de Amazon hace que actúes como si vendieras cualquier otra cosa. Las técnicas de marketing digital literario no son muy distintas a las de vender un reloj. Y lo siento, pero mis personajes no son un objeto para mí. Lo peor de todo esto es que este proceso envenena, es una droga, te vicia a estar a la última porque en cuanto te despistas estás fuera. Y yo tengo que salir de ahí.

Ahora mismo necesito un cambio. En este panorama, me dedico más a promocionar que a escribir. Y me siento más comercial que escritor. Lo sé, el capitalismo es así. Pero me niego, o al menos quiero negarme. “El último gato vikingo”, novela que publicaré el 30 de noviembre, la lanzaré gratuitamente. Necesito ser leído porque sí, porque a alguien simplemente le interese y le apetezca, y poder disfrutar de esa historia mientras escribo otras, sin estar atento a un gráfico de ventas. Creo que esa será la deriva que tome de aquí en adelante, crear contenido gratuito que pueda monetizar porque el lector considera que vale la pena y quiera valorarlo y no por técnicas de venta.

PRgato

Solo me queda un cabo que atar. Los precios del libro en papel que da Amazon no los da ninguna imprenta, porque salir con mi libro a la calle y disfrutar del contacto humano es algo que no quiero perder. En tal caso, puede que sí utilice la plataforma para el formato papel, pero el digital ni en broma. Estoy valorando imprentas POD que ofrecen condiciones similares, aquí os pido vuestra ayuda: si conocéis alguna de confianza, hacédmelo saber, por favor.

Y nada, creo que con estas líneas cierro y abro una nueva etapa en este convulso camino que es el de escribir. Espero también que con esta liberación pueda tener más tiempo que dedicar al blog, al cual tengo bastante abandonado.

Así que, imagino que nos veremos por aquí más a menudo.
Nada más por hoy. ¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

¿DE VERDAD ES NECESARIO DESENTERRAR A FRANCO? – Nerea dice…

Sin título

¿De verdad es necesario desenterrar a Franco? Entiendo que los familiares de las víctimas de la guerra no quieran que en un lugar destinado a la concordia esté presente precisamente el causante de ella. Es comprensible. Incluso me parece cuanto menos curioso que la familia del dictador recurra esta sentencia apelando a unos derechos que él precisamente arrebató a los españoles.

Pero si nos referimos a la necesidad de evolucionar como sociedad, ¿es necesario tanto revuelo y tanto resentimiento? Lo hicimos mal en el pasado, sí. Eso está claro. Pero eso no se puede cambiar. Hay que aprender de la historia para que algo así no vuelva a suceder, no devolver a la vida aquello que jamás debió suceder. No creo que desenterrar el pasado sea lo mejor para avanzar. La forma más correcta de demostrar que hemos aprendido de esta desgracia que tuvieron que sufrir los que nos precedieron, habría sido precisamente llegar a un acuerdo de gobierno que demuestre que, a pesar de las diferencias, estamos juntos en esto de sacar un país adelante. Eso habría sido una lección más práctica que volver a abrir las heridas.

Pero como siempre, dejo esta opinión en los personajes de GATA en este relato breve. Creo que ellos se explican mejor que yo.

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Néstor cogió el cuchillo y se dispuso a cortar aquellas flores que con tanto recelo había cuidado. Amaba hasta la última hierba de aquel jardín y no era para menos. Que su señor, Megacles, le hubiera contratado para mantenerlo, le había sacado de las peligrosas calles de Atenas y le había permitido disfrutar de una vida más o menos acomodada lejos de la pobreza.

—¡¡No!! —grito alguien de repente y Néstor dio un respingo, estuvo a punto de cortarse con el filo de bronce.

Se giró para comprobar que la propietaria de aquel grito había sido el otro motivo por el cual agradecía poder ocuparse de aquel jardín: Nerea, la hija de su señor. Cada vez que la veía, sentía que lo que florecía era su corazón. Tenerla allí, tan cerca, hacía que le temblaran hasta las manos, y tuvo que guardar el cuchillo por temor a no tener la precisión necesaria para hacer un corte sin dañarse.

—¡No la cortes! —le dijo la muchacha señalando la flor y acercándose a él. Cada paso que daba la joven encontraba su eco en un latido del jardinero. Ella, casi todo el tiempo recluida en el gineceo, apenas tenía contacto con él, que sentía su presencia en las escasas oportunidades que tenían para hablar como un regalo de los dioses.

—Tengo que hacerlo —explicó el chico esquivándole la mirada conforme se acercaba, tal era la influencia que tenía en él—. Me lo ha ordenado tu padre.

—¡Pero es que es preciosa! —dijo ella acercándose para oler aquella colorida violeta.

—Tu padre me lo ha ordenado —siguió justificándose Néstor. Si por él fuera, cumpliría el deseo de aquella muchacha y la dejaría allí. De hecho, no tardaría en comprobar que era capaz de hacer cualquier cosa por complacer sus anhelos.

—¡Utiliza otras flores! Esas son… mis favoritas —le dijo señalando las violetas y añadiendo una sonrisa que firmaba sus palabras.

—No hay otras que las puedan sustituir. Todavía no es el tiempo de las flores. Las violetas crecen antes porque fueron regadas con la sangre de Atis cuando se cortó los… —Néstor se calló de repente, sus mejillas enrojecieron. Pensó que no procedía contarle a la muchacha la leyenda en la que el amante de la diosa Cibeles se mutilaba los genitales permitiendo que las violetas florecieran antes de la primavera.

—Se cortó los… —repitió Nerea animándole a continuar ante su silencio.

—Eh, nada, lo que quería decir es que son las mejores flores de las que disponemos en este momento y no hay otras que puedan sustituirlas.

—¿Y si son las mejores por qué vas a cortarlas? —preguntó ella en un alarde de lógica con un gesto pensativo que vaciaba el corazón de Néstor. Bueno, cualquier otro gesto hubiese servido para ello, su pecho se alteraba cada vez que miraba el rostro de aquella muchacha.

—Tu padre quiere ofrendarlas para adornar el monumento a Teágenes de Tebas. —Nerea torció el gesto ante aquel nombre que no reconocía. De nuevo otra forma de expresión más de la muchacha que impactaba en el pecho del jardinero—. Fue uno de los generales de Queronea —aclaró—. Murió en la batalla contra Filipo y tu padre quiere honrarle.

Nerea se sentó en uno de los bancos de piedra del jardín. Sabía que necesitaba una lección de historia para comprender eso. Tocó con la palma de su mano al lado de ella para invitar a Néstor a sentarse también. El joven obedeció, guardando las distancias.

—¿Y quién es ese Teógenes?

—Teágenes —corrigió Néstor—. Luchó contra los macedonios.

—Ah, sí, los que ahora nos mandan —recordó Nerea. La sarta de improperios que su padre Megacles escupía contra el dominio macedonio a diario le había hecho tener bien clara esa parte.

—Bueno, yo diría más bien con los que cooperamos. —Al menos esa era la versión que los atenienses tenían para no aceptar del todo su derrota. Según ellos, obedecían a Filipo porque así lo querían, cuando la realidad era que la batalla de Queronea había dejado bien claro que el rey macedonio había dejado de ser un pastor salvaje y tenía el poder suficiente para someterles—. Les vamos a ayudar a acabar con la tiranía persa. Juntos, macedonios y griegos, podemos conseguirlo.

—Entonces, ¿por qué rendir homenaje a aquel que intentó separarnos? —preguntó la chica. Néstor se preguntó si de verdad era simple curiosidad lo que sentía la joven o trataba de ponerle a prueba con sus enrevesadas preguntas que, ciertamente, iban cargadas de lógica. Sea cual fuera la intención, ambas complacían al jardinero, que disfrutaba de aquella conversación.

—Bueno, ya conoces a tu padre. Perdió a muchos amigos en esa batalla y es una forma de recordarlos. Se le amarga la voz cuando habla de esos macedonios…

—¿Y qué? —dijo Nerea con una naturalidad pasmosa—. ¿La culpa la tiene esa flor? ¿Por eso tiene que arrancarla?

—Es su forma de mostrar sus respetos —terció Néstor, con temor en la voz por si enfadaba a la chica al replicarle—. A él al menos le sirve para sentirse bien.

—Pues muy bien —espetó ella, cruzándose de brazos como la joven caprichosa que era—. Córtala, y que se pudra bajo una estatua que no tiene la capacidad de verla ni olerla. Aquí esta flor tiene más sentido. Imagina que uno de los esclavos la ve y se la regala a una de las concubinas que gracias a ese gesto se enamora de él. ¡Anda que no sería esa una forma mejor de aprovechar esa flor!

Néstor tembló al pensar en la posibilidad de que ellos pudieran ser los protagonistas de esa imaginativa historia.

—Ya, si te entiendo. Pero esto es lo que quiere tu padre —insistió Néstor—. Quizás habría que comprender sus sentimientos, a él le duele recordar aquella derrota y necesita de alguna manera rememorarla.

—¡Pues yo no lo entiendo! —se quejó Nerea, aumentando un grado su enfado—. Si tanto le duele, ¿por qué prolongar esa agonía? ¿No dices que ahora nos llevamos bien con los macedonios? ¿Por qué volver atrás? ¿Acaso quiere eternizar esos recuerdos que tanto dolor le causan? ¡Pues es muy tonto eso que hace!

—¡No es tan fácil, Nerea! —Néstor no sabía cómo explicarle la situación, lo difícil que era sanar las heridas causadas con el filo del orgullo. Cuando el odio llevaba hasta el punto de matarse en un campo de batalla, era muy difícil hacerlo desaparecer sin más—. Son asuntos de políticos, muy complicados.

—Ah, ya, y yo soy tan tonta que no puedo entenderlo…

—No quería decir eso… —aclaró Néstor, que se moría por decirle que la entendía, que alababa incluso la pureza de sus pensamientos, pero se debía a su señor. No quería que este le reprendiera por adoctrinar a su hija permitiéndole pensamientos que él consideraba inapropiados.

—Ahora estamos junto a los griegos —continuó la joven, intentando argumentar esa opinión que según el jardinero era estúpida—. Y dices que tenemos la oportunidad de unirnos para librarnos de los persas. ¿No será mejor concentrarnos en lo que podemos conseguir juntos que perder el tiempo en lo que en el pasado nos separó?

—Si, eso sería lo ideal, pero…

—Mira, Néstor —interrumpió Nerea, lanzada como estaba—. Si yo algún día me enfado contigo, me gustaría que pudiéramos arreglarlo y que no estuviéramos todo el día recordándonos el uno al otro lo que nos hizo enfadar.

—Yo nunca me enfadaría contigo, Nerea… —afirmó Néstor, convencido.

—Ya, porque tú me quieres —afirmó ella en sentido fraternal, sin saber que él lo hubiera ampliado a todos sus significados—. Entonces ya lo entiendo, el problema aquí es que la gente no se quiere. Si todos se apreciaran como lo hacemos nosotros, se acabarían todos los problemas —apuntilló Nerea.

—En eso estoy de acuerdo. —Sentado en el banco, Néstor intentó estirar el dedo del brazo que apoyaba en la piedra para que acariciara el de la joven. Se arrepintió de aquel intento porque sabía que tenían el contacto prohibido.

—Ya, pero de momento me quedo sin flor en el jardín —concluyó la joven—. De verdad que me da rabia. Juntos, seguro que a griegos y macedonios nos iría mejor, y hasta podríamos conseguir la gloria.

—Sí, podría ser… —afirmó Néstor dando por finalizada la conversación, sin saber que unos años después, Alejandro Magno validaría aquella hipótesis.

————————

Y hasta aquí esta reflexión, si queréis conocer más de estos personajes y disfrutar de su historia original, podéis hacerlo en la novela Gàta. Si os hacéis con ella, ¡espero que la disfrutéis!

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Un saludo, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

 

 

¿Es justa la decisión del Procés? Que nos lo digan Néstor y Ascanio

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¿Es justa la sentencia del “Procés”? No me considero independentista, pero creo que hay una forma muy sencilla de ver esto: para que dos estén juntos, ambos han de estar de acuerdo. Yo veo la independencia como un matrimonio mal avenido. Uno de los dos miembros está a disgusto, y ha intentado mostrarlo una y otra vez. El otro miembro, parece no escuchar. Prohibiendo un referendo y, ahora con esta sentencia represiva, hace oídos sordos, abofetea la posibilidad del otro de expresarse y dice claramente “estarás junto a mí, aunque tenga que usar mis puños, que para eso los tengo”.

Es curioso, porque yo creo que la solución es el diálogo. Sin embargo, políticamente la negociación se ve como una debilidad, en lugar de como un acto inteligente (y un deber política, por cierto). Pero como siempre me expreso mejor a través de mis personajes, utilizo de nuevo a los protagonistas de GÀTA en forma de relato corto para abordar esta temática. Se me viene a la cabeza un hecho que viene al dedillo: el asesinato de Alejandro Magno de su general Clito.

 

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—Los mataría a todos, uno tras otro —afirmó Néstor, intentando apagar su fuego interno con otro trago de vino—. Por traidores.

Aunque el ambiente era aparentemente festivo en el campamento militar, acorde al banquete que soberanos y sátrapas disfrutaban unos metros más allá, se podía palpar la tensión que había entre macedonios y asiáticos. Por mucho que Alejandro se empeñara en crear un ejército híbrido, muchos de los griegos no veían con buenos ojos la incorporación de persas en sus filas.

Néstor escupió el vino de manera despreciativa en cuanto su mirada se cruzó con la de uno de esos nuevos persas que poblaban el campamento. La bebida salió dispersada en forma de gotitas de su boca, avivó la llama de la hoguera que tenía delante.

—Deberías cuidar tus palabras —le advirtió su grandullón amigo Ascanio, la viva encarnación de Zeus. Sabía que el humor de su compañero se había amargado hasta el infinito tras su último encuentro con Nerea, pero aun así debía controlarse—. Que el odio no dirija tus palabras, Néstor o podrías acabar mal.

—¿Odio? —replicó Néstor, tras lo que dio una serie de tragos continuados que se deslizaron visiblemente por su garganta. Su rabia, dirigida a los persas, le hizo pensar que hasta su vino era deficiente y asqueroso, digno de esa leyenda que decía que una antigua reina babilónica había intentado envenenarse con esa bebida—. Yo diría que mis palabras son lógicas, más bien.

—Deslúmbrame con esa lógica de la que hablas —invitó Ascanio, que siempre había admirado las reflexiones del joven. Al menos, hasta que su mente se había retorcido tras la última visita de Nerea.

—Hemos arriesgado nuestra vida contra ellos. Muchos compañeros incluso la han perdido por su culpa. Y ahora, Alejandro, ¿los incorpora en nuestro ejército y pretende que combatamos hombro con hombro junto a ellos y que compartamos nuestro botín? —Néstor chistó, como si no hubiera argumento que pudiera rebatir aquella opinión. Aun así, su amigo Ascanio, que era más diestro con los músculos que con las palabras, lo intentó.

—¿Y de qué sirve mirar atrás? Ve y dile lo que piensas a Alejandro. Corre. Dile que no quieres luchar junto a esos persas que ha unido a nuestro ejército. Yo mismo enviaré de vuelta a Grecia lo que quede de tus huesos. Nuestro rey ha escogido la unión, pues todos unidos y se acabó. —Néstor hizo un gesto de desprecio ante aquellas palabras de su amigo. Negó y su ondulada y castaña melena, descuidada desde hacía tiempo, acompañó aquel movimiento. Pero era cierto. Alejandro se estaba desviviendo con la alianza asiática. Últimamente tendía a vestir con ropajes persas y gustaba de compartir sus tradiciones—. Y si esa es la decisión del gran Alejandro —prosiguió el grandullón—, esa misma ha de respetarse.

—Cualquiera diría que hablo con el gran Ascanio —dijo Néstor volviendo a llenar su copa, tendiendo su cuerpo precisamente sobre una de esas maravillosas alfombras persas que criticaba—. ¿Acaso se te ha borrado la memoria de un golpe en alguna batalla? ¿No eras tú el que despotricaba contra nuestro rey?

Ascanio, como buen griego, había criticado a Alejandro y la imposición macedonia. Sin embargo, había acabado reconociendo su valía batalla tras batalla.

—¿Y qué pretendes con la separación? —se defendió el hombretón—. ¿Griegos por un lado? ¿Persas por otro? ¿Qué nos va a traer de bueno? Lo único que va a pasar es que nos acabaremos echando de menos los unos a los otros cuando crucemos el Hindu Kush.

—Y yo qué sé. ¿Me ves cara de rey? —ironizó Néstor, aunque lo cierto era que últimamente hacía y deshacía a su antojo, como si el mundo no tuviera que ver con él y estuviera por encima de todo—. Ni yo, ni los guerreros, sabemos de decisiones reales, porque no tenemos un trono bajo el culo. Sabemos de cosas de soldados. Y hasta el mismísimo Alejandro tendrá que responder ante esas inquietudes. Solo hablo de ser escuchados, ¡Ascanio! Solo un necio no sería capaz de ver el descontento de los soldados griegos ante esta desesperada unión y no intentaría hablar con ellos para apaciguarlos…

—No, Néstor, solo un necio replicaría ante nuestro rey esperando ser escuchado. Quedarse callado es la mejor manera de conservar los dientes, amigo —opinó el gigantón.

—Los que nos queden al menos —continuó Néstor, cada vez más molesto—, porque muchos los han perdido por los golpes de las batallas que le han hecho ganar a ese rey que no quiere escucharles…

De repente, en una parte del campamento se alzó un revuelo. Todos los soldados se levantaron del suelo y se acercaron allí, dejaron su confortable posición alrededor de la hoguera y se dirigieron a un hombre que vociferaba, explicaba lo que acababa de acontecer en el banquete real.

—…así lo ha atravesado, ¡así! —decía gesticulando, como si tuviese un palo en sus manos—. El rey ha cogido una lanza de un guardia y ha atravesado el vientre de Clito. Y ahí que se ha caído muerto, nuestro gran general. Lástima de sangre guerrera que se ha perdido en el suelo… Por lo que parece, se había quejado de que los macedonios tuvieran que obedecer la proskynesis

Se refería al saludo que se hacían los persas. Si estos eran del mismo rango, se besaban en los labios. Si uno de ellos tenía un rango inferior, besaba en la mano a su superior, y si la posición era más distante, directamente se arrodillaba. Clito había estallado ante las arbitrarias decisiones que Alejandro estaba tomando al incorporar tradiciones persas y le había rebatido su condición divina, se había atrevido a decirle que no era más que un mortal a la sombra de su padre y que no tenía derecho a tomar aquellas decisiones. Y el resultado había sido que el propio rey le había arrebatado la vida por dudar de sus acciones.

—Ve, como te digo, ve ahora y dile a Alejandro lo que piensas —le dijo Ascanio a Néstor de manera irónica, una vez habían visto cómo el rey se comportaba ante las disensiones. Su amigo suspiró.

—Entonces, ¿qué? —expuso Néstor, ahora con un menor volumen en su voz y con más cuidado—. ¿Qué nos queda? ¿La obediencia? ¿No ser escuchados? ¿Así es como un buen rey se comporta ante aquellos que discuten su comportamiento?

—Así es como se mantiene un reino —sentenció Ascanio, sin mostrar si estaba de acuerdo o no con aquello, pero dejando claro que debía ser así.

—Pues vaya reino es ese que se mantiene sin escuchar a aquellos que se asquean de permanecer en él. Uno estable y duradero, sí. Pero alzado sobre unos pilares vergonzosos.

Entre los dos hombres se hizo un silencio reflexivo. Se cruzaron los brazos al pecho, y se dedicaron a seguir escuchando al hombre que relataba lo acontecido durante el banquete.

—…y después el rey se retiró, se marchó de allí llorando. Parecía arrepentido por lo que había hecho —explicó aquel hombre. De hecho, Alejandro estaría hasta tres días sin salir de su tienda, avergonzado por su acción.

—Al menos se arrepiente de lo que ha hecho… —opinó el grandullón de Ascanio.

—Faltaría más —añadió Néstor—, que además se enorgulleciera de una decisión que reprime a uno de los suyos. ¿De qué tipo de tirano estaríamos hablando entonces?

 

Espero que os haya gustado, ya sabéis que si queréis conocer las aventuras y desventuras de Néstor y Ascanio, podéis descubrirlas en GÀTA. Un saludo, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

 

 

 

¿ROMANTICISMO O ESTUPIDEZ? La delgada línea roja del amor

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¿Sobredosis de romanticismo o exceso de estupidez? Ya no quedan hombres como los de antes… ¡Pues por algo será! Me encanta esta declaración de Néstor a Nerea en GÀTA.  A la muchacha se le antoja que le traigan un gato de Egipto y él, cual pagafantas empedernido, dice que sí, que por supuesto. Y a patearse medio mundo para encontrar al bicho.

Por un lado, pienso que eso es lo mínimo que se debería sentir para estar con alguien. Tío, si no vas a hacer lo imposible por ella, déjala. Pero por otro lado, ¿sale a cuenta tanto sacrificio? ¿Acaso no es más que el resultado de un concepto romántico del amor inculcado por la sociedad?

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A Néstor, esta decisión, le cambia la vida. No os diré si para bien o para mal. Al fin y al cabo, ellos solo son los aparentes protagonistas de esta historia en la que, el que manda, maúlla y ronronea. ¡Ais! Por esos peludos sí que derribaba yo todas las barreras del romanticismo. Y tú, ¿eres de la antigua escuela o piensas que el amor pegadizo es cosa de otro siglo?

Un saludo, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

¿NO VEIS ALGO RARO EN LA PORTADA DE GÀTA?

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¡No me lo puedo creer! ¿De verdad pasa tan desapercibido? Echadle un ojo a la portada de la novela GÀTA, aquí arriba, y ahora seguimos hablando.

Vale. Lo habéis visto, ¿no? Me refiero al gato que sale en el escudo. Porque la mayoría de la gente no se da cuenta hasta que se lo digo y responde con un curioso “anda, qué gracioso, ¡si hay un gato!”. Lo cual, sería una simple anécdota de no ser porque su presencia, y la manera en la que lo hace, es clave en el desarrollo de la novela.

A ver cómo me explico sin hacer spoiler. Nerea, la muchacha de la portada, no es la protagonista en sí de la historia, no se ha ganado a pulso aparecer en primera plana. Ella representa algo en concreto para Néstor, el protagonista, lo conduce hasta el punto donde la historia tiene que llevarlo.

Y el hecho de que el gato aparezca, y lo haga en el escudo, es porque actúa como protector de según qué circunstancias a las que se ve abocado el verdadero protagonista, que es Néstor. No puedo decir más sin hacer añicos la historia, los que la habéis leído lo entenderéis, pero al hecho de que el pobre gatito pase desapercibido en la portada tenía que ponerle remedio.

Por cierto, podéis haceros con el libro aquí, y aprovecho para decir que en jonicaro.com aún está disponible la descarga gratuita si a cambio firmas la iniciativa de Change.org de bajar el IVA veterinario. No es obligatorio, te puedes descargar la novela igual; pero oye, molaría.

Y nada más por hoy, mi visita al blog ha sido escueta y anecdótica.
¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

POR QUÉ NUESTROS POLITICOS NO TIENEN NI IDEA

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¿Cómo se siente uno cuando su derecho a voto se traduce en una incompetencia absoluta? La fallida investidura de Pedro Sánchez solo significa una cosa: el escaso conocimiento de nuestros políticos sobre el concepto de democracia. Me parece un horror que alguien (el que sea, no miro a un color ni a otro) diga que quiere gobernar solo sin tener la mayoría absoluta. Pero ojo, que más terrorífico me parece eso de gobernar con mayoría; muchos asumen que es necesario para la estabilidad, y temo por este pensamiento autoesclavista.

Pero como siempre, para hablar de temas controvertidos, le dejo el micrófono a dos personajes carismáticos de GÀTA que ya conocéis. En forma de pequeño relato, dejo mi pensamiento de por qué nuestros políticos están faltando a la democracia y el por qué de su incompetencia:

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Néstor regresaba de la batalla de Issos cansado, sin un centímetro de su piel que no estuviera barnizado por polvo o arena, y con el linotórax lleno de sangre, propia y ajena, que le mostraba a qué se reducían las personas cuando la fuerza se imponía a la lógica.

Cuando llegó al campamento griego, su amigo, el titán Ascanio, ya se encontraba allí, relajado y sin síntomas de agotamiento. No sabía cómo lo hacía, pero juraba que tras cada lucha, aquel hombretón rejuvenecía varios años. No le extrañaba que algún día tras un combate su profusa barba blanca retornara a sus colores juveniles.

—Desde luego, Ascanio, juraría que disfrutas de la guerra —dijo Néstor, agradeciendo poder quitarse la armadura y dejar el pesado hoplon en el suelo.

—Y lo hago. No, no me mires así. No me juzgues por amar algo que siembra de muerte los campos. Si adoro la lucha, es precisamente para poder sobrevivir a ella.

—Yo he sobrevivido a ella —dijo el jardinero Néstor señalándose a sí mismo, a una túnica empapada por el sudor—. Y te puedo asegurar que la amo más bien poco.

—No me refiero a la supervivencia del cuerpo —afirmó Ascanio tras una carcajada—. Me refiero a la de aquí. —El gigantesco hombre señalaba con el dedo índice a su sien—. Dime cómo se sobrevive a la barbarie si uno no decide que sea agradable para él… ¿Cómo se soporta?

—Pues teniendo un ideal, Ascanio, un objetivo por el cual merezca la pena tanta destrucción… —dijo Néstor, tras lo cual se tiró al suelo, rendido.

—¡Ja! ¡Un ideal! ¿Como cuál? —preguntó Ascanio, que había atravesado con su lanza los suficientes vientres idealistas como para saber en qué quedaban esas ilusiones.

—Como el de acabar con la tiranía persa —afirmó Néstor, replicando el discurso que había llevado a tantos griegos a la guerra.

—¡Pero qué estúpido! —dijo el grandullón, sentándose a su lado—. ¿Qué más da si es un sátrapa o un rey como Alejandro el que da las órdenes? El caso es que siempre alguien quiere mandar sobre los demás, siempre. Y eso, amigo, es tan verdad como que a mí los huevos se me ponen duros de la emoción cuando voy a la batalla. Y no sé cuál de las dos cosas es más repulsiva. La diferencia es que yo no oculto mis intenciones.

—¿Y la democracia ateniense? Ahí no hay imposición, sino consenso —opinó Néstor—. Que ese macedonio nos lleve a la victoria contra los persas, ya luego le enseñaremos lo que es un buen gobierno.

—¿Un buen gobierno la democracia? ¿Y qué es eso si puede saberse? Porque yo, que la sufro, no veo sus bondades por ningún lado.

—Joder, Ascanio, ahí al menos los magistrados que representan a los ciudadanos deciden entre ellos. Se hace lo que decide la mayoría de ellos y no hay una única voz autoritaria.

—Ah, sí, la bendita mayoría —masculló Ascanio. Su rostro comenzaba a mostrar los mismos gestos que cuando estaba a punto de entrar en batalla—. La tiranía de la mayoría.

—¿Qué dices? —replicó Néstor, un poco hastiado de tanta ofuscación.

—Mira, Néstor, esto es así de fácil. ¿Cuántos somos en nuestra tienda de campaña? Cuatro, ¿verdad? —dijo antes de que el jardinero le contestara—. Imagina que tres de ellos quieren comer faisán y uno de ellos pescado. ¿Qué habría que preparar para la pitanza?

—Pues faisán, que es la preferencia de la mayoría.

—Y el pobre del pescado, que se fastidie. ¿Es eso? —Néstor asintió con la cabeza para contestar—. Dices que la democracia es el gobierno de todos, pero en este caso tres le acaban de dar bien por detrás a uno. Se come faisán y punto, el que quiere pescado que se fastidie. Te digo que no deja de ser una tiranía, solo que de la mayoría.

—¡Pero no se va a comer pescado! —se quejó Néstor—. ¿Acaso quieres que sea uno el que fastidie a tres? ¡Ilógico! ¿No sería eso una tiranía de la minoría?

—¡Quiero que todos salgan ganando, joder! ¡Eso sería democracia! —exclamó el titán Ascanio gesticulando con sus enormes brazos—. Se come tres días faisán por cada uno de pescado. En proporción. Y así todos son tenidos en cuenta, cada uno en su representación. Que solo se puede una de las dos cosas, pues faisán, pero un buen político no es el que impone el ave, es el que intenta que haya tres faisanes por cada pescado, no sé si me entiendes. Y hasta que de sus tripas no se les quite esa mala idea de que su voz tiene que ser la de todos, no verán esta puta verdad ni se esforzarán por conseguirla.

Néstor se incorporó, puso su mano sobre el gran hombro de su amigo.

—Ascanio, compañero. Te prometo que la primera vez que te vi pensé que por tu enorme cuerpo no podrías valer para otra cosa que no fuera la lucha. Que te pongan una túnica de magistrado, por los dioses, si es que la hay de tu talla. Qué gran político se está perdiendo Grecia…

 

Si quieres saber más de las aventuras oficiales de estos dos amigos, puedes hacerlo en la novela GÀTA.
Nada más por hoy. ¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

 

 

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