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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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INGENIO A TODA VELOCIDAD – Razones para amar la Fórmula 1

Muchos se sorprenden de que un friki de los videojuegos como yo, que no sabría decir ni tres jugadores del Real Madrid de fútbol, ni sigo el deporte en general, disfrute tanto con la Fórmula 1. Este pensamiento se acentúa cuando se enteran de que ni tengo coche, ni intención de tenerlo. ¿Y por qué si no me gustan otros deportes más estimulantes ni los automóviles en general, me apasiona ver coches dando vueltas a un circuito?

Porque este deporte no es (solo) lo que ocurre sobre el asfalto, sino todo lo que ocurre antes de que los coches empiecen a rodar. El verdadero fundamento de la Fórmula 1 es la tecnología máxima puesta al servicio de un objetivo: la velocidad. La verdadera competición está en las fábricas, en las mentes de los ingenieros buscando la fórmula que permita arrancarle una centésima más al cronómetro. Y esa batalla intelectual, es alucinante.

Es impresionante de lo que es el capaz de desarrollar un cerebro humano, cómo gestiona los recursos a su alcance para obtener un resultado óptimo, y la forma en la que el ingenio inventa soluciones a problemas de la nada. La Fórmula 1 no es solo velocidad, adelantamientos al límite o accidentes brutales (que los detesto, ojalá no existieran, aunque sea uno de los elementos que más audiencia generan). La verdadera Fórmula 1 son esos ingenieros materializando ideas y pensamientos en piezas para hacer un coche ganador. Es todo lo que ocurre antes de que el vehículo salga a la pista. Los que amamos este aspecto de la competición, no solo vemos coches rodando: estamos interpretando todo el trabajo previo que hay detrás.

La Fórmula 1 es ese Cooper T43 de 1957 apostando por el primer motor trasero, el Lotus 25 y el primer chasis de una sola pieza, la introducción de los alerones buscando el efecto inverso a las alas de los aviones, el primer motor turbo de Renault, el revolucionario efecto suelo del Lotus 78, la introducción de la fibra de carbono por parte de McLaren…

Cada año, algún equipo se saca un as de la manga y sorprende con una innovación espectacular. Se trata del éxito de uno de los superpoderes del ser humano: la invención. El cronómetro juzga y premia las mejores ideas, porque la verdadera carrera está en la capacidad de generar ideas ganadoras.

Esta temporada 2022 se disputará con uno de los mayores cambios de reglamento de la historia de la Fórmula 1. La nueva temporada está a punto de comenzar. Pero hace ya tiempo que muchas mentes ya han estado ardiendo tratando de buscar la mejor forma de adaptarse tecnológicamente a la nueva normativa.

Cuando el semáforo se ponga en verde, no dará comienzo la competición, sino que empezaremos a ver el resultado de esa batalla tecnológica que ya empezó antes de que los motores se encendieran. Sin duda, esta nueva normativa nos traerá muchas y diversas apuestas y elementos innovadores. Deseando estoy de disfrutar de ellos.

Si te gusta la Fórmula 1 y su evolución tanto como a mí, te recomiendo La historia de la Fórmula 1 a ritmo de vuelta rápida, un sencillo y maravilloso paseo a través del tiempo para recordar o conocer de forma sencilla la grandeza de este campeonato.

LAUDA vs HUNT – Razones para amar la Fórmula 1

Siempre digo que amo tanto como odio la Fórmula 1. Cada vez se parece más a un paseo de las estrellas de Hollywood en ese constante goteo de lujo que va enterrando cada granito de esencia deportiva que hay en la máxima competición de automovilismo del mundo. Este dilema lo refleja perfectamente la rivalidad que hubo entre Niki Lauda y James Hunt. Una historia que todo aficionado a la F1 debería conocer, y que todo amante de la motivación y superación también sabrá disfrutar.

Niki Lauda, austriaco, representante del caballerismo deportivo. El piloto correcto, educado. Disciplinado. James Hunt, británico, la bala perdida, el chico malo, irreverente, el guaperas. Agua y aceite en cuanto a personalidad, diferentes versiones de la vida que estallaron en la pista en la temporada de 1976.

Tras alimentar su rivalidad en categorías inferiores y en la propia Fórmula 1, ambos eran los favoritos para el campeonato de 1976. Hasta Nürburgring, el Gran Premio de Alemania, donde Lauda tuvo el famoso terrible accidente cuyo incendio acabó desfigurando su rostro, causándole sus características cicatrices. En el hospital, se le dio la extremaunción. Todo apuntaba al fin de su carrera automovilística. Y de su vida.

Pero Niki Lauda no solo salvó la vida, si no que se esforzó al límite y volvió a la competición tres carreras después. Impensable. Aunque tuviera que sangrar cada vez que se ponía y quitaba el casco por la piel quemada de su cráneo. No estaba dispuesto a que Hunt, que había aprovechado su ausencia para sumar puntos, se llevara el campeonato.

Lauda fue capaz de mantener a raya al británico hasta el final, de manera que ambos llegaron con opciones de ser campeones a la última carrera en Japón. Niki tenía opciones de completar la gesta de regresar de entre los muertos para ganar el campeonato. Pero otra vez… la lluvia. La resbaladiza pista trajo consigo las pesadillas de su último accidente. Y Lauda, cauto, decidió abandonar. No podía arriesgarse a volver a causar el mismo sufrimiento a sus seres queridos.

Por su parte, James Hunt, el joven arriesgado y sin miedo a la muerte, siguió adelante y en un final de carrera emocionante, logró hacerse con el campeonato tan solo con un punto de ventaja sobre el renacido Lauda. Ese año, la victoria fue para el británico. Esta rivalidad y maravillosa historia queda bien reflejada en la película Rush, la cual recomiendo.

Ese año ganó James Hunt. Pero en la vida… ¿de quién fue realmente el triunfo? James Hunt murió a los 45 años a causa de un infarto promovido por sus excesos alcohólicos. Ganó un único mundial, a pesar de tener un talento con el cual, según muchos, habría podido marcar una época si se hubiera dedicado con más atención y esfuerzo a las carreras.

Lauda, por su parte, ganó el campeonato al año siguiente sumando un título más al de 1975, junto al que también ganaría en 1984, único piloto capaz de volver a ganar un título mundial tras haberse retirado y regresado a la competición, con unos monoplazas con efecto suelo totalmente distintos a los que había utilizado para triunfar anteriormente. Se convirtió en una leyenda.

¿Qué queremos en el presente y en el futuro? ¿Una Fórmula 1 de estrellas del show como Hunt o de pilotos entregados como Lauda? ¿Cuál prefieres tú? O quizás, la grandeza de esta competición, es que hay cabida para todos. Lo cierto es que es cada uno de estos talentos, tan dispares entre sí, los que hacen grande la competición

Si te gusta la historia de la Fórmula 1, te recomiendo La historia de la Fórmula 1 a ritmo de vuelta rápida, un sencillo y maravilloso paseo a través del tiempo para recordar o conocer de forma sencilla la grandeza de este campeonato.

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