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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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YULE – La Navidad antes de la Navidad

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¿Sois muy de espíritu navideño o más tipo Grinch como yo? Respeto las creencias de cada uno, pero me sorprende que los agoreros seamos los que no queremos celebrar la Navidad, como si esta festividad hubiera existido desde siempre y lo normal sea pensar que estamos atados a ella per se. Pues no, hubo un tiempo en el que estas fiestas no eran más que celebraciones paganas que se moldearon para llevar a los bárbaros al cristianismo.

Pero como no se puede ir por ahí diciendo a la gente que está celebrando algo que en origen era pagano y que el cristianismo decidió un día convertir en su celebración religiosa por antonomasia por orden y voz de una autoridad eclesiástica y no de Dios, prefiero descargar mi frustración en un relato corto que dejo en manos de dos de mis personajes vikingos. Ya sabéis, la ambiciosa Kaysa y el supersticioso Niels forman un cóctel perfecto para representar esta idea. ¡Espero que os guste!

cenefa

UN YULE MUY CRISTIANO

Niels no podía dejar de reír, tirado en el suelo de tierra batida de su casa normanda en Caen. Aunque gran parte del mérito de aquella carcajada continua la tenía la cerveza ya casi agotada de su vaso de madera, Kaysa tenía mucho que ver con aquella diversión desmedida.

—Eso no va ahí… —le repitió el vikingo a la mujer, refiriéndose a unas figuritas de madera que supuestamente eran para adornar el pequeño pino que habían traído al hogar, y que Kaysa trataba de colgarse de los pezones.

—¿Acaso te gustan más en ese pedazo de hierba que aquí? —le preguntó ella, contoneando su pecho desnudo y haciendo que las figuritas cayeran al suelo, despertando otra estruendosa carcajada en Niels—. ¿Entonces por qué no nos olvidamos de adornar el árbol y nos centramos en otro tipo de celebración más íntima y carnal? —dijo ella abalanzándose sobre él, aprovechando que ya estaba tumbado bocarriba en el suelo para posicionarse encima.

—Kaysa, Kaysa… —afirmó él mientras la agarraba de los hombros para retener su ímpetu—. Deberíamos unirnos a los cánticos en las calles y al brindis con el resto de aldeanos…

—Oh, qué valor Niels, que me digas que prefieres unirte a los demás que seguir conmigo, sobre todo ahora que estoy sobre ti… —se quejó la mujer dedicándole una mirada pícara, esa que no tenía que fingir en exceso.

—No es eso, Kaysa… —afirmó él, y se notaba que era cierto por la parte que comenzaba a abultarse en su entrepierna—. Es que no debemos dejar de lado las tradiciones…

—¿Por qué? ¿Tanto te gustan las tradiciones? Inventemos una tú yo en este momento —sugirió ella deslizando su mano entre las calzas del hombre.

—Nada me gustaría más ahora mismo que crear una tradición que nos obligue a estar juntos y llevarla hasta la eternidad un año tras otro —comenzó a decir Niels con esa voz dulce que envolvía la fogosa iniciativa de la mujer.

—Pero…

—Pero tenemos que unirnos al resto de la aldea —repitió Niels, que no quería dejar de lado las costumbres.

—Ya lo haremos luego, haremos uso de los demás cuando nos hayamos agotado el uno al otro —dijo Kaysa, agilizando sus movimientos con la mano derecha y llevando la izquierda del normando a su propio pecho. Siempre era ella la que tenía que arrastrarle en la intimidad. A decir verdad, eso era algo que se extendía a cualquier ámbito de su relación.

—No, Kaysa, que nos conocemos —negó él retirando la mano y haciendo que ella parara—. Yo cederé a mi pasión por ti, porque soy totalmente vulnerable a ella, y para cuando la haya saciado, la celebración ahí fuera ya habrá terminado…

—¡Uf! ¡Así le quitas las ganas a cualquiera! —se quejó Kaysa, se quitó de encima de él y se tumbó a su lado, abrazándole y apoyando la cabeza en el fuerte torso del normando.

—Esta noche seré todo tuyo, te lo prometo… —se excusó Niels.

—Pero yo quiero que lo seas ahora, ¿dónde está ese Niels que todo me lo concede?

—Ahora es momento de venerar a los dioses…

—Sí, a los dioses. Esos que por lo visto tienen más importancia en tu vida que yo. Vale, lo entiendo. —Hasta la rebelde de Kaysa tenía que reconocer que por mucho que a veces los olvidara, no podía desafiarlos eternamente—. Pero hoy es Yule, ¡y también se celebra la fertilidad! —exclamó, y utilizando ese argumento como comodín, volvió a posicionarse encima de él para honrar sus creencias.

Volvió a estimular a Niels, pero esta vez no encontró respuesta. Él le evitó la mirada, y entonces ella le dio una fuerte bofetada como cada vez que esa actitud esquiva en él hacía que le ardieran las entrañas de ira.

—¿¿Qué te pasa, Niels??

—Uff… Es que esto que pretendemos hacer, los cristianos dicen que es pecaminoso…

—¿Otra vez con los cristianos? —se quejó Kaysa. En una transitiva Normandía en la que los seguidores de Cristo ya eran más numerosos que los que seguían las antiguas costumbres vikingas, Niels no podía hacer caso omiso a las dudas que se asentaban en su cabeza—. ¿Ahora es el dios cristiano el que te dice cuándo podemos darnos placer y cuándo no? ¿Desde cuándo hacerte mío hasta el punto de provocar que te derrames de felicidad en mi interior se puede considerar algo malo?

—¡¡No lo sé!! —replicó Niels, preso de sus dudas—. Pero eso es lo que dicen. ¿Y si tienen razón? ¿Y si ese Dios es más poderoso y nos castiga? Ellos celebran hoy el nacimiento de su señor. Convendría no ofenderles, no al menos hoy. Entiéndelo, Kaysa…

Pero Kaysa no lo entendió. Se levantó y se puso el pesado abrigo sobre su piel, negándole las vistas de su robusto y desnudo cuerpo a Niels.

—Pues por lo visto, sí que es poderoso ese Dios cristiano. Lo es al menos más que tus estúpidos pensamientos, que no sé en qué momento han preferido hacer más caso a las locuras ajenas que atender a la parte de mí que, quisiera creer, aún tienes dentro de esa cabezota.

Kaysa abandonó la casa dejando allí a un Niels confuso y lleno de incertidumbre. Sin apenas darse cuenta, se había visto sumergido en una batalla de dioses en la que él ni hacía ni deshacía, y mucho peor, había hecho que se olvidara de lo que de verdad le reclamaba su corazón: disfrutar de la presencia de Kaysa. Pero él, como mostraría en el futuro, no tenía la capacidad de obrar por sí mismo, obviando las creencias ajenas.

 

Si os ha gustado y queréis saber más de esta peculiar pareja y sus dificultades para ser felices, ya sabéis que podéis haceros con la novela “El último gato vikingo” de manera gratuita en www.jonicaro.com.

Un saludo, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

FELICES FUTURAS NAVIDADES

25 de diciembre de 2068. Las familias se sientan alrededor de unas mesas que proyectan nostálgicos recuerdos. La aplicación The best memories para iTable aprovecha estas fechas emotivas para aumentar sus descargas y muchas personas disfrutan de este programa que, tras una biometría ocular, transforma la memoria humana en imágenes holográficas. La última actualización permite añadir sonidos a las imágenes y las lágrimas caen recordando la voz de esos abuelos que ya no están en la cena navideña.

En los platos, la comida se muestra en cantidades pequeñas. No por su escasez, pues las últimas celdas hidropónicas en las que se cultivan los vegetales han aumentado la producción. Estos elementos tecnológicos son capaces de reconfigurar los átomos de los fertilizantes proporcionando la cantidad exacta requerida de cada uno de ellos tras realizar un análisis exhaustivo por segundo de la planta a la que albergan. No. La disminución de las raciones se debe a un concienciamiento global. Desde hace cinco años, la gente antepone su salud a los placeres gastronómicos.

Tampoco se observa proteína animal en las escasas recetas. A pesar de los avances en la carne sintética, no han sido los avances científicos los que provocaron la crisis y posterior caída de la industria cárnica. Fue algo tan humano como la empatía animal lo que instaló en la sociedad el pensamiento de que el sufrimiento ajeno no es un buen ingrediente en la cocina.

Lo que también brilla por su ausencia en la estampa familiar es la hipocresía. El neocristianismo ha dejado de celebrar la humildad con capitalismo (algunos dicen que este cambio les ha salvado de su propia autodestrucción) y, en lugar de aumentar los gastos en estas fechas como en el pasado, los fieles muestran su religiosidad disminuyendo las compras durante dos semanas y enviando los ahorros derivados de esta costumbre a fines benéficos. La empresa más beneficiada de estas donaciones, dicen, es Cereals at home, una organización que envía kits de cultivo a las familias más desfavorecidas. Sus productos contienen todo lo necesario para realizar una plantación a pequeña escala capaz de alimentar a toda una familia durante un año. Aseguran que su formulación puede hacer crecer cultivo de regadío incluso en el mismo desierto. Quien pasa hambre, es porque quiere, dice su eslogan.

Lo que sí hay alrededor de la mesa es envidia y celos. Las nuevas redes sociales, haciendo apología acrecentada del postureo, han encontrado la forma de magnificar los logros propios mediante modificaciones personalizadas de las publicaciones en función de la cuenta que visualiza la entrada. InstaGrammy, por ejemplo, hace que una grabación musical simple y casera parezca merecedora de premios internacionales. En cuanto a los sistemas de mensajería, han encontrado la manera de proteger la información de tal manera que ya no son una de las principales causas de ruptura en las parejas como habían llegado a serlo casi a mitad de siglo. Ese exceso de confianza ha promovido más infidelidades. Y los padres, que no terminan de hacerse con las nuevas tecnologías, cada vez se ven más distanciados de sus hijos.

Ah, a veces pienso que los avances tecnológicos solo sirven para amplificar nuestras virtudes y nuestros defectos. Es tan triste seguir viendo que la gente continúa sin depurar todo aquello que pone tras los megáfonos de la tecnología…

 

Y esta es mi forma de desearos unas Felices Fiestas. No esperéis a que las cosas mejoren en un futuro. El avance del tiempo nos traerá nuevas posibilidades, pero lo que de verdad nos traerá la felicidad es el uso que hagamos de ello. Y el proceso de ser mejores siempre empieza hoy, ahora. No hace falta esperar al futuro, ni siquiera a que un 25 de diciembre nos digan que tenemos que ensalzar nuestro espíritu navideño… Nuestro futuro se construye hoy, lo que seremos dentro de diez segundos o cien años depende de lo que hacemos en este preciso instante. Hagamos un futuro más humano. ¡Feliz Navidad!

P.D.: y de paso, utilizo este pequeño relato para mostraros lo que Jon Ícaro os traerá después de navidades. Se avecina una etapa muy cargada de ciencia ficción. ¡Teng una ilusión tremenda por enseñar cosas nuevas!

 

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