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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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¿ESTÁS A FAVOR DEL “APAGÓN CULTURAL”?

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¿Qué os parece el “apagón cultural” promovido por la Unión de Actores? Cuidado, que van a volar cuchillos. Yo mi opinión la tengo clara. No digo que sea la correcta, y de hecho me encantará leer opiniones contrarias para tener un punto de vista más completo. Porque la verdad, me cuesta bastante entender esta rabieta.

En resumen: la asociación de actores se queja de que el gremio no recibe el dinero suficiente por parte del Estado. Nada nuevo bajo el sol. Lo llevan haciendo desde… siempre. Cada gala que hacen es para lanzar balas verbales y quejarse de lo maltratados económicamente que están, en lugar de centrarse en los premios y premiados. En su pasión.

Como medida, han decidido no publicar nada de contenido cultural este fin de semana, para que la gente se aburra hasta la muerte (nunca mejor dicho en los tiempos que estamos) y hacer ver así lo importantes e imprescindibles que son. En resumen, “como no me pagan lo que quiero, me pongo en huelga”.

Me parece legítimo su derecho a hacerse notar. Pero, perdóname, ¿hacerlo con la intención de que te paguen por hacer “cultura” alguien que no son tus espectadores? Es decir, ¿estás reclamando que te den dinero público porque no eres capaz de generar clientes? O, siendo claros: como lo que haces no genera interés, reclamas que se te pague a la fuerza por otro lado. Porque sí. Porque tú lo vales, aunque no lo demuestres. Creo que han perdido el norte. El objetivo en el que tienen que enfocarse son sus espectadores y les están perdiendo el respeto. En lugar de mejorar para ellos, se comportan como mercenarios.

En este mundo están los que se han adaptado a los nuevos modelos de negocio y a sus espectadores. Que se lo digan a los de “La casa de papel”. Están también los que sí consiguen triunfar con sus películas, y que yo sepa no devuelven parte de sus ganancias al erario público. Y después está el resto, los que se aferran al argumento de la cultura para que se les pague por un trabajo con el que no han conseguido trascender. Como si la cultura fuera algo objetivo.

Lo digo desde conocimiento de causa, porque los escritores somos los que más sufrimos esta dura realidad. He visto libros con una riqueza cultural brutal morir a base de polvo. O una persona podría leerse mi libro Gàta y aprender de manera más o menos entretenida la historia de Alejandro Magno. ¿No es eso cultura? ¿No es cultura también los libros que escribís muchos de vosotros? Y no por ello vamos reclamando una paga por el simple hecho de escribirlos.

Sabemos que es muy difícil ganar dinero escribiendo, pero eso va en la vocación. Nos reinventamos para sobrevivir, inventamos mil maneras de generar interés a través de un texto, nos adaptamos, buscamos la forma de llegar al lector sea como sea, PORQUE ÉL ES NUESTRO ÚNICO OBJETIVO Y A QUIEN NOS DEBEMOS. Y si no lo conseguimos, morimos con nuestra obra en paz, sin hacer ruido. Hacemos autocrítica y aprendemos, y una vez recuperadas las fuerzas, lo volvemos a intentar enfocándonos en el único capaz de levantarnos: nuestro lector; nuestro espectador. Porque solo ellos pueden ejercer de jueces. Si lo que hacemos es cultura o no, si es necesario o no para la población, son ellos y solo ellos los que tienen que decidirlo.

Me parece indignante que reclamen un reconocimiento (económico, por cierto) que no han conseguido por parte de aquellos que verdaderamente tienen que dárselo. Y sobre todo que lo hagan en estos tiempos, donde todos los esfuerzos gubernamentales han de centrarse en lo sanitario. Más grave es si cabe que decidan hacer un apagón cuando la gente más necesita de entretenimiento confinados en casa, cuando pueden ser más útiles socialmente. Pero mira que ellos prefieren hacer uso de esa utilidad para erigirse como salvadores y necesarios. Gracias por tanta solidaridad, en serio. Os debemos la vida.

Bueno, puede que al menos les sirva para comprobar que hay otras alternativas que se dedican a reinventarse y que por eso no necesitan pedir el reconocimiento a base de exigencias y presión política. Que se lo digan a Netflix. Y puede que entonces se den cuenta de que ni son tan necesarios ni se les echa tanto de menos.

Aunque en algo sí que tengo que darles la razón: en este país no se valora lo suficiente la cultura ni el esfuerzo que se invierte en ella. Si alguien puede piratear y conseguir una obra gratis, lo hace. No empatizan con los autores. Hablo de mayorías, por supuesto. Generalizo. Excluyo a esas minorías que nos hacen seguir escribiendo páginas, que nos dan la vida con cada comentario. Pero no podemos quejarnos de la situación y echar balones fuera. Algo tendremos de culpa, digo yo. Es nuestra responsabilidad generar interés y crear valor y reconocimiento. Algo estaremos haciendo mal si no conseguimos hacernos valer con lo que hacemos.

De hecho, eso me acaba de recordar un modelo de negocio para el arte que pienso llevar a cabo a partir de ahora: el Pay after show. En este caso, el consumidor accede a la obra libremente y paga después de disfrutarla lo que cree conveniente. Si no le ha gustado, si su disfrute ha sido cero, pues no pagará por ello. Si la ha disfrutado, pagará lo que crea conveniente. Al fin y al cabo, tampoco es justo pagar previamente por algo que no sabes si te va a gustar.

Lo sé, pensaréis que es un modelo… ¿insostenible?  ¿Eso de poner las obras con acceso libre es un suicidio? No lo creo. Pienso que es una forma efectiva de concienciar a la gente de que todo proceso de creación merece la pena ser recompensado. A la larga, solo cuando la sociedad sea consciente de ello, los artistas podrán vivir de lo que hacen. La solución es más social que política. Como consumidor, practico este modelo, me ayudó a conseguir esa conciencia y soy un fan de él. Y como creador, en concordancia, pongo a partir de ahora todos mis libros de libre acceso.

Lo que no voy a hacer es quejarme por la evidencia de que no se venden libros, ni exigir una remuneración aferrándome a que son cultura si no soy capaz de venderlos, porque al fin y al cabo este es un concepto un tanto laxo. Y mucho menos, voy a quejarme en estos tiempos.

Si en algún momento tiene que reivindicarse la cultura en su formato de entretenimiento, es ahora, de acuerdo. Pero no con un apagón. Si alguien puede evadirse un poco de la situación o entretenerse en esta cuarentena eterna con una de nuestras obras, pues deberíamos sentirnos unos privilegiados porque es una realización personal inmensa y una oportunidad de demostrar la valía del arte. A mí no se me ocurre mayor recompensa que saber que en estos tiempos alguien pasa un buen rato leyendo una de mis historias. Así que, por mi parte, de apagón nada; más encendido que nunca.

Un saludo, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

 

¿TÚ NO TE MUERES POR VER “THE WITCHER”?

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Lo confieso. Desde que vi el anuncio he contado los días hasta la publicación de esta serie, que por fin ya está disponible en Netflix. Hacía tiempo que no sentía ese nerviosismo, esas ansias por disfrutar de una serie, película, libro o cualquier tipo de obra, y eso que yo soy de los que se ilusionan con cualquier cosa. Los que me conocéis sabéis que no soy muy de portadas, que me gusta escudriñar entre la masa indiferenciada para encontrarme con autores y obras que son joyas en la sombra. Pero es que Sapkowski es mucho Sapkowski…

Ya lo he dicho muchas veces, está escrito. Andrzej Sapkowski es mi escritor favorito. Creo que tiene el equilibrio perfecto entre descripción y ritmo. Usa las palabras justas para meterte de lleno en la escena, y lo consigue sin utilizar ni una de más ni una de menos; sin florituras. Y sus potentes diálogos marca de la casa son regalos literarios para todo lector que se precie. Casi puedes diferenciar a cada personaje por su forma de hablar. La saga de Geralt de Rivia fue un antes y un después en mi devenir como lector, me sacó de la fantasía de colores tolkeniana para meterme en una realista y dura fantasía épica.

Los videojuegos de esta saga no he podido tocarlos, porque me falta potencia informática. También los tengo en mi lista de deseos, ya sabéis que a mis treinta y pocos soy un defensor nato de los juegos virtuales. El caso es que debido a eso voy todavía más virgen a la serie. No tengo ninguna imagen prefabricada del brujo, voy a abordar esta producción a pecho descubierto. Sí comparto la opinión de que me esperaba al actor más viejo y no tan idealizado, pero This is hollywood, lo entiendo.

Temo las producciones de Netflix. En cuanto a las películas, cada vez me da más la impresión de que tienen tanta prisa en fichar estrellas que en producir, y en cuanto a las series, qué decir de su abordaje a la adolescencia. Creo que a The Witcher le habría pegado más el estilo HBO. Pero he de reconocer que el anuncio me ha ganado. Veo seriedad y nivel. A mí, que se haya hecho alusión al concepto del mal menor, ya me tiene ganado. He oído muchas quejas, pero lo cierto es que no me han quitado ni una pizca de ganas. Soy consciente de la dificultad del salto del papel a la pantalla, y voy con la intención de disfrutar en lugar de buscar fallos o críticas.

Así que, seguramente al caer la noche me deleite con esta historia que tanta diversión me ha dado en forma de palabras, y que espero que siga dándome en su formato en imagen animada. ¿Y vosotros? ¿Os habéis puesto ya manos a la obra? ¿Qué os parece? ¡Sin spoilers, eh!

¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

NETFLIX mató a la estrella de la literatura

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Aunque no lo parezca, de fondo está Netflix en la tele y, lo prometo, la foto tiene sentido respecto a la entrada de hoy

El vídeo mató a la estrella de la radio, que cantaban The Buggles. Y después llegó Internet e hizo lo propio con las celebridades de la pequeña y gran pantalla. Y en esta guerra literaria, en la que el libro siempre ha sobrevivido con esmero y dificultades, aparece un nuevo enemigo dispuesto a sentarse en el trono del entretenimiento: Netflix.

¿Pero habéis visto el interminable catálogo de Netflix? ¡Harían falta cien vidas para completar solo una parte! Y está invadiendo todas las casas, y enganchando a la gente, y… Espera, que recupero el aire. Veo la filia a las series que se implanta cada vez más a mi alrededor y una duda me aprieta el corazón: ¿a quién le va a quedar tiempo para leer?

No, en serio. Si ya la afición a la literatura está mermada, el hecho de tener siempre una serie nueva que ver va a hacer que el «pesado y dificultoso» paso de coger un libro acabe extinguiéndose. Leer supone un esfuerzo mental, y la gente lo que quiere es llegar a casa, echarse en el sofá y tirar de mando a distancia. Lo entiendo.

El clavo ardiendo al que me aferro es que a mí ninguna serie ni película me permite la inmersión que sí me concede un libro. No me las creo. No puedo evitar pensar que los personajes están fingiendo, que no son lo que se nos muestra, por muy buenos que sean (que lo son). En cambio, un personaje de libro está creado «de novo», no es un intérpetre. Las series históricas o de ciencia ficción me las trago, y las disfruto, porque el atrezzo lo es todo. Pero el resto, que es el 90% del catálogo, me parece un orgasmo fingido. No sé cuál es vuestro motivo para seguir dándole larga vida al libro, que tenéis que tenerlo, porque en general la literatura sobrevive.

En lo personal, cuando publiqué «El sanador del tiempo», Netflix estaba todavía lejos de ser el ocioso virus que acabaría invadiendo los hogares mundiales. Pero con «Gàta», publicada recientemente, necesitaba ver con ojos temblorosos si esta tendencia al alza de consumir series iba a tener alguna repercusión. De momento, respiro (un poco) tranquilo. Supongo que será porque me conoce más gente y eso hace que me esté yendo mejor que con mi primer lanzamiento y lo vea todo tan positivo (y eso que sigo sin sacar tiempo para la promoción).

Pero oye, que si se vende menos, pues que se venda. Los autores tenemos ya el callo hecho a las dificultades. No es fácil nuestra tarea, pura devoción con difícil recompensa. Si las ventas decaen, solo será una muestra (más) de cuánto nos gusta lo que hacemos y lo que estamos dispuestos a sacrificar por ello. Yo seguiré escribiendo y malviviendo por mis historias, así que solo lleguen a una persona. Que estas durezas no nos hagan olvidar jamás que, detrás de cada lector, hay una persona que ha apostado por nosotros, y que es  honor y deber convertirla en combustible para seguir avanzando en este pedregoso camino. Si el precio de las dificultades es re-enseñarnos a valorar lo verdaderamente importante, pues gracias. Por todo.

Nada más por hoy. ¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

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