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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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MI NUESTRA HISTORIA #6 – Tú decides

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¿En qué estáis convirtiendo a Prisco? No, en serio, me está encantando la evolución del personaje, y es gracias a vosotros. De nuevo ha ganado la opción más perversa, habéis votado que Prisco se convierta en un saqueador (por el bien de su hija, todo sea dicho). Esto plantea algo muy interesante. Cuando encuentre a su esposa (si la encuentra), ¿seguirá siendo el mismo Prisco del que se enamoró? Ahí lo dejo. Abajo tenéis un nuevo capítulo.

Para los nuevos, como siempre: os presento MI NUESTRA HISTORIA. Una novela de corte histórico y romántico en la que, al final de cada capítulo, votáis para decidir cómo seguirá la historia, participando activamente en su desarrollo. Dejo a continuación los enlaces a capítulos anteriores y un breve resumen para que os animéis a formar parte de esta iniciativa en un par de minutos. Y, ya sabéis, también podéis seguir la historia de manera más organizada y con avisos sobre los capítulos nuevos en la aplicación Jon Ícaro (Play Store).

CAPÍTULO 1  // CAPÍTULO 2 // CAPÍTULO 3 //  CAPÍTULO 4 // CAPÍTULO 5
Resumen: Prisco es un joven comerciante de vino de la provincia romana de Moesia que un día ve su vida truncada cuando los dacios invaden su aldea y se llevan a su mujer. Para rescatarla, se une a un grupo de auxiliares bárbaros con la intención de adentrarse con ellos en territorio dacio y llegar al ejército romano con el que espera derrotar a Dacia y recuperar a su esposa Sentia. Las pruebas para ser aceptado en el grupo bárbaro ya han hecho que su hija reniegue de él, y ahora deberá saquear a inocentes para poder seguir en este viaje que está siendo más duro de lo que esperaba.

 

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El asalto por parte del grupo al que acompaña Prisco a la aldea dacia es inminente, y Prisco sabe que debe ser parte de él. Los bárbaros se lanzan enajenados contra esta en cuanto aparece ante sus ojos. Los primeros en llegar disfrutarán de las mejores mujeres, los mejores alimentos y los botines más destacados. Prisco es retenido por su conciencia. Es consciente de que tiene que robar por el bien de su hija, pero no quiere disfrutar del proceso. No se alegra como parece que lo hacen sus compañeros.

El joven comienza a correr colina abajo, sus sandalias pisan la estepa dacia y acortan la distancia respecto a unas casas selladas que albergan aldeanos atemorizados, como si fueran pajarillos en sus jaulas. Cuando Prisco llega a la pequeña villa, pocas son las barricadas de escombros que no han cedido a la embestida bárbara. Muchos hogares ya han sido profanados, tal como anuncian los gritos de agonía. Entre los alaridos de pavor y dolor se mezclan otros de placer, provenientes de los britanos que han forzado alguna hembra dacia para tranquilizar sus instintos salvajes.

Prisco busca alguna puerta intacta que muestre que el interior de la casa todavía no ha sido saqueado. Encuentra una alejada de las granjas y sabe que no es casualidad. Espera no tener que arrebatar los escasos víveres de una familia pobre y con poco acceso al sustento. Resopla y agarra con fuerza su escudo, un scutum ovalado que tiene la forma del cetratus de las tropas auxiliares. Toma carrerilla y embiste con él contra la madera que le separa de los alimentos que necesita para sobrevivir.

La puerta no se mueve ni un ápice.

Vuelve a intentarlo y lo único que consigue es un agudo dolor en su hombro izquierdo. Mira alrededor y observa cómo actúan sus compañeros. Entonces, decide intentar el método de la patada. Golpea fuertemente con la planta del pie en la puerta y su rodilla derecha le hace inclinarse de dolor. Mira al frente y se da cuenta de que no ha conseguido progresar.

—Prueba con esto —le dice un britano a sus espaldas. Es Urel. Cualquier otro estaría riéndose de él. En cambio, el hijo del líder le ofrece ayuda. Le tiende una tea encendida—. Lánzala sobre el techo de paja. El humo les hará salir. Después, entra y coge todo lo que esté a tu alcance. Pero sé rápido, no quiero tener que recoger tus cenizas.

Prisco inclina la cabeza y Urel sigue su camino. Se siente agradecido. ¿Agradecido? Ahora no solo va a robar a una pobre familia, sino que va a incendiar su hogar. Pero es lo que tiene que hacer por su hija. O, al menos, intenta convencerse de ello.

Lanza la antorcha y la puerta se abre antes de lo esperado. Antes siquiera de que el techo arda lo suficiente.

—¡Fuera de mi casa! —grita el hombre que aparece ante él, un veterano que solo conserva pelo en los laterales de la cabeza. Lleva un podón con una hoja grande y curva en su mano derecha—. ¡O te rajo la barriga!

Prisco agarra su espada celta con más fuerza, asustado. Sabe que la herramienta agraria del hombre atravesaría sin dificultad su túnica de lino.

—¡No quiero hacerte daño! —dice Prisco. Su tono de voz no es el de un guerrero, no impone lo más mínimo. Casi se le puede escuchar temblar, y eso envalentona al hombre que tiene delante.

—¡Lo que tengo se debe a mi trabajo! ¡Me cuesta sudor y sangre conseguirlo! ¡Y no me lo vas a quitar!

El hombre sabe que, si le roban su comida, no vivirá un invierno más, y con esa fuerte convicción ataca a Prisco. Lanza dos puñaladas que Prisco esquiva, más por miedo que por disciplina militar. El podón está diseñado para cortar, no para herir de manera punzante, por lo que su rival, consciente de ello, alza el brazo y esta vez ataca verticalmente. Prisco intercepta el golpe con el escudo. Se escucha el quejido del metal de su protección al recibir el impacto. Como enloquecido, su enemigo enlaza un ataque tras otro, abollando el scutum de Prisco y esperando un error en la cobertura para atravesar su cuerpo.

Prisco, actuando meramente de manera defensiva, se acostumbra al ritmo de ataque del hombre. Sabe, exactamente, cada cuanto tiempo le golpea con su herramienta. Y, entonces, aprovecha uno de los intermedios para apartar el escudo y lanzar su espada, que consigue atravesar el estómago de su rival. Esta vez ha aprendido. Ha atacado con todas sus fuerzas para no efectuar solamente una herida superficial. El filo ha atravesado completamente el cuerpo de su contrincante, que, entre estertores y vomitando sangre, aún intenta lanzar un ataque más.

Pero Prisco retuerce su espada, aumentando el daño y acabando con toda intención de seguir luchando de su rival. Se descubre a sí mismo disfrutando de la victoria, se siente poderoso al derrotar a su enemigo. Extrae el arma y el hombre cae al suelo, inerte.

Prisco entra en la casa, que ya ha comenzado a arder. Se encuentra tres niños confusos, llorando en una esquina. Intenta no mirarlos y se dirige a la despensa. Llena el zurrón con pan y queso y se marcha antes de que el humo invada sus pulmones. Abandona la aldea sin mirar atrás.

 

De vuelta a la retaguardia del grupo de britanos, Prisco se acerca a la carreta que carga lo más preciado para él. No son los víveres, ni las armas, ni las tiendas de campaña… Es su hija. La pequeña posee las piernas demasiado pequeñas para aguantar el ritmo de avance de los guerreros, por lo que permiten que viaje sobre uno de los carros. Además, ese permiso era una de las condiciones por las cuales Prisco cedía su caballo para tareas de carga.

—Toma, lo he conseguido para ti —dice Prisco mientras le extiende un trozo de queso a Naevia. La pequeña, como un gato asustado, se marcha hacia el otro extremo de la carreta.

Caridda, siempre cerca de ella, coge el trozo de queso y se lo da. En apenas tres bocados, la niña lo devora con fruición. Aún reniega de su padre, pero Prisco sonríe al ver cómo su hija disfruta de la comida. Solo por eso, ha merecido la pena el horror que ha causado.

—Dale tiempo —dice Caridda, acercándose al joven romano—. Acabará entendiéndolo. Por la noche le cuento historias de niños para que comprenda la situación.

—Y te lo agradezco. Gracias otra vez, Caridda. ¿Cómo duerme? ¿Tiene pesadillas?

—A veces tiembla y entonces la despierto, pero no creo que tenga más pesadillas que antes de que empezara todo esto. Supongo que tiene los horrores nocturnos de una niña de su edad.

Prisco quiere creerla, pero no sabe si simplemente intenta complacerlo con esas palabras.

—Pronto encontraremos a su madre y todo volverá a ser como antes. Los tres viviremos felices y sin preocupaciones.

Caridda traga saliva. Le duele pensar en la felicidad de Prisco junto a otra mujer. Siente mucho cariño por Naevia. Y aunque no quiera reconocerlo, siente algo mayor por el padre de la niña.

—Eres el primer hombre que conozco que desea el fin de la guerra para encontrar la felicidad. Los guerreros de mi tribu, al contrario, siempre piden a los dioses nuevas batallas que les den una razón para disfrutar.

—Es una buena forma de llamarme cobarde —bromea Prisco y los dos ríen—. Yo espero que todo esto acabe pronto…

—Tú quieres que la lucha termine para estar con tu mujer. En cambio, Urel parece que esté deseando comenzar un nuevo enfrentamiento para no estar conmigo.

—Él te trajo aquí —advierte Prisco, que no entiende esa queja—. Podía haberte dejado en Britania, pero quiso que vinieras para tenerte cerca suya.

—Solo quiere poder vigilarme para que no me posea otro hombre —explica Caridda, y ahora Prisco sí entiende—. Pero aquí, apenas me presta atención, siempre ocupado en hacerse cada vez más fuerte.

—Seguro que trata de ser más fuerte simplemente para poder protegerte. Yo quisiera ser tan poderoso como el mismísimo Júpiter si eso me permitiera recuperar a mi esposa…

—Respecto a eso…

Caridda calla. Está esperando el permiso necesario para expresar una opinión que sabe que no será bien recibida.

—Habla, Caridda. Siempre eres sincera conmigo.

—Tengo entendido que esperas unirte al ejército romano para derrotar a los dacios y recuperar a tu esposa.

—Esa es mi intención.

—Pero no la encontrarás tras la guerra. —Prisco tuerce el gesto ante esas palabras inesperadas—. Puede que venzas en la batalla final, y así yo lo deseo. Pero los dacios la asesinarán antes de que puedas encontrarla tras la victoria. Una vez derrotados, descargarán su furia sobre todo romano que esté a su alcance. Siempre ocurre así.

Prisco se queda pensativo. No quiere aceptar esa revelación, más que nada porque no sabe otra alternativa que lo acerque a su esposa.

—Ella tiene razón —añade Barbato sumándose a la conversación a la que estaba poniendo el oído un buen rato—. Aunque tengo dudas al respecto, puede que tu esposa aún esté viva. Es posible, aunque no probable. Puede, si los dioses quieren que aún viva, haber encontrado su hueco en la civilización dacia como esclava o ramera, pero cuando esta caiga, ella lo hará junto al reino…

—¿Y qué proponéis entonces? —pregunta Prisco, furioso. No ha pasado por tantas cosas para ver sus esperanzas truncadas de repente.

—Yo la buscaría antes de que la guerra pase por encima de ella —sugiere Barbato—. Con monedas, hasta un romano puede acceder a esclavas y putas en territorio enemigo.

—No duraría ni dos días en suelo dacio. Y menos con mi hija… —se lamenta Prisco—. Por eso os sigo.

—No si te haces pasar por dacio —dice la mujer britana.

—Imposible —niega Prisco—. No sé hablar su lengua…

—Pero yo sí —dice Caridda, sorprendiendo a los dos interlocutores.

—¿Además de romano y britano hablas la lengua dacia? —pregunta Prisco, que todavía no lo cree.

—Efectivamente. Así que partiremos esta noche. Nos separaremos del grupo. Yo quiero alejarme de Uriel y tú tienes que adelantarte para recuperar a tu esposa. Nos conviene esa opción.

—Caridda tiene razón —añade Barbato, que mira a los dos jóvenes y cree que hay cierta complicidad entre ellos—. Así puede que tengas alguna opción de llegar a tu esposa antes de que las legiones destruyan todo lo que hay más allá del Danubio.

La mujer bárbara sonríe, se siente feliz ante la idea de viajar junto a Prisco, de vivir más allá de por y para la guerra. En cambio, el joven intuye que hay algún interés oculto en la profunda mirada azul de la mujer. No sabe si fiarse de ella, aunque puede que su plan de integrarse en la sociedad dacia sea bastante efectivo para conseguir información y acercarse a Sentia antes de que el fuego de la guerra lo devore todo. ¿Debería fiarse de Caridda?

¡Votación finalizada! Puedes seguir leyendo el capítulo siguiente para ver si tu opinión coincide con la de la mayoría de los votantes. ¡Y no olvides votar en el último capítulo actual cuando llegues a él!

 

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LAS PERSONAS TRAS LOS LIBROS

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El sanador del tiempo sigue dándome coletazos de alegría. Con él me desvirgué en esto de la literatura. Una experiencia dolorosa y placentera, como son las buenas primeras veces. Pienso en el camino recorrido y sé que cambiaría muchas cosas si hubiera tenido los conocimientos y la experiencia que le debo. Pero no llego a partirme el cuello al mirar atrás, porque son tantas las cosas buenas que me ha dado, que no tengo otra opción que amarlo y agradecer todas y cada unas de las cosas que me han dado sus páginas.

Que me siguen dando.

Esta fusión de ciencia ficción y novela histórica ha sido seleccionada como una de las lecturas de junio del blog Contra la inercia. Y yo, más afortunado y agradecido no me puedo sentir. Son estas cosas las que hacen que mi corazón se sienta más poderoso y bombee unos mililitros más de sangre por segundo.

No por el libro en sí. Por lo que hay detrás. Estoy yo, que he derramado tanta ilusión y esfuerzo en crearlo. Y está el lector, que va a dedicar parte de su tiempo a darle una oportunidad. Y entre nosotros, dos personas que dejan de ser dos completos desconocidos gracias a un poco de tinta mal puesta. Espero, de corazón, que la historia esté a la altura, con sus más y sus menos, y sea del gusto del lector. Gracias por la confianza.

Nada más por hoy.
¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon! Si me sigues, escríbeme. Me hará ilusión saber de ti.

LA MUERTE DE LAS EDITORIALES

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Hoy me ha llegado la liquidación anual de “El corazón del aedo“, libro que publiqué a través de Ediciones B, y no sé si reír o llorar. Aunque, en el fondo, sonrío como ese cínico malicioso que está deseando su propia e ilógica flagelación para confirmar una verdad. Una verdad que me temo muy pronto dejará de ser solo una predicción mía: las editoriales tienen los días más que contados.

“El corazón del aedo” fue para mí un experimento, una evaluación del verdadero poder de las editoriales; un espejo en el que comparar la autoedición que abordé con “El sanador del tiempo“. Quería comprobar cuánto era capaz de hacer por mí el sello editorial. Sentir en mis carnes si de verdad era un privilegiado, si había entrado en ese mundo de los elegidos que por fin salen de la fosa común del olvido literario.

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Nada más lejos de la realidad. La repercusión conseguida con la autoedición de “El sanador del tiempo” supera en todo a “El corazón del aedo”. En ventas, en feedback, en visitas, en comentarios en Amazon… No hay color. Evidentemente, es porque he dedicado todo mi esfuerzo, mi ilusión y mi desgaste promocional a mi obra; lo cual no dice mucho ni bien de mi compromiso con la editorial, pero es que hacer lo contrario me habría hecho sentir un estúpido.

Con Amazon el autor consigue entre un 30 % y un 70 % de los beneficios; a través de editorial, solo una media de un 5 %. Si la editorial actúa como una bestia promocional, aumentando las ventas hasta límites insospechados, entiendo que se lleven ese gran pedazo del pastel, ya que en general, tanto autor como editor salen ganando. Pero a la vista de mi experiencia, si las ventas al final las tengo que hacer yo sí o sí, ¿entendéis que me sienta ahora un estúpido si ellos se quedan con un 94 % de los beneficios?

Antes, las editoriales eran un mal necesario para publicar. Ahora no. Y por lo visto, ni para vender. Sobre todo las que editan en digital, cuyo gasto cero les permite lanzar títulos a diestro y siniestro para que sus autores siembren y ellas recojan. Lo único que las mantiene vivas son sus servicios de corrección y edición, cosas que cada uno puede aprender y aplicar con esfuerzo, paciencia y aprendizaje (cosa que recomiendo). Porque publicar, con Amazon poniéndonoslo cada vez más fácil (incluso muchas editoriales realmente publican a través de su plataforma), va a ser la puntilla que dé la muerte a un negocio editorial que da sus últimos coletazos. En mi opinión.

Y es por eso por lo que he decidido optar por la vía de la autopublicación para “En el nombre de Eva“, como he comentado a los que pensáis que salir del resguardo de una editorial es un paso atrás. Yo, personalmente, no lo veo así. Quitándome el lastre de sentirme un esclavo y servidor, me siento más libre y más dueño de mi obra, y eso me anima a luchar por ella con muchas más fuerzas.

Un saludo a todos, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

 

MI SEGUNDO PARTO LITERARIO

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Recién publicada la novela “En el nombre de Eva“, vuelvo a disfrutar de ese mágico momento para todo autor que es tener por primera vez su obra en sus manos, su ilusión materializada en forma de papel entintado. Podría decirse que se trata de un sueño cumplido; pero no.

Las reglas del juego han cambiado. Ahora que publicar es (relativamente) fácil y que se puede conseguir con cierta seguridad solo con paciencia y (mucho) esfuerzo, el sueño de todo escritor ha pasado a ser que su libro no se quede en el olvido, viendo como el tiempo desintegra sus páginas, cruel metáfora de un corazón que se hace añicos al ver aquello que ama pasar por el mundo sin pena ni gloria. Ahora publicar ya no es el objetivo: es el punto de partida.

Sé que ahora empieza una nueva aventura. Pese a la alegría que me inunda el logro de tener esta historia en mis manos, ahora comienza todo. Y estoy seguro de que el éxito de “En el nombre de Eva” dependerá de mi capacidad de contagiar mi ilusión, entusiasmo y pasión por esta historia. Hasta ahora, habéis sido vosotros los que me habéis animado a seguir, los que me habéis dado fuerzas para no rendirme hasta llegar al punto final, los que con vuestros comentarios me habéis hecho amar este proyecto a lo largo de las entradas que le he dedicado.

Ahora es mi turno de demostraros en qué se ha tornado tanta energía revulsiva que he recibido. Lo que tengo en las manos en la fotografía no es un simple libro, es el reflejo de un sueño, de vuestra participación, de todo lo que este blog representa. Espero saber haceros llegar esta ilusión que me inunda, tengo fe en ello.

Gracias por todo. Seguimos en contacto.
¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

 

Y EL GANADOR ES… YO, INCLUSO CUANDO PIERDO

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Yo no. No fui el ganador esta vez. No en lo que al Certamen de relato corto deportivo CVMF se refiere, en el que me tuve que conformar con una mención especial (como si fuera poco, más que suficiente para llenar de felicidad este corazón que se excita con todo lo relativo al mundo literario).

En cambio, sí me sentí ganador en cuanto a ilusión se refiere a lo largo de todo el proceso. Desde la emoción que intenté plasmar en cada letra del relato al crearlo hasta la resolución final. Para mí fue un recorrido que tuve el honor y el placer de realizar y que me causa extrema alegría poder compartir con vosotros.

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En cuanto me confirmaron que era finalista de este certamen organizado en Sevilla y en el que participaron autores de hasta trece nacionalidades, tuve que hacer uso una vez más de esa lista en la que anoto todas las cosas buenas que me está dando esto de escribir. El día que la muerte venga a por mí, miraré esa lista de reojo y le diré venga, vámonos, que ha valido la pena pasar por esta vida.

Además del concurso en sí, de los nervios creciendo como una bola de nieve en mi estómago toda la semana anterior, de la emoción de poder compartir mi relato con los asistentes, de la apoteosis del nombramiento final del ganador… Además de todo eso, este concurso trajo algo más de felicidad a mi vida de manera indirecta.

Al ser en Sevilla, fue el pretexto perfecto para viajar allí y para que mi pareja pudiera conocer a una sevillana que se había convertido en una de sus mejores amigas desde la distancia y que ya era hora de conocer en carne y hueso. Siempre digo que poner toda la pasión en algo atrae otras cosas buenas, y a mí la literatura me está dando muchas pequeñas cosas que ocupan un lugar gigantesco en mi corazón. Unas son de manera directa (una reseña sobre algún libro mío inesperada, un correo electrónico de alguien que le ha gustado lo que escribo…). Otras, no tienen nada que ver con mis libros y ocurren de manera indirecta, pero no habría llegado a ellas de no haberme puesto a escribir.

Este concurso tuvo mucho de unas y mucho de otras. Y me apetecía dejarlo aquí plasmado, como hago con todas las cosas que me alegran la vida.
Un saludo, ¡nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

 

ALEGRÍA POSTAL – “El horror de zarpas afiladas”

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Ya sabéis que cuando me preguntan cuáles son mis autores favoritos, siempre hay un hueco para Luis M. Núñez (dueño y señor del blog Lord Alce lee y escribe) en la enumeración que utilizo como respuesta. A poco que me hayáis seguido por aquí, esto no será una sorpresa para vosotros.

Así que, imaginad la alegría que me ha causado abrir un sobre entregado por una trabajadora de Correos (a mis ojos más bien una reina maga) y que contenía no solo la última entrega de la saga de la agente Lucía Utrilla (El horror de zarpas afiladas), sino también La semilla, el capítulo que inicia esta serie policíaca con tintes de fantasía oscura.

Tuve el honor y el placer de ser incluido entre los lectores cero de esta novela, lo cual ya me causó una tremenda ilusión y alegría de por sí. Así que, recibir un ejemplar ha hecho que me desangre de felicidad. Es esta cercanía lo que hace que la literatura sea algo más, estos son los réditos inherentes a la lectura que hacen que leer sea una pasión.

Hay detalles que hacen que por mucho que intente ser cada vez mejor escritor, me quede sin palabras. Si el cardiógrafo entendiera de caligrafía, manifestaría los latidos de mi corazón en forma de GRACIAS en la pantalla.

Simplemente quería haceros partícipes de esto, que me ha hecho mucha ilusión.
¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

 

 

POLITEÍSMO SEXUAL

Hoy voy a ser breve, que ya hay bastantes palabras en las imágenes que quiero compartir. Sabéis que mi próximo proyecto va a ser un recorrido histórico a base de romances en verso y textos breves románticos. Sabéis también que en cuanto escribo algo que me gusta tengo la necesidad de compartirlo, porque el amor manda. Bueno, si atáis cabos, ya sabéis de qué va la entrada de hoy.

Con todos ustedes, uno de los capítulos que pululan todavía por el horno. En cuanto al contexto histórico, es un reflejo metafórico del final del Egipto faraónico en el que, tras el triunfo de los sacerdotes de Amón, Sabako intenta devolver a Egipto su pasado politeísta. ¡Espero que os guste!

 

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P.D.: Insisto en recordar que estamos en los últimos días de precio por debajo de la barrera de 10€ para “El sanador del tiempo“.
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EDAD INCOMPLETA

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Por fin tengo tiempo para desintegrarlo devorando letras. Así que esta tarde he decidido darme una vuelta por la Biblioteca Pública de Alicante a ver si algún libro me elegía para que lo leyera. Mi único criterio, que fuera una novela histórica medieval (a poder ser, una novela breve, pero ya sabemos que esos dos conceptos parecen ser agua y aceite, motivo por el cual decidí escribir El sanador del tiempo). Si en El sanador del tiempo me transporté a la Edad Antigua, en mi nuevo proyecto me embarco en la demasiado idealizada Edad Media, por lo que me apetece leer algo de esa época.

Me encanta deslizarme por los pasillos hasta que un libro llama mi atención. Esta vez le ha tocado el turno a Del norte a Jerusalén, libro perteneciente a la Trilogía de las cruzadas de Jan Guillou. Voy prácticamente a ciegas. No sé nada del libro (a veces me gusta saborearlos con mi mente en forma de lienzo en blanco, sin estar bosquejada por opiniones ajenas). Del autor he leído que es de los escritores con más éxito de Suecia y que incluso existe una ruta turística a través de los destinos que atraviesa el protagonista.

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Promete. Pero realmente no sé nada de este libro. Así que, os cedo la palabra y, si alguien lo ha leído, agradezco su opinión. Si no, en un par de semanas tendréis una crítica en este blog.

¡Un saludo!

EL INCONSCIENTE DE JON ÍCARO

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MIÉRCOLES DE JON ÍCARO

Hoy es el día de la semana más egocéntrico del blog, porque me toca hablar de mí, o mejor dicho de mi extensión mental: mi obra.

Uno de los circunstancias más interesantes de El sanador del tiempo es la relación que hay entre Poul Reenberg como sanador y el subconsciente de Tuyi, su primera paciente. En MediTime, los sanadores acceden al subconsciente de los pacientes donde se retienen los traumas de vidas pasadas para resolverlos mediante una simulación virtual que les lleva al pasado. Eso está mejor explicado en la novela, lo prometo.

Entonces, Poul viaja mentalmente a distintos lugares en distintos tiempos donde vive espectaculares aventuras con una representación atemporal de Tuyi. Y ya se sabe que el roce hace el cariño. Más aún cuando el roce implica vivir situaciones extremas, salvarse mutuamente y compartir aventuras de esas que dejan huella. En tales condiciones, no desvelaré nada, pero uno se imagina que es difícil no compartir sentimientos más allá del afecto.

Pero… si bien Poul está consciente durante la terapia, la paciente no lo está. Todo se corrige a nivel de subconsciencia, sin que ella se entere. ¿Qué significa esto? Que a pesar de haber vivido tantas cosas juntos, si la paciente llegara a despertar, sería incapaz de recordar nada de nada. Y el interventor (que así se llama a los terapeutas en MediTime), después de haber creado tantos lazos, de haber salvado la vida de la paciente, verá a los ojos de ella que es un completo desconocido. Que no sabe quién es ni lo que ha hecho por ella.

¿Y os imagináis cómo os sentiríais vosotros si tras haber cuidado y haber dado tanto por una persona, de repente, os convertís en completos desconocidos como si su memoria se hubiera evaporado? Pues es una de las situaciones que más me ha gustado crear en Poul Reenberg en El sanador del tiempo.

Un saludo, ¡y mañana más!

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