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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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LECTURA CONJUNTA ONLINE y SOLIDARIA – GÀTA

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Como cada vez que se me rompe el alma, deshago mi ausencia por estos lares (casi un mes esta vez) y vuelvo a pedir vuestro hombro para apoyarme. Y llorar, de rabia e impotencia. Pero esta vez, os pediré incluso algo más.

Los que habéis estado al tanto de mis últimas entradas y de mis publicaciones en Instagram, ya teníais muchas pistas sobre mi próximo trabajo: una novela por y para los gatos, donde estos animales eran los protagonistas tanto dentro como fuera de sus páginas. Esperaba con ella ir más allá del papel, con la intención de otorgarle fines solidarios. Le debo mucho a los gatos, solo ellos han descubierto rincones ocultos en mi corazón, y esta iba a ser mi forma de agradecérselo (en especial a mi Leore, siempre en mí).

Pero la brutal e inhumana irrupción de unos desalmados en la protectora Felinos lo Morant matando a golpes a nueve gatos lo ha acelerado todo. A esa protectora le debo las dos bolas peludas que inundan de amor mi hogar, y no puedo quedarme de brazos cruzados. Así que, a modo de tirita para intentar curar esta herida emocional se me ha ocurrido hacer una lectura conjunta solidaria de la novela que estaba terminando de editar y darle uso incluso antes de su lanzamiento.

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¿Y cuál es la idea? Pues los participantes recibiréis en el correo los enlaces a la parte privada de la web con los capítulos en los que se podrá comentar, de manera que podáis compartir vuestras impresiones y opiniones con otros lectores que estarán leyendo lo mismo y al mismo tiempo. La lectura comenzaría el miércoles 5 de diciembre, enviándose el acceso a un nuevo capítulo cada 2 o 3 días. Los que os animéis más tarde o no podáis llevar ese ritmo, no os preocupéis, los capítulos seguirán siendo accesibles y los comentarios se mantendrán para que los sigáis a vuestro gusto.

¿Y cómo lo hacemos solidario? La idea es que para participar cada uno aporte 1 € (o lo que pueda y quiera). El pago se hará directamente a ellos, bien a su cuenta de Paypal (felinoslomorant@hotmail.com) o con cualquiera de los métodos que exponen en su página web.

Así que, si quieres animarte a esta iniciativa que espero que sea exitosa, solo tienes que escribir al correo jonicaroescritor@gmail.com comunicando tu deseo de ser parte de esta lectura. ¡Así de fácil! Si puedes, envía una captura de tu aportación solidaria, aunque no es requisito indispensable su demostración, se asume que aquí todos actuamos de buena fe. Recibirás una respuesta lo antes posible con las instrucciones para formar parte de esta, espero, gran iniciativa. ¡Necesitamos tus maullidos!

 

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Y para finalizar, dejo aquí la sinopsis de la novela, que espero te atraiga y te anime a leerla:

“Nerea, una joven ateniense, está dispuesta a disolver su compromiso con el aristócrata Leandro si este no le consigue un gato de Egipto. Ese capricho, esa estupidez a ojos ajenos, está a punto de acabar con un futuro matrimonio necesario para su familia.

Además, hay alguien dispuesto a conseguirle ese gato y que hará todo lo que esté en su mano para ello: Néstor, el jardinero del hogar. Lo que Néstor no sabe, es hasta qué punto tal cometido le acabará cambiando la vida a él mismo y a los que le rodean, cuando el oportuno felino acabe demostrándole que a veces los animales nos convierten en humanos.”

Jon Ícaro - Gàta Novela histórica y romántica

 

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PLAGIO DE ASSASSIN’S CREED – No hay bien que por mal no venga

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Bueno, pues ya sé a qué se debió el boom de las ventas de septiembre. Me gustaría decir que fue debido a la calidad de El sanador del tiempo, a su cautivador argumento, a su excelsa prosa… Pero no: resulta que se me acusa de plagio de Assassin’s Creed. Y ese, y no otro, ha sido el motivo por el cual la curiosidad se ha acabado transformando en ventas. Que hablen de ti; aunque sea mal, pero que hablen.

Conste que ya hice una entrada hace mucho sobre este tema. Alguno que otro me comentó las similitudes entre mi historia y la de la Ubisoft y, si bien no me pareció que tuvieran semejanzas más allá de las propias que con cualquier otra novela basada en viajes en el tiempo, me sentí halagado. No he jugado a esta saga de videojuegos, aunque la tengo en lista de espera. Por supuesto que me atrae, es algo que he dicho muchas veces, y si lo que he hecho se parece a algo que ha tenido tanto éxito, a mí me reconforta. Pero, sinceramente, no he visto nexo de unión que alcanzara el nivel de acusación de plagio, y de hecho, ha sido la salida de Assassin’s Creed: Oddyssey, la que ha levantado este revuelo. Mientras que la saga de Ubisoft siempre se ha enfocado en épocas medievales y postmedievales, la Antigua Grecia es uno de los escenarios que contempla El sanador del tiempo.

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Ahora bien, lo que quería reflejar aquí eran las implicaciones personales. En lo general no me afectan, he recibido comentarios de todos los tipos: no se parece en nada, es una copia, no es para tanto, es una mierda, a mí me ha gustado más que las otras… De todas aprendo y las agradezco, y todas ellas las integro para madurar. Comprendo la mayoría de ellas, pero no erosionan lo suficiente para cambiar de opinión.

Lo que sí me duele es que se acuse mi falta de creatividad. Eso no lo tolero. Hasta el punto de que, aunque me encuentro preparando una continuación, no me importa dejarla a medias, no me apetece seguir. Si no se me revuelve el estómago cuando me pongo a escribir, para mí esto no tiene sentido, y no me faltan ideas originales en mi libretita de ilusiones por escribir otras cosas que me hagan desbordar pasión. Esa libreta que me acompaña a todos lados y que sabe bien cómo se fraguan mis pensamientos, cómo un chispazo momentáneo madura y se transforma en historia. No es una cesión, ni un abandono. Es simplemente lo que hago siempre: tirar de lo que me enciende por dentro. Yo soy de los que creen en la casualidad, y puede que todo este revuelo sirva para hacer caso a alguna de esas ideas que tengo pendientes y que a menudo piden que las agarre y las cosa a mi corazón a golpe de palabras.

Rumio un poco todo esto, lo pienso, y, en breve, os cuento por dónde irán mis próximos pasos.
Un saludo, gracias por aguantarme. Siempre. ¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

30 TRUCOS PARA ESCRIBIR TU LIBRO

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¡Ala! Cómo habéis cambiado desde la última vez que publiqué una entrada…, ¡pero qué grandes estáis! Bromas aparte, pido disculpas por mi larga ausencia en el blog. Pido perdón de forma más intensa todavía por los comentarios que me dejé sin contestar; ahora no me sale como contestados algunos que sé que sí respondí y me es imposible saber cuáles me faltaron. Pido disculpas, de verdad.

Estoy perdido temporalmente entre mil proyectos, de los cuales tendréis noticias en breve. Mientras tanto, intentaré ir pasándome por aquí en la medida de lo posible para compartir cosas que vaya teniendo entre las manos. Hoy os copio los 30 trucos para escribir un libro que redacté como antesala del curso literario que imparto en colaboración con Escuela Optimizarte.

Espero que os sea útil, tanto para aquellos que no os atrevéis a lanzaros a la aventura de escribir un libro como para los que estéis en ello y encontréis dificultades para progresar. Deseo que estos pequeños tips os aporten motivación y recursos por igual.

Un saludo a todos. Estamos en contacto (en serio). ¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

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 1 UNA IDEA ACOJ… IMPRESIONANTE

La idea inicial, esa que aparece como por arte de magia a modo de fuegos artificiales en tu cabeza y que te hace querer ponerte a escribir, es la base de todo y la responsable de que no te rindas una vez que las mariposas en el estómago iniciales comiencen a encontrarse con dificultades.

Todos empezamos con muchas ganas al creer que hemos tenido una revelación sorprendente, pero ese entusiasmo se va mermando con el desarrollo del libro. Recuérdate una y otra vez lo buena que era esa idea, riégala para que no pierda su fuerza, y será el motor que te haga avanzar en el texto.

 

 2 PONTE A TOPE

A todos nos falta tiempo para ponernos a escribir, y a veces cuando lo tenemos lo que se desvanecen son las ganas, devoradas por la pereza. Decía Stephen King que el peor momento era el de ponerse a hacer algo. A veces nos cuesta horrores sentarnos a teclear, y él de horrores sabe bastante. Convéncete de que tras ese momento de ponerse manos a la obra llega el gozo y la alegría de ver progresar nuestra historia y aférrate a esa adictiva sensación para que tu historia no se quede en el olvido un día tras otro.

 

 3 PLAN A, PLAN B, PLAN C…

Una vez te hayas planificado para escribir (porque espero que lo hayas hecho), fallarás una y otra vez en tu programación. No pasa nada. Averigua en qué estás errando y elabora un plan alternativo que corrija esos fallos. La planificación perfecta no se consigue a la primera. Puede que acaricies la frustración errando una vez tras otra, pero no dejes morir a tu libro por un pequeño desajuste que seguro que con paciencia acabarás consiguiendo vencer.

 

 4 CADA PALABRA QUE ESCRIBAS, ERES MEJOR ESCRITOR

Olvídate del síndrome no me gusta lo que escribo. Cada palabra que escribas te hace mejor escritor, así que ni se te ocurra tirar a la basura tu trabajo si ves que no sale tan bien como esperabas. Si eres capaz de ver esas imperfecciones, es porque ya eres mejor escritor que cuando empezaste. No sientas que es algo negativo no ver con buenos ojos lo que has escrito, siente que eres más exigente porque estás subiendo de nivel.

 

 5 EL ESPACIO-TIEMPO TIENE UNOS LÍMITES DIFUSOS

Muchos escritores noveles sufren para rellenar páginas y otros de dedos ligeros no saben cómo hacer que sus textos tengan menos volumen. No te preocupes por estos aspectos, conforme consigas experiencia en el mundo de la literatura aprenderás técnicas para mejorar la cohesión. Pero, de momento, piensa que, si estás disfrutando escribiendo, tu lector lo hará leyendo sin importar el volumen de la historia.

 

 6 ESCRIBE ANTES DE ESCRIBIR

Para evitar la sensación de no saber qué escribir cuando estás frente al teclado, de quedarte en blanco, piensa en las historias de tus personajes antes de ponerte a ello. Mientras friegas, tiendes la ropa… En esos tiempos muertos inventa historias para ponerte a teclear en cuanto te sientes a escribir. Además, verás que hasta las tareas del hogar se hacen más amenas.

 

 7 ES EVIDENTE, PERO… LEE

Parece de cajón. Cuanto más leas, más recursos y más inspiración tendrás para ponerte con tu obra. Trata de tener a mano libros de la temática que estés intentando escribir. Ojo, no se trata de imitar, sino de envolverse del mundo al que pretendes dar tu estilo personal para conseguir inspiración extra.

 

 8 LAS PERFECTAS IMPERFECCIONES

No te obsesiones si cometes errores típicos de principiante. Trata de aprender de ellos. Algunos pueden incluso ayudarte al éxito. Por ejemplo, los escritores profesionales pecan a menudo de abusar de clichés y estereotipos, pues se supone que son características inherentes del género que escriben y tanto conocen. Los autores noveles, precisamente por no conocer esas normas no escritas, tienden a aumentar la originalidad en sus narraciones.

 

 9 TÓMATE UN KIT-KAT

Te vas a bloquear. Una y mil veces. Sobre todo, si es tu primera aventura literaria. No pasa nada. Recuerda que tu cerebro tiende a cegarse cuando te centras excesivamente en una preocupación. Déjalo descansar, verás que una vez más despejado, las alternativas aparecen en tu cabeza casi sin esfuerzo.

 

 10 SENCILLAMENTE SENCILLO

Simplifica. A la hora de escribir, no te líes ni te pierdas en oraciones extensas repletas de sucesivas subordinadas. A menudo queremos mostrar riqueza literaria con oraciones interminables. Cuando además somos noveles en la escritura, al hacer eso estamos jugando con fuego. Así que, frases cortas y discretas. Allí donde pueda haber un punto en lugar de una coma, mejor el punto. Te diré, además, que los libros claros y concisos están teniendo mejores ventas que los de prosa pesada. Así pues, no te compliques la vida.

 

  11 ¡NO ME REGALES LA OREJA!

Paralelamente a lo anterior, el talento literario actualmente se asocia con el ahorro de adjetivos y adverbios en lugar de con el uso de palabras a discreción. Ser escueto se cotiza al alza, no hace falta que uses cincuenta adjetivos calificativos para llegar a una misma idea. Si, además, eres principiante o tienes limitados recursos léxicos, estás de suerte. Tu baza será que no es que no estés preparado para escribir, sino que economizas el texto para que sea ameno.

 

 12 LOS ROBOTS EXISTEN

Sí, ya tenemos máquinas digitales que hacen el trabajo por nosotros. Se llaman diccionarios virtuales. Sobre todo, hazte amigo del diccionario de sinónimos, que te ayudará a no repetir palabras. No hace falta que seas un erudito del lenguaje porque para eso están esos recursos a tu alcance. Que no te frene la inseguridad de no manejar suficientes palabras para escribir.

 

 13 CORTA POR LO SANO

Si tiendes a tener dificultades a la hora de estructurar los capítulos, hazlos más cortos. Esto ayuda a esquematizar y a evitar la sensación de no saber avanzar en el contenido. Porque, además, ¿te he dicho ya que lo directo está de moda? La gente ya no tiene tiempo para perder. Así que, haciendo capítulos cortos, no solo te estás ayudando a ti mismo a organizarte, ¡ayudas al lector a que su experiencia sea más rápida y amena!

 

 14 EL PROFESOR AL QUE NUNCA QUISISTE

Sí, todos hemos odiado a nuestros profesores de lengua. Pero ahora hay unos más majos a los que no hay que hacerles la pelota para que nos aprueben. Se llaman correctores digitales. Los procesadores de texto los llevan incluidos y puedes encontrar varios por Internet también. Ojo, no son suficientes por sí mismos para conseguir un manuscrito perfecto, pero utilízalos como ayuda para perder el miedo a escribir y aprender gramática y ortografía.

 

 15 DELEGA

Esto es muy propio de los seres humanos: dejar que los demás hagan nuestro trabajo. Es caro, bastante caro, pero para un escritor novel igual es un alivio pensar que hay profesionales encargados de la corrección ortotipográfica y de estilo. Cuando empezamos y tendemos a ver que todo se nos viene encima, existe la opción de descargar obligaciones. Aunque, a largo plazo, lo interesante es aprender por uno mismo a corregir y editar un libro.

 

 16 ¡TÚ MOLAS!

Busca tu autenticidad. Seguro que tienes algo que te hace brillar, bien sea por la originalidad de tus historias, o por las anécdotas que te inventas, o porque tienes una forma peculiar de asesinar retorcidamente a tus personajes, o por tu sentido del humor… Seguro que tienes algo particular por lo que puedes encandilar a tus lectores. Busca tu potencial único, que te aseguro que hará sobra a cualquiera de los errores que como novato puedas cometer en la escritura.

 

  17 LO QUE BIEN EMPIEZA… BIEN ACABA

Si consigues que tu historia empiece con fuerza, ya casi puedes olvidarte de lo demás. ¡Esto es Hollywood! Concéntrate en un principio potente que atrape al lector y piensa que con eso lo tienes casi todo hecho. Además, esto te ayudará a no dejar el libro a medias. ¡Ya has conseguido lo más difícil! No puedes dejar ese gran inicio perdido en un cajón…

 

 18 CUESTIÓN DE NÚMEROS

Todos somos números, ya lo sabemos. ¿Por qué tu historia no iba a serlo? Un método sencillo para no ceder al temor de la incapacidad de escribir un libro es hacer cuentas. ¿Cuántas páginas quieres que tenga? ¿200? Si quieres escribirlo en tres meses (lo cual no es ni mucho menos mucho tiempo), sales a poco más de dos páginas al día. Seguro que, visto así, ya no parece tan complicado.

 

 19 TU LIBRETITA SIEMPRE A CUESTAS

Reconozcámoslo. Nos sentimos más interesantes cuando llevamos siempre una pequeña libreta a cuestas y anotamos cualquier idea en ella mientras las miradas de los que nos rodean se dirigen hacia nosotros curiosas. Pero, además, nos hace la vida más fácil. Nos ayuda a organizarnos y a capturar la inspiración que llega cuando no estamos dándole a las teclas. Esos pensamientos que aparecen en el momento más inoportuno, créeme, son gran parte de tu libro. No los dejes escapar y verás cómo tu historia se escribe sola.

 

 20 SÉ EL MUNDO EN EL QUE QUIERES VIVIR

Con estas palabras bonitas simplemente quiero decirte que dejes de ver la televisión o de hacer cosas que no hacen más que integrar información muy poco válida en ti, y que comiences a sacar la que tienes dentro para mostrársela al mundo. Somos excesivamente integradores cuando, como seres creativos, deberíamos estar deseando aportar a este mundo más que recibir de él. Esto no lo digo solo para motivarte a plasmar tus pensamientos en el papel, también lo digo porque cuanto menos tiempo dediques a tu vida como observador, más tendrás para utilizar como creador. Que después, eso de no tengo tiempo, suele ser una excusa muy recurrida.

 

 21 LO DIFERENTE ES ATRACTIVO

Deja de repetirte que nunca serás como los grandes escritores. Ni falta que hace. En lugar de frustrarte pensando que jamás llegarás al nivel de otros, piensa que no se trata de imitarlos, sino de buscar el potencial que tienes dentro de ti. Las comparaciones son odiosas. Y, además, para escribir tu primer libro, innecesarias.

 

 22 APASIÓNATE CON LO QUE QUIERES CONTAR

Más allá de la escritura, siente aquello que quieres decir, enamórate de lo que narras, adora eso que tienes dentro y quieres sacar. Si crees en tu producto, difícilmente vas a dejarlo a medias. No te olvides de recordarlo cada día, es esencial para que consigas terminar tu libro, para desear imaginarte con él y no rendirte bajo ningún concepto.

 

 23 LAS MALAS CRÍTICAS NO SON MALAS

Déjate leer. Recibirás buenas opiniones que te motivarán, y recibirás malas valoraciones… que te darán ganas de darle cuatro guantazos al criterio de su emisor. No pasa nada, estamos empezando. Sé que duelen, y que, en el peor de los casos, puede que te hieran hasta el punto de querer dejar de escribir. ¡Ni se te ocurra! Sé fuerte y entiende esas opiniones como lo que son, una fuente inagotable de aprendizaje. Si lo entiendes así, nada podrá pararte.

 

 24 ROMPE LAS NORMAS

Cuando uno es un escritor novel, puede que se encuentre a menudo con la persona quisquillosa de turno que le recuerde todo lo que está haciendo mal y que debe ser hecho de otra manera. La mayoría de las veces, seguramente tenga razón. Pero nunca dejes que anulen tu punto de vista. Si eres capaz de justificar tu modo de trabajar, siempre podrás darle la vuelta y, en lugar de estar actuando en contra del protocolo establecido, estarás rompiendo las normas creando un nuevo estilo único y personal.

 

 25 SOLO SÉ QUE NO SÉ NADA

El mundo de la escritura es amplísimo (y hablo de escribir, de publicar ya ni te cuento…). No quiero asustarte, que se supone que esto iba de trucos para abordar con éxito tu primer libro. Pero sí debes ser consciente de que no viene nada mal dedicarle cinco minutillos al día a buscar técnicas para aprender. Esa humildad te hará más fuerte frente a los momentos de flaqueza.

 

 26 ORDENA ALGO MÁS QUE TU ORDENADOR

Sé limpio y ordenado en tu zona de trabajo. Eso te animará a ponerte manos a la obra y, además, minimizará tu frustración. El desorden físico no es un buen aliado para afrontar esos momentos de estrés a los que tendremos que enfrentarnos como novatos.

 

  27 ¡DISFRUTA!

Activa el sistema de recompensa de tu cerebro al escribir. Eso hará que cada vez quieras más y más y en ningún momento sentirás que el trabajo de redactar es un trabajo en sí. ¡Pásatelo bien escribiendo! Haz de tu momento de teclear un acto de ocio y no un deber.

 

 28 NO LA DEJES A MEDIAS

Me refiero a tu historia. Acábala. Aunque la odies, aunque haya momentos en que quieras tirarla y empezar de cero. Tienes que acostumbrarte a cerrar tus escritos, eso hará que las numerosas veces que te apetezca tirarlo todo por la borda sean menos numerosas. Piensa que, si te rindes, estarás predisponiendo s tu cerebro a rendirse de nuevo, por mucho que empieces otro nuevo proyecto con más ganas y entusiasmo.

 

 29 SIN FRENOS

Nada te puede parar. Solo tú mismo. No hay obstáculos insalvables en esto de escribir un libro. Hay caminos más largos y más cortos, recursos más útiles y otros que más bien entorpecen, pero todavía no conozco a alguien que, queriéndolo y deseándolo de verdad, no haya conseguido materializar su libro. Te lo prometo. Y estoy seguro de que tú también eres capaz de ello. Solo tienes que decidir ponerte manos a la obra.

 

Y FINALMENTE… DÉJATE AYUDAR

Este es sin duda uno de los mejores consejos que puedo darte. Déjate guiar por aquellos que ya han recorrido ese camino. Ármate de sus ánimos, de sus recursos, de sus técnicas… Aprende, pues esto es una carrera de fondo en la que hay que ir paso a paso, mejorando nuestra pisada en cada avance.

 

Así que, si ya has decidido que quieres escribir un libro, entonces ya has dado el único paso necesario para conseguirlo. El resto, es cuestión de saber qué caminos escoger y cómo ir dándole forma a esa emoción para conseguir tu objetivo con éxito.

 

Ánimo y mucha suerte. Este camino, que tiene tanto para ofrecer a tu felicidad, solo acaba de comenzar.

MI NUESTRA HISTORIA #8 – ¿Familia o principios?

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Nueva cara para nuestra novela interactiva; incluso la web se ha puesto de gala para la ocasión. De ahí lo que he tardado en añadir este nuevo capítulo. Seguramente la imagen de portada no os recuerde a ningún personaje (todavía), pero tanto la estética como el título tiene mucho que ver con el futuro desarrollo, que girará en torno a una idea que me ha surgido con vuestra participación y comentarios.

Pero, a lo que vamos. Por fin seguimos con MI NUESTRA HISTORIA. ¡Esto no para! Recordad que en el último capítulo, Barbato quería disfrutar sexualmente de Caridda y vosotros decidisteis si Prisco debía interceder o no a favor de la mujer britana.

Para los nuevos: MI NUESTRA HISTORIA es una serie de novelas histórico-románticas en las que al final de cada capítulo se abre una votación para que podáis participar y ser parte del argumento. En la página web hay un resumen rápido actualizado por si queréis poneros al día en un par de minutos, aunque también he colgado los capítulos por si queréis formar parte de esta iniciativa en todo su esplendor. También podéis seguir la iniciativa a través de la APP Jon Ícaro, donde está todo bien organizado y donde seréis avisados cada nuevo capítulo.

Pero, para no retrasar más la continuación de la historia, aquí abajo os dejo el octavo capítulo con su correspondiente votación. ¡Espero que os guste!

 

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—¡No! —grita Prisco convirtiendo su caja pectoral en un aspersor de asertividad—. No vas a hacer uso de Caridda para tu entretenimiento, Barbato.

El joven defiende a la mujer britana, que sonríe por dentro al sentir el interés de Prisco por su bienestar.

—¿No voy a disfrutar de Caridda? —replica el veterano—. ¿Y eso por decisión de quién? ¿De tus huevos que se acaban de hinchar acaso? Porque no creo que estés en condiciones de decidir en ese aspecto.

—No, no estoy en condiciones. Eso es cierto —asume Prisco, que sabe que el mapa y las armas están en posesión de Barbato—. Tú eres el único que puede decidirlo, y por eso mismo serás tú el que decida renunciar a tales intenciones. —Barbato tuerce el gesto ante esas declaraciones, no ve la necesidad de prescindir del sexo con una mujer bárbara, de las cuales sabe por experiencia que son bastante salvajes en la intimidad—. La guerra nos ha sumergido ya en demasiadas situaciones desagradables en contra de nuestra voluntad y posibilidades. No añadamos más por decisión nuestra, por los dioses…

Caridda disfruta del enfrentamiento verbal, está encantada con la defensa que Prisco hace de ella. Le agrada, sobre todo, el uso que el romano hace de las palabras. Si fuera un hombre de su tribu, ya se habría lanzado a golpear a Barbato. Es el autocontrol la parte que Caridda admira del joven.

—En algo tienes razón —expone Barbato—. Mucha mierda nos hemos tenido que tragar estos últimos tiempos. En tu caso, casi en sentido real. Por eso mismo considero que hay que endulzar esos agrios sucesos con momentos más… placenteros.

Sin previo aviso, Prisco se lanza contra Barbato para sorpresa de todos. Se abalanza sobre él antes de que pueda sacar las armas de la bolsa. El veterano cae con el joven sobre él, que le da un rodillazo en la entrepierna. El dolor se le sube al estómago como una bola de fuego, pero lo enrabieta, le da fuerzas para lanzarle un puñetazo en la mejilla a Prisco. Dos. Después lo empuja para quitárselo de encima. Barbato se levanta con dificultad. Prisco también, y extiende la palma de su mano pidiendo el fin del enfrentamiento.

—¿Se puede saber qué haces? —pregunta Barbato, enfurecido y sin comprender por qué Prisco ha iniciado la lucha y ahora pide el fin de esta—. ¡Hijo de una ramera!

—Evitar la pelea, o alargarla al menos hasta el punto en el que uno de los dos tenga que arrepentirse —afirma Prisco, guardando las distancias—. Me parece que ya no hay motivo de discusión.

Prisco señala a la entrepierna de Barbato y este comprende al fin. Con el dolor que le ha causado con el rodillazo, duda de que pueda hacer uso de su miembro viril. Caridda se ríe. Aunque la mujer se había decepcionado ligeramente por el uso de la violencia de Prisco, entiende que lo ha hecho utilizando la cabeza.

—Y ahora —continúa Prisco—, si lo consideras oportuno, podemos seguir avanzando en lugar de exponernos peligrosamente a guerreros y bandidos en el camino.

—Esto no va a quedar así, te lo aseguro —afirma Barbato, que accede a la opción de continuar el camino. A pesar de su actitud sobria, las palabras de Prisco sobre la nula necesidad de generar nuevas complicaciones han calado en él.

Una vez calmados los ánimos, Prisco aprovecha la cercanía al río Danubio para lavarse y refrescar su alma tras los ardientes acontecimientos. Se arrodilla frente a la serpiente acuática y ve su rostro reflejado en las claras aguas. No se reconoce. La barba comienza a invadir un rostro acostumbrado a no pasar más de dos días sin recibir la navaja de un tonsor. Sus facciones, antes más amables, parecen empezar a adaptarse a la dureza de los recientes días pasados y venideros. Incluso su mirada parece no ser la misma.

Tras el aseo, el grupo continúa su camino a través de cañaverales y carrizales que parecen no tener fin. Bosques de sauces y fresnos los acompañan en varios segmentos de su viaje. La pequeña Naevia ralentiza el avance y la bolsa del pan y el queso cada vez pesa menos. Pero, por fin, tras día y medio de camino utilizando el río como referencia, llegan a un lugar marcado en el mapa con el símbolo que identifica una ciudad.

—Cuidado con los putos dacios —advierte Barbato. Las jornadas de viaje parecen haber aliviado las tensiones del grupo—. Uno nunca se puede fiar de los bárbaros.

Caridda no se da por aludida, se siente orgullosa de su condición y las palabras de Barbato apenas laceran su corazón.

Se aproximan a una de las oberturas de la empalizada de madera que rodea la localidad, custodiada por dos guerreros que les piden sus armas si quieren entrar. Barbato se niega, pero Prisco intercede, le explica la necesidad de desarmarse y el veterano finalmente, tras escupir al suelo y maldecir al joven por dejarlo indefenso, entrega la bolsa con las espadas a los vigilantes. Si muero sin posibilidad de defenderme, te buscaré en el inframundo para rajarte los huevos, es la advertencia de Barbato a Prisco.

Acceden al interior de la villa donde se convierten en el foco de las miradas de bárbaros entregados a sus tareas cotidianas. Por suerte, sus túnicas de lana y los mantos de lino que adquirieron en el campamento bárbaro son similares a los ropajes locales y no les provocan mayores complicaciones para integrarse. Se dirigen allí donde la bebida afloja las lenguas y es más fácil obtener información. Entran en lo que parece una especie de taberna, muy distinta a las tabernae romanas. Prisco y Barbato piden algo de beber mientras Caridda ronda por el local haciendo preguntas a unos y otros haciendo uso de su conocimiento de la lengua dacia.

—Es vino tracio —asegura Barbato tras dar un gran trago a su jarra—. Es más espeso y aromático que el aguado vino romano. Pruébalo, Prisco. Los tracios creen que el vino hace que los dioses entren en su cuerpo y sustituyan el alma, por eso beben este vino tan fuerte, para sentir a sus falsos dioses cuanto antes.

—Ya… —dice Prisco a desgana. Está más atento a Caridda y a los posibles avances en su búsqueda de información.

La mujer, tras unos minutos, se acerca a ellos.

—Ese hombre de allí. —Señala a un viejo escuálido con anillos en sus dedos—. Dice que hay un esclavista que conoce todo el comercio de esclavos de Dacia. No hay mercancía que no haya pasado por sus manos, o que se haya vendido sin su conocimiento.

—¿Y sabe dónde está mi mujer? —Prisco se exalta, la jarra vibra en sus manos temblorosas.

—Es muy posible. Pero vive en la capital, Sarmizegetusa. —Antes de que Prisco muestre tristeza, Caridda continúa con una buena noticia—. Pero tiene hombres en todos los rincones del reino. Aquí mismo hay uno de ellos.

—¿Y a qué esperamos para hablar con él? —apremia Prisco, cogiendo a su hija en brazos, preparado para salir en su búsqueda.

Atraviesan la ciudad siguiendo las indicaciones de Caridda, que a su vez obedece las señas que el hombre de los anillos le ha ofrecido. Golpean la puerta de madera de un hogar que se abre rápidamente. El ayudante del mercader de esclavos les permite el paso y tras un duelo de palabras amistosas, saca una serie de papeles ilustrados.

—Estoy aquí para vender la mercancía de mi señor —aclara el hombre mientras despliega los pergaminos sobre una mesa—. Utilizo estos dibujos para mostrarla. Tenemos un gran dibujante y es más fácil y rápido de transportar que los propios esclavos. —Continúa sacando documentos. Prisco los mira detenidamente, pero no encuentra el retrato de Sentia en ninguno de ellos—. Si estáis interesados en alguno de estos esclavos, he de decir que no son baratos.

Entonces, la mirada de Prisco se clava en uno de los papeles. Son sus ojos los que ven el dibujo, pero es su corazón el que lo identifica. La larga y lisa melena, la nariz puntiaguda, la piel más oscurecida que el color del pergamino, los pechos pequeños pero redondos…

—¡¡Es Sentia!! —grita señalando el pergamino que lleva el dibujo de su esposa. A pesar de que la recreación no es exacta, está seguro de que es ella—. ¡Es mi esposa!

Por fin, un golpe de suerte. Prisco sabe que los dioses son benévolos, al fin y al cabo, y se siente tremendamente afortunado y feliz por haber tenido una pista de Sentia tan rápido. La fortuna lo acompaña.

—¿Dónde está? ¿¿Dónde está mi mujer??

Prisco agarra del cuello al comerciante y esta vez es Barbato el que instaura la cordura separándolos.

—¡No vas a conseguir nada matándolo! —grita el veterano reteniendo a un Prisco esquivo, que lucha por zafarse de él.

—¡Es mi esposa! Es… —Finalmente, Prisco razona. Su rabia se desvanece y deja de forcejear. Barbato lo suelta—. Es mi esposa —dice, acercándose al vendedor de esclavos y mostrando una súplica en su rostro humedecido—. ¿Dónde puedo encontrarla? ¿Está viva?

—Al menos cuando yo salí de la capital, lo estaba —confirma el hombre y Prisco siente un estallido de colores en su corazón—. De otra manera, no tendría sentido que hubiera traído su dibujo. ¿Para qué iba a vender una esclava muerta? Así que, viva debe de seguir en la capital.

—¡Llévame junto a ella! —suplica Prisco, arrodillándose. A Caridda, esa sumisión a la que no está acostumbrada la enternece.

El vendedor se rasca la barbilla. Piensa. Finalmente, toma una decisión.

—Dentro de dos días partiré de nuevo hacia la capital. Os dejaré acompañarme. —Prisco sonríe, pero el hombre trata de sacar provecho de esa compañía—. Aunque lo haréis como guardianes. Se os ve hombres fuertes. A él al menos.  —Señala a Barbato—. Incluso la mujer muestra buena musculatura. Si hacéis que mi viaje a Sarmizegetusa sea seguro, entonces te llevaré junto a tu esposa.

Prisco accede sin dudarlo. Ya se imagina junto a su esposa. Por acariciar su piel haría cualquier cosa.

—¿Y de quién hemos de protegerte? —pregunta Barbato, que no está dispuesto a jugarse el pellejo a cualquier precio.

—De los romanos —afirma el vendedor—. Domiciano ya ha traído sus legiones y no es raro encontrarse con fuerzas romanas que buscan controlar los caminos para asegurar el envío de suministros.

—¿Lucharemos contra los romanos? —pregunta Prisco, sintiendo el corazón dividido. Sin haberlo pretendido, acceder a las peticiones del vendedor supondría cambiar de bando.

—¿Algún problema? —pregunta el comerciante de esclavos.

¿Algún problema? ¡Por supuesto que lo hay! Le está pidiendo que se enfrente a los soldados que pretenden dar su merecido castigo a los dacios, a hombres cuyo objetivo es acabar con aquellos que un día, como a él, asaltaron y robaron sus esposas. Quiere que clave la espada en defensores del honor, en paisanos suyos que solo defienden los intereses de los pobres ciudadanos romanos. ¿En qué lo convierte eso? ¿En un frío y simple mercenario? ¿En un guerrero desalmado y sin capacidad de decisión?

Sabe que ha tenido mucha suerte encontrando a ese mercenario, que seguir junto a él hará que en pocos días esté junto a su esposa. Pero, ¿a qué precio? ¿Debe de permanecer a su lado, aunque eso suponga tener que matar romanos a los que considera, no solo inocentes, sino defensores del honor y salvadores de los que como él han sufrido tanto?

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MI NUESTRA HISTORIA #7 – Tú decides

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Seguimos con la historia de Prisco tras un breve parón, y lo hacemos con un extra de salsa rosa. Nos adentramos en el terreno romántico de la novela y de vosotros depende que se siembre el germen de posibles líos amorosos, o no. En la última votación, por unanimidad además, decidisteis que Prisco se fiara de Caridda y que se fuera con la mujer alejándose del grupo bárbaro. He aquí la continuación.

Para los nuevos, como siempre: entre todos estamos creando esta novela histórica-romántica. En cada capítulo, se abre una votación para que decidáis el curso de la historia. Si os queréis unir a esta iniciativa, os dejo aquí los enlaces a los capítulos anteriores, o un breve resumen por si queréis poneros al día rápidamente.

CAPÍTULO 1  // CAPÍTULO 2 // CAPÍTULO 3 //  CAPÍTULO 4 // CAPÍTULO 5 // CAPÍTULO 6
Resumen: Prisco es un comerciante de vino romano que ve su vida truncada cuando los dacios invaden su villa y secuestran a su mujer. Para recuperarla, Prisco se adentra en territorio enemigo junto a un grupo de bárbaros britanos auxiliares. Unirse al grupo le cuesta no pocas humillaciones y el alejamiento con su propia hija. En él, conoce a una mujer bárbara le propone alejarse del grupo y buscar a su esposa por sus propios medios, a lo que él accede. Junto a Caridda, que conoce el lenguaje dacio, se dispone a separarse de los britanos para probar mejor suerte por su cuenta.

 

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Cuando la noche hace ya varias horas que ha desplegado su oscuro telón y el campamento britano duerme, Prisco se dirige al lugar acordado: el punto de vigilancia noroeste. Allí, tal como esperaba, hace guardia Barbato. Él le permitirá salir junto a Caridda para probar suerte lejos del grupo.

—¿No ha venido aún? —pregunta Prisco refiriéndose a la mujer y el vigilante romano da un respingo, sorprendido por su sigilo.

—Todavía no —responde Barbato. Observa una mueca de preocupación en Prisco ante esa respuesta—. Pero no te preocupes. Los bárbaros no hacen buen uso del latín, pero cuando lo utilizan no es precisamente para mentir. Ellos consiguen lo que quieren a golpes, no mediante el uso confuso de la lengua. De hecho, creo que esa mujer desea usar la lengua contigo en otros menesteres, si me entiendes.

Prisco niega con la cabeza ante la obscenidad de su compañero. Tiene otras preocupaciones de las que hacerse cargo.

—¿Y si se ha arrepentido? ¿Y si su esposo la ha descubierto abandonado el lecho?

—Tranquilo, Prisco. Estará buscando el momento oportuno. Tiene que traer a tu chiquilla, lo cual le dificulta las cosas.

Por eso está tan preocupado Prisco. Si descubren el plan de fuga de Caridda, la vida de la mujer podría correr peligro, y ella es el único apoyo que tiene su niña dentro de la barbarie que están viviendo.

—Mira, por ahí viene —afirma Barbato finalmente señalando a la oscuridad del campamento.

—¿Seguro que es ella? —pregunta Prisco, que entrecierra los ojos para intentar ver mejor.

—Por supuesto, ¿acaso no ves la sombra de sus enormes…? —Barbato se lleva las manos al pecho y hace un gesto soez.

Efectivamente, se trata de Caridda, que por fin llega hasta ellos.

—No he podido venir antes —dice la mujer y mira a la niña que tiene en sus brazos como justificación—. Estaba esperando que Naevia durmiera profundamente.

—No pasa nada. Dámela, yo la llevo —ofrece Prisco.

—No —niega Caridda—. Si se despierta en tus brazos podría gritar asustada y alertar a los demás vigilantes. Y no pongas esa cara, Prisco, pronto recuperarás la confianza de tu niña y querrá estar contigo. Pero aún no. Yo la llevaré. No te preocupes, tengo fuertes brazos para cargar con ella.

Caridda luce la musculatura propia de una mujer guerrera.

—Está bien. Pues nos vamos. Amigo, gracias por dejarnos salir.

—Eso es. Nos vamos —repite Barbato—. Los tres.

Caridda y Prisco se miran, sorprendidos por la decisión en último momento del romano.

—No, eso no era lo que habíamos hablado —dice Prisco.

—Ya. Es que vigilar es tan aburrido que a uno le da por pensar, y he decidido que lo más conveniente para mí es marcharme con vosotros. Una traductora en territorio dacio abre muchas opciones para mí, todas ellas suculentas.

—No, Barbato —vuelve a negar Prisco.

—Pues podemos estar toda la noche aquí discutiendo sobre este tema hasta que alguien os descubra, o marcharnos ya y hablar de esto más adelante.

Prisco da un bufido. Caridda alza los hombros. Finalmente, aceptan la compañía de Barbato como un mal menor y comienzan a caminar, alejándose rápidamente del campamento de los auxiliares. El ritmo disminuye conforme el fuego de las antorchas se hace cada vez menos visible, pero el grupo no llega a detenerse. En cuanto Urel descubra que su esposa lo ha abandonado, saben que tendrán perseguidores.

Tras unos minutos, los movimientos propios de la huida terminan por despertar a Naevia. La pequeña de ocho años abre los ojos, desorientada, y en su rostro se refleja el miedo y la confusión.

—Tranquila, Naevia —se apresura a decir Caridda antes de que la niña comience a gritar. La mujer jadea, cansada de cargar con ella. La deja en el suelo unos instantes—. Tienes que estar callada. Estamos jugando a escondernos y nos van a encontrar si gritas. ¿De acuerdo? Tenemos que seguir corriendo en silencio si queremos ganar.

Naevia no es estúpida, sabe perfectamente que está en peligro. Lo que no entiende es de quién tiene que huir ni qué puede pasarle, pero sí es consciente de que hacer caso a Caridda la mantendrá a salvo. Asiente y la mujer vuelve a cogerla con visible esfuerzo.

—Yo la llevaré a partir de ahora —dice Prisco. Sabe que Caridda tiene los brazos agotados.

La niña mira a su padre y vuelve a mostrar preocupación en su rostro. Eso le duele en el alma a Prisco.

—Naevia, hija mía, Caridda está cansada. Tienes que venir conmigo.

La pequeña tarda se echa hacia atrás, aunque unos segundos más tarde se acerca a su padre.

—Me das miedo —dice Naevia al llegar junto a Prisco—¸pero creo que eres como el lobo.

—¿El lobo? —pregunta su padre confundido.

—El de la historia de Caridda. Me contó un cuento que empezaba con un lobo mordiendo a un conejo, y al principio me asusté. Pero después resulta que lo hacía para darle de comer a sus bebés… Me asustó lo que le hiciste a aquel hombre, pero Caridda dice que, como en la historia, solo querías cuidarme.

Naevia se deja coger entonces y Prisco la abraza fuertemente. No puede evitar llorar de emoción. Volver a tener a su niña entre sus brazos es para él uno de los pocos motivos por los cuales vale la pena estar vivo. Ahora solo falta encontrar a su mujer para añadirla al abrazo y completar la felicidad.

—Siempre lloras —dice Caridda acercándose a Prisco y retirando las lágrimas de sus mejillas con los dedos—. Como los niños de mi pueblo. Los guerreros nunca derraman lágrimas. Así que tú eres… como un niño grande.

—Gracias Caridda —dice Prisco a pesar de la extraña comparación—. Muchas gracias por todo lo que haces por Naevia, que en extensión me llega a mí reflejado.

Los dos adultos se sonríen. La gratitud estira los labios de Prisco. Los de Caridda, algún sentimiento más.

—Perdonadme si interrumpo este tierno momento —dice Barbato—, pero todavía estamos demasiado cerca del campamento.

El grupo continúa caminando toda la noche sin sobresalto alguno. O les han estado buscando en direcciones erróneas, o los bárbaros han estimado que no pueden permitirse la pérdida de tiempo que supondría ir a su encuentro. Han descansado lo justo para rellenar de aire sus pulmones y dar algún bocado que les evita desmayarse durante la huida. Los primeros rayos de sol muestran sus evidentes caras de cansancio.

—Nuevo día, nueva vida —dice Barbato tras bostezar.

—¿Y qué planes hay en ese renacimiento tuyo? —pregunta Prisco, que todavía no se fía del romano.

—Los que me quiera ofrecer la diosa Fortuna —afirma el hombre palmeando un estómago que la edad y el tiempo sin combatir comienzan a redondear—. No he pensado qué voy a hacer a partir de ahora, pero sé que, si vais a tratar con esclavistas para buscar a tu esposa, igual puedo descubrir un nuevo oficio que me dé más monedas y mujeres que la guerra. Estoy cansado de combatir para un emperador que premia a los hijos de los patricios a causa de castigar a sus veteranos de guerra.

—Pues yo creo que no es buena idea esa de confiar el futuro de uno a la diosa Fortuna —dice Prisco con una sonrisa de resignación, recordando su mala suerte. Mira de reojo a Caridda, que vuelve junto a ellos tras haber acompañado a Naevia a orinar cerca de unos arbustos de enebro.

—Pues yo creo que sí lo es. Disfrutaré de lo que cada día tenga a bien ofrecerme. Y te lo voy a demostrar ahora mismo —expone Barbato configurando una sonrisa maliciosa que preocupa a Prisco. El romano saca de su bolsa de piel un pergamino enrollado. Estira la piel adelgazada—. ¿Sabéis lo que es esto?

—Un mapa de Dacia —responde Prisco al ver el dibujo desplegado.

—De mi esposo —añade Caridda al reconocerlo—. De mi antiguo esposo, quiero decir.

—Os equivocáis —dice Barbato—. Los dos. No es un mapa. Es nuestra única opción de sobrevivir. Sin él, tardaríamos más tiempo en encontrar una aldea que el que aguantaríamos vivos con los alimentos que disponemos.

Está en lo cierto. La desorientación, tras haber caminado toda la noche a oscuras, es total.

—Pues más vale que lo guardes bien entonces —ordena Prisco.

—Eso haré, ya lo creo. Lo guardaré bajo mi subligar o en la mismísima raja de mi culo si es necesario. Tan valioso es este documento. Por supuesto, lo compartiré con tan destacada compañía como sois vosotros. Y a cambio, solo espero algo de agradecimiento. De cariño, si me entendéis.

Barbato mira lascivamente a Caridda, detiene su vista en los pechos de la mujer. Prisco comprende la situación. Están siendo chantajeados. Quiere intimar con ella a cambio de compartir el mapa.

—¿Hace falta más explicaciones? —insiste Barbato—. Lo digo por vuestro silencio.

El chantajista hace un movimiento de cadera que evidencia sus deseos. Prisco aprieta los puños, hay algo que lo enfurece más allá de ser manipulado. Le molesta pensar en Barbato sobre el cuerpo desnudo de Caridda.

—¿Y qué me impide sacar la espada y cortarte la mano para quedarme así con el mapa? —pregunta Prisco y él mismo se extraña por su violenta iniciativa. Se da cuenta por primera vez de que ya no es el mismo que salió de Moesia, aquel que hubiera dado prioridad a la vía diplomática. Se está transformando en otra persona.

Barbato mira entonces a la pequeña Naevia y Prisco suspira. Está recuperando la confianza de su hija y derramar sangre ajena delante de ella de nuevo sería dar un paso atrás enorme. Además, Barbato mueve su bolsa y un ruido metálico recuerda a Prisco quién tiene las armas. Las estaba cargando él todas para que Prisco pudiera cargar con su hija.

—Somos compañeros —dice Prisco, ahora sí obligado a luchar con la palabra—. No puedes aprovecharte así de nosotros. De ella, en concreto.

—¿Aprovecharme? Pero ¿qué daño nos va a hacer entregarnos a los brazos del placer? Ambos disfrutaremos, de la misma manera que todos saldremos beneficiados con el uso del mapa. Si seguro que ella también lo está deseando…

No. No lo está deseando. De hecho, Caridda habría utilizado su puño de guerrera para partirle la nariz a Barbato al haber propuesto acostarse con ella. Pero quiere saber cómo reacciona Prisco. Necesita saber si él tampoco desea que algo así ocurra. Le parece una buena forma de averiguar si el joven siente lo mismo que ella. Por eso, decide seguir con la situación, dejarla en manos de ese joven tierno por el que suspira.

—Lo haré —afirma Caridda—. No por gusto ni por voluntad propia. Pero si es por el bien del grupo, acepto tal sumisión. Accederé a los placeres de este bellaco.

La mujer mira a Prisco esperando su reacción. Se le encoge el corazón. Quiere que el joven evite el encuentro, que demuestre que tiene algún interés por ella, del tipo que sea. Pero Prisco se queda pensativo. Sabe que lo mejor para todos es que ese encuentro sexual ocurra para seguir manteniendo el favor de Barbato. Sin el mapa están realmente perdidos y encontrar una aldea dependería exclusivamente de la suerte que parece no acompañarle. Piensa que no le conviene dejar la supervivencia en las manos de la diosa Fortuna. ¿Qué debe hacer?

Y ahora, vuestro turno. ¿Qué queréis que haga Prisco respecto a Caridda?

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SANDJI WILKER – La norma ingenua

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Sebastian Kurz, ministro austriaco, el prematuro político que
encajaría físicamente en el papel del regulador Sandji Wilker.

Tras daros a conocer al científico Roldey, hoy os dejo con el regulador Sandji Wilker, otro personaje importante de “En el nombre de Eva“. Los reguladores son funcionarios que supervisan proyectos polémicos y a este joven imberbe le toca vigilar que la clonación de Eva sea correcta y que la muchacha creada reciba el trato que merece.

Lo que sorprende en este caso es su juventud para ocupar tal cargo, por lo que el científico Roldey deduce que le han elegido para que la revolución hormonal y la ingenuidad propia de su edad le hagan enamorarse de Eva y así sea más eficiente en preocuparse por su bienestar. Una visión muy superficial sobre las implicaciones políticas en las que posteriormente se verá sumergido por esta designación.

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Una vez avanzada la historia, Wilker pone su ingenuidad a disposición del entramado de intereses en el que se convierte el argumento. Como regulador, confía en su capacidad mediadora para que todas las partes confluyan en un beneficio común. Una virtud de su juventud que puede convertirse en defecto. Si cada personaje representa una opinión en esta historia, Wilker llevaría colgado el cartel de la cordura. ¿Servirá su actuación en esta novela como una exitosa moraleja o acabará siendo víctima de su propio concepto del orden?

La respuesta, en En el nombre de Eva, que, por fin, ¡ya ha sido publicada!
Un saludo. ¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

EL DÍA DEL LIBRO CON UN PAR DE PELOTAS

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Los que bien me conocéis sabéis que odio el fútbol, que para mí no es más que un embrutecedor social, una pócima que enajena las mentes y que nos enfrenta sin sentido alguno. Yo dejé de ir a los estadios porque los insultos y las amenazas de muerte me parecían más propias de un coliseo romano. Generalizo, por supuesto. En cambio, me encanta el baloncesto. Más limpio, más coherente, con más valores. Y más divertido, que al fin y al cabo estamos hablando de un entretenimiento.

Pero este fin de semana, en relación al Día Internacional del libro, me ha dado un motivo más para estar orgulloso de haber dejado atrás el fútbol, ese deporte que llevaba inyectado como una droga por el bombardeo social al que fui sometido de pequeño, como muchos, para aficionarme a la canasta. Tanto entrenadores como árbitros, en todos los partidos de esta jornada en la ACB, han intercambiado sus libros favoritos en esta iniciativa cultural que a mí me parece una pasada y que aplaudo.

Me apetecía comentarlo, por eso de que une dos de mis pasiones. Así que ahí lo dejo. No alargo más esta entrada para no quitaros más tiempo y que podáis dedicarlo a leer. No quiero ser incoherente con este día tan especial para los escritores.

P.D.: La rebelión de Eva ya está fuera de mi poder. Esta semana verá la luz.

P.D.2.: ¡nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

ROLDEY PAGAN – El protagonista victimizado

Resultado de imagen de Michael FassbenderMichael Frassbender sería el perfecto Roldey Pagan para la película de
“En el nombre de Eva” que 20th Century Fox hace en mis sueños

 

Seguimos con la cuenta atrás para el lanzamiento de “En el nombre de Eva“, ahora estimado en 1-2 semanas, y aprovecho para ir contando cositas de esta novela de ciencia ficción con el empoderamiento de la mujer como trasfondo. Y, qué mejor manera de presentarla, que a través de sus personajes.

Roldey Pagan es el científico de la ciudad flotante de Gracidia que descifra un código oculto que lo impulsa a convertirse en jefe de laboratorio (juntro a otros apoyos que no comentaré para no hacer spoiler, que los enchufes son cosa del pasado, del presente y… también del futuro).

Como máximo responsable de la clonación de Eva, su debate moral individual será saber establecer los límites entre proyecto y persona, pues la admiración científica que siente por Eva, también la siente como padre y… puede que también haya una tercera filia amorosa, aunque él intente negarlo. La importancia de Eva para la humanidad no parece ser tan importante para él como el bienestar de la propia muchacha.

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Todo esto hace que se le pueda presuponer un papel protagonista a Roldey. Y así es, al menos hasta bien avanzada la historia, donde se convierte en un pivote a través del que giran los acontecimientos que amenazan con sobrepasarle. Se convierte en un espejo con el objetivo de demostrar que las responsabilidades comunitarias están (o deben estar) por encima de los anhelos individuales. Roldey se convierte en la duda, en el tapiz sobre el que se despliega la metáfora. Se convierte en ti, con la intención de hacerte pensar qué harías tú en su lugar.

Y nada más, que tampoco es plan de destripar la historia.
Un abrazo. ¡Nos vemos las instacaras por @icaro_jon! Aunque la última foto colgada no sea la más indicada para conocernos, precisamente…

¿QUÉ PASA CON LAS PRESENTACIONES DE LIBROS?

 

Tercera vez que aparece por aquí Rolly Haacht y para mí sigue siendo un honor. Esta vez su presencia viene empañada por la mía, tras participar con ella en un vídeo para su canal de Youtube. En él abordamos por qué las presentaciones de libros son cada vez más parecidas a un clima desértico.

No me extenderé mucho, que para eso está el vídeo, pero lo cierto es que cada vez hay menos afluencia y entusiasmo por las presentaciones de libros. Creemos que es por el enfoque comercial que se les da, parece que sea obligatorio que haya que comprar el libro y lo que se acaba montando es un chiringuito en el que tras leer un par de páginas, parece que se obligue al asistente a comprar la obra. No estoy de acuerdo. Hay que cambiar ese concepto. A una presentación hay que ir a pasárselo bien (para eso hay que cambiar su desarrollo) y sobre todo se va a compartir una ilusión y a acrecentar una comunidad unida por las palabras y el papel. Pero bueno, no digo más, que ya doy mi particular visión (de forma acelerada por el nerviosismo típico de tener una cámara delante) en el vídeo.

¡Un saludo!

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