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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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ALIENS 2, EL REGRESO – Crítica

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Hace unos días confesé el sacrilegio de un escritor que dice amar la ciencia ficción y que no había visto ninguna película de la saga Alien. Así que me puse con la primera de la serie (a la que dediqué esta crítica) y, tras una satisfactoria experiencia, me lancé a por la segunda entrega. Así pues, os muestro mi veredicto.

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En 1986, siete años después de la primera entrega de Alien, salió a la luz su secuela “Aliens, el regreso”. Esta vez bajo la batuta de James Cameron, ya me habían advertido del sustancial paso del terror a la acción. He de decir que me costó creerme  este aviso, pues la primera hora en la que los xenomorfos brillan por su ausencia se me hizo soporífera, insustancial y lenta.

En esta parte se le pide a Ripley que vuelva al planetoide LV-426 donde se ha perdido el contacto con una colonia humana, ya que al ser la única que ha tenido contacto directo con las amenazantes bestias que habitan en él, su experiencia puede ser muy valiosa para lo que allí puedan encontrarse. Tras haber sufrido una terrible pesadilla en la que casi pierde la vida en la primera película, Ripley acepta volver sin resistirse mucho. Claro que sí, adrenalina gratis. Y poco más puedo decir de esta primera mitad.

En la segunda parte el ritmo se invierte de manera drástica y la película se vuelve loca, sucediéndose las escenas de acción una detrás de otra sin dosificación medida. Existe un desequilibrio descomunal entre las dos partes del filme. Y aquí empiezan a perderse aspectos que brillaban en la primera entrega. Mientras que la primera película de Alien combinaba las escenas álgidas con el sosiego de manera efectiva, haciéndose esperar las escenas destacadas y consiguiendo que uno las recordara varios días después del visionado, aquí pasa todo tan rápido que es difícil guardar esos momentos míticos que se siguen degustando tras la aparición de los créditos.

Este ritmo impide a su vez disfrutar de los personajes, que se convierten en una amalgama de secundarios que no consiguen desarrollar personalidades propias, a excepción de Lance Henriksen como Bishop. Curioso que haya sido un androide el único que me haya parecido carismático. Mencionar también, si acaso, a Jenette Goldstein como la soldado Vásquez, aunque no sabría decir por qué. De Sigourney ya sabéis que no es santo de mi devoción y esta película no me hace cambiar de opinión.

En la parte final, he de reconocer que la cinta mejora. La idea de la madre Alien le da un punto de interés y frescura (aunque este recurso será utilizado infinitas veces en posteriores películas con alienígenas). Es en esta parte en la única que no tengo que hacer un esfuerzo por coger el mando y que disfruto sinceramente. Pero el final no justifica la totalidad del metraje en este caso.

Sé que muchos opinan de esta película que, junto a la primera (y así me lo habéis hecho saber en los comentarios), son las mejores de toda la saga. Sé que muchos estaréis deseando que sea devorado por un xenomorfo por hacer una crítica no tan positiva como seguramente se merezca esta película. También sé que se debe a que disfruto más de la ficción argumentada que de la acción pura y dura, y eso ha hecho mucha mella en mi opinión.

Llegados a este punto, no sé si continuar con la saga. El hecho de que Alien 3 se desarrolle en un lugar cerrado como es una prisión me anima, pues pienso que puede recuperar aspectos de la primera Alien. En su contra, la crítica general de esta tercera entrega no la pone en muy buen lugar. Dejaré hacer al azar. Intentaré conseguirla, pero si veo que no soy capaz de hacerme con ella debido a su antigüedad, pasaré a otra de las sagas clásicas de ciencia ficción que tengo pendientes. Solo diré respecto a esto que me quedé en el capítulo VII de Star Wars y el estreno de la última entrega me anima a retomarla.

Nada más por hoy.
¡Nos vemos las caras por instagram-png-instagram-png-logo-1455 icaro_jon!

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AGUA PARA NaNoWriMo

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Hoy vengo con un tema (o en su contra, mejor dicho) de esos que hacen que los escritores tengamos que alzar la copa y brindar por él si no queremos pasar a formar parte de la escoria del gremio: parece que para que una novela sea buena hay que dedicarle varios años a su redacción, mientras que si se escribe en unas semanas no es más que papel de hoguera. Pues hay novelas a las que su autor ha dedicado toda una vida y que para mí son Orfidal en vena y hay historias fugaces que me han llenado de sensaciones eternas.

Esta reflexión quería compartirla tras el reciente NanoWriMo (National Novel Writing Month). Este reto que se repite todos los noviembres invita a los escritores a escribir una novela en tan solo mes. No hay premio más allá del autoreconocimiento por el duro y frenético trabajo que conlleva cumplir con las cincuenta mil palabras en un mes. Pero es un canto a la creación liberada del yugo de la búsqueda de la perfección. Como bien reconocen los organizadores, acaba creándose mucha basura. Pero una pequeña parte de esa basura es deliciosa. Sirva como ejemplo el bestseller Agua para elefantes de Sara Gruen, del cual hay recreación cinemática.

Esto no hace que esté tirando por el suelo el elaborado trabajo de una novela bien documentada y meticulosamente cuidada, que aquí un servidor tuvo a Santiago Posteguillo un tiempo en su Top3. Valoro la búsqueda de la excelencia y sé que, llegar a las últimas líneas de una novela de esas que hacen que se doble tu espalda si las llevas en la mochila, crea una sensación de orgullo inigualable y un regusto incapaz de ser conseguido si no es con artes lentas y profundas.

También sé que es más probable crear una obra maestra cuanto mayor es la dedicación en su escritura, pero no por ello pienso que se deba eliminar de un plumazo las novelas que se crean del tirón. Tienen su función y su lugar. Muchos las utilizan como descanso entre historias más densas. A mí, de hecho, me anima más empezar con una novela ágil y dinámica que con otras de pronósticos más duros, y me cuesta menos acabarlas. Me rindo a la pecaminosa ligereza de la diversión pura y rápida.

En definitiva, lo que vengo a reivindicar es la adecuación de las cosas. La eliminación de los términos absolutos. Si lo extrapoláramos a todos los aspectos de la vida, nos iría mejor como sociedad. Ni creo que el asiduo lector de novelas de menos del centenar de páginas sea mal lector ni que un analista del Quijote sea una mejor referencia literaria. Lejos de buscar aspectos técnicos, siempre pregunto a las personas qué han sentido al abordar un libro. Ese es mi criterio referencial. Bajo ese prisma, el mundo literario se homogeiniza. Pienso, además, que no deberíamos aferrarnos a un criterio purista si no queremos ver como la tendencia a la lectura continúa decayendo por los siglos de los siglos, sobre todo en los lectores más noveles.

Nada más por hoy.
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Uno más del que se burla ATLANTIS

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En la última entrada del blog me desangraba de alegría hablando de un contrato editorial. En su momento, hasta lloré de felicidad. No me avergüenza decirlo. Hoy, me toca decir que se han burlado de mí. Tomad asiento que os cuento mi historia. Hola, me llamo Jon y soy escritohólico

Los que me conocéis, ya sabéis que tengo un libro en el mercado, El sanador del tiempo, autoeditado. Yo me lo guiso, yo me lo como. Como no tengo todo el tiempo que quisiera para dedicarle y la ayuda y los contactos de una editorial siempre vienen bien, para mi siguiente proyecto decido tomar el camino clásico de la editorial. Así pues, cargado de energía y esperando recibir miles de respuestas positivas (nótese la ironía), envío mi manuscrito a cuatro editoriales que creo que concuerdan con mi propuesta. Una de ellas responde positivamente y me envía un informe para la propuesta de edición en menos de un mes. Menos de un mes, ¡pero qué bueno soy! (modo ironía, de nuevo). Esta editorial se llama Ediciones Atlantis (de aquí en adelante, el enemigo).

En este momento, en mi cabeza estalla un volcán de confeti. Me dicen que ellos cargan con todos los gastos de la edición, de la promoción (carteles, entrevistas, envíos a prensa local…), de diseño… Vamos, que hacen lo que tiene que hacer una editorial sin que el escritor ponga ni un duro. Todo correcto. A punto estoy de firmar el contrato. En este instante hay ciertas puntos que huelen un poco raro y que no debía haber dejado pasar, pero ya sabéis eso de la ceguera de la ilusión… Estos aspectos son:

· La corrección corre a cargo del autor. ¿Desde cuándo una editora no corrige los textos? Bueno, no pasa nada porque yo ese aspecto ya lo trabajé con El sanador del tiempo. Sin problema.

· La tirada inicial depende de las ventas del acto de presentación. Entiendo que la editorial necesite una especie de sondeo para ampliar o no su apuesta, pero aquí huele más a puesto comercial que a presentación pública.

· Todo el contacto es telefónico, ni siquiera te dicen cómo quieres la portada… todo va como con muchas prisas, muy forzado.

Entonces hice lo que toda persona tiene que hacer antes de firmar un contrato: informarse. Si ponéis en Google las palabras Atlantis estafa, os sorprenderéis de la cantidad de entradas que salen (es más, sin ni siquiera poner la palabra estafa, mirad la tercera entrada). Las historias son escalofriantes (sobre todo cuando Atlantis actuaba como coeditora, donde el autor se sentía abandonado incluso después de haber efectuado un gasto importante). La manera de romper la ilusión de los autores noveles es desoladora. No distribuyen bien (los libros no están donde dijeron que estarían, ni siquiera se responde de manera correcta a los pedidos), las ventas no son transparentes y los pagos, ya os podéis hacer una idea… Conclusión: buscan una presentación efectiva, embolsarse los 1.000 euros por 50 libros vendidos a familiares y amigos que los compran con toda la ilusión del mundo (que esa es otra, los libros rondan los 20€), y después, si te he visto no me acuerdo. Un burdo truco comercial.

Desde aquí me uno a los tantos indignados por el trato de la editorial Atlantis y si publico esto es porque me siento en la necesidad de hacerlo, a mí me ayudaron mucho los comentarios de los que sufrieron esta burla y si he podido pararlo a tiempo es gracias a ellos.

Dicho esto, ¿qué pasa conmigo? Que estoy decepcionado, es evidente. Dolido, también. Que me dan ganas de firmar, seguir adelante, y el día de la presentación no vender ni un libro a drede para que se los coman todos por lo que han hecho con la ilusión de mucha gente, también. Pero no soy vengativo, siempre he dicho que es más práctico ocuparse de uno mismo que gastar tiempo y energía en venganzas improductivas. Esta vez no será la excepción.

Así que me quedo con mi hastío. Pero, ¿voy a hundirme? Venga, los que me conocéis, todos juntos: ¡No! El tiempo que he estado ilusionado me ha servido como inspiración para nuevas ideas para las presentaciones que pondré en práctica para El sanador del tiempo. Además, es una patada en el trasero para moverme, para decirme que mi camino es el del trabajo y el esfuerzo, para romper de nuevo una lanza a favor de la autoedición sobre el mercantilizado mundo editorial. El de las caricias al alma por cada lector nuevo porque sabes que te lo has ganado tú desde la nada. Que sí, que aún sueño con vivir de esto, y os aseguro (y volveré a esta entrada cuando llegue ese día), que voy a conseguir vivir de lo que amo.

Mientras, toca seguir haciendo camino, un camino en el que tropezaré una y otra vez, pero con sentido.

Un abrazo. Os quiero (estoy sentimental).

¡DIOS MÍO!

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Buscad en el suelo (o en el subsuelo) y encontraréis mi fe en las personas. La victoria del no a la paz en el referendo colombiano fue un golpe mortal a mi esperanza, y la elección de un ser misógino, racista, clasista, beligerante y propenso a la dilapidación de los Derechos Humanos como presidente de la nación más importante del mundo ha terminado de enterrar mi esperanza de que las personas cambien el mundo.

Creo en los milagros, pero no creo en un ser divino protector todopoderoso con demasiadas evidencias sobre su ausencia a lo largo y ancho del planeta. Siempre he creído que las utopías no se esperan con pasividad, se consiguen con pico y pala, con la bondad y la insistencia de las personas buenas. Días como hoy son una estocada al corazón de esa creencia. Y, puesto que estamos en un blog literario, debemos reflexionar sobre qué valores estamos inculcando con nuestras palabras. Creo y sé que la palabra es uno de los principales poderes para construir un mundo solidario e igualitario. Algo estamos haciendo mal los escritores, algo está fallando en nuestra transmisión de valores si cuando a la gente se le da la oportunidad de crecer como humanos, acaba optando por la opción del odio y del separatismo.

Un triste saludo a todos.

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