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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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EL AMANECER DEL PLANETA DE LOS SIMIOS – Crítica

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Tras disfrutar de manera bestial (nunca mejor dicho) de El origen del planeta de los simios, no he podido retrasar mucho la visualización de la segunda parte de esta trilogía, dirigida esta vez por Matt Reeves, con la esperanza de encontrar un producto tan genial como su predecesora pero a la vez con el temor de sentir que no está a la altura de esta. Ahí van mis impresiones.

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Diez años después de la propagación del virus diseñado por GEN-SYS, los simios con inteligencia potenciada han establecido una colonia a modo de chabolas en los bosques de San Francisco mientras que los pocos humanos supervivientes (los que son inmunes al virus), sobreviven como pueden en los restos de la ciudad. Aquí empieza la película, a partir de uno de los puntos científicos que consideré más flojos de la primera entrega. Es extraño que un virus afecte de maneras tan dispares a dos especies tan similares; pero dije que no iba a ser quisquilloso en ese aspecto en la anterior crítica y no voy a serlo esta vez.

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Todo este tiempo, ambas especies se han mantenido distantes hasta que una presa, necesaria para mantener la electricidad en San Francisco y que está en territorio simio, les obliga a establecer contacto. Esta parte a mí se me hizo, sinceramente, aburrida. No encontré nada relevante más allá del encanto de la recreación de la emergente civilización simia.

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Respecto a esto, el acabado visual de los simios es tan espectacular como en la anterior entrega, pero ya no diría que tan sorprendente, pues no se observan mejoras que impacten al espectador (también es cierto que solo han pasado tres años entre ambas entregas) y es inevitable la sensación de ver más de lo mismo (aunque repito, para mí uno de los apartados gráficos más espectaculares y que más encanto me han causado en el cine últimamente).

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En estos primeros compases es César, el líder simio recreado sobre el siempre admirable Andy Serkis, el que carga con el peso de la trama y la salva, no solo por su entrañable personalidad fabricada a partir de sus gestos, sino porque representa esa neutralidad que todos esperamos que sirva para que todo llegue a buen puerto (aunque ya sepamos cómo acaba). Su contrapartida es Koba y ambos personajes muestran muy bien el conflicto entre humanos y simios, pues cada uno ofrece una versión determinada por el trato que han recibido por parte de las personas.

También en el bando humano hay buenos y malos, y esta es una de las cosas más agradecidas y potentes de la cinta, que no muestra preferencia por uno de los dos bandos, sino que trata de mostrar un equilibrio basado en actitudes y experiencias individuales. Ambas partes tienen su parte pacifista, reflejada en Malcolm (Jason Clarke) en el caso humano, y la película se centra en la búsqueda de la paz por parte de ambos, más que en la imposición de una de las dos facciones. La película nos vuelve a regalar en este caso esa conexión de César con los humanos como ya hizo con Will en la primera entrega.

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La película gana ritmo con las distintas situaciones que aumentan la tensión entre especies, haciéndose entretenida, hasta desembocar en el inevitable enfrentamiento final. La acción no se vuelve tan espectacular como en la primera entrega (me parece un fallo que los simios no recarguen los rifles en un intento argumental por encubrir su falta de instrucción militar o de no saber cómo hacer que lleven la munición encima), y, bueno, si bien se deja ver, la resolución está varios niveles en entretenimiento y profundidad  por debajo de la película que comenzaba la trilogía.

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En mi opinión, estamos ante una buena película pero que sufre y de qué manera a la sombra de su predecesora, que era un conjunto perfecto de argumento, acción, entretenimiento y apartado gráfico. Tampoco consigue evitar el problema de ser la segunda parte de una trilogía y padece el síndrome del intermedio. No proporciona información vital ni evoluciona pidiendo a gritos la resolución, simplemente posiciona las fichas de manera necesaria para la última entrega, estando a su servicio y olvidándose de brillar por sí misma. Buena cinta que me hace querer continuar la saga (ya sabéis que soy experto en dejar sagas a medias), pero que me genera cierta incertidumbre respecto a la resolución final en La guerra del planeta de los simios.

Nada más por hoy.
¡Nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

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EL PLANETA DE LOS SIMIOS (2001) – Crítica

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Hago un filmus interruptus en mi intento de completar la saga de Star Wars (por mucho que lo intento y a pesar de su grandeza, soy incapaz de verla como algo más que un juego de luces con mucho potencial pero que se queda en un juguete en manos de un niño por su falta de trasfondo e intensidad). Así, aprovecho para lanzarme con otra saga que tenía pendiente de completar. Una un poco más mona.

Para mí, El planeta de los simios comenzó con la nueva versión del 2001. Fue la primera que vi. La disfruté en su momento y he vuelto a disfrutarla esta vez al volver a visualizarla para recordarla. Con Tim Burton al mando y como no podía ser de otra forma, la cinta goza de una personalidad y caracterización marcada, aunque algo menos histriónica a lo que se podría esperar del afamado director.

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La película comienza en el Oberon, una nave destinada a la investigación, con simios a bordo destinados a explorar territorios desconocidos. La parte científica es superficial, dejando claro desde el principio que esta es una película de aventuras, sin más. Apenas sirve para ponernos en situación. No arriesga en explicaciones, y eso hace que no chirríe nada y que no meta la pata (o la… ¿mano? Yo quiero cuatro manos en vez de patas como los simios, podría estar escribiendo esta entrada más rápido).

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Sin más preámbulos, Mark Wahlberg, en el papel de piloto frustrado, se lanza por su cuenta y riesgo al espacio para recuperar a su simio perdido siendo víctima de una tormenta sideral que lo envía a un lugar desconocido (y aquí se acaban los spoilers). Allí se encuentra con un planeta donde el ser humano no resulta ser el primate más adelantado en la escala evolutiva.

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Llegados aquí, habría que destacar la manufactura técnica de los escenarios. Para mí, son el gran secreto de que la película se merezca un “tú sí que vales”. Incluyo en la buena ambientación la caracterización de los personajes simiescos. Siempre tendré buenas palabras para la recreación de personajes anterior a la elaboración digital. Y, aunque esas máscaras dan la sensación de que haya saturación de bótox en sus rostros, sus variadas formas son un espectáculo creativo. Bienvenidos al planeta de los simios. Se nota la mano de Burton.

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A partir de ahí, el argumento de la película se vuelve un refrito que se puede resumir en una única palabra: huir. Todo se queda muy insulso, muy poco aprovechado. Muy superficial. El planteamiento, que a nivel científico y moral podría ser muy interesante, se queda en un simple contexto para narrar las aventuras de los personajes que, dicho sea de paso, brillan por su monotonía. Ni Wahlberg es el héroe que te hace aplaudir, ni funciona la historia de amor que confronta a Estella Warren (personaje escaparate por excelencia) y Elena Bonham Carter (una de las pocas interpretaciones que aportan algo de vida)… Son marionetas a través de las cuales fluye lo básica historia que se pretendía contar. Hasta Michael Clarke Duncan (¿quién no ama a ese actor?) pasa desapercibido bajo su máscara simiesca…

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Y así, sin nada reseñable, llegamos a la inevitable confrontación final entre humanos y simios, también algo necesitada de crudeza y a la revelación (¿inesperada?) final. La cinta se reserva un último truco para los últimos minutos que le permite cerrar salvando los muebles a nivel argumental, aunque no justifica lo plano de su desarrollo.

Y, a pesar de todo, de que al tratar de desgranar todos los elementos por separado parece que no destaca ninguno, el conjunto funciona. Se trata de una película muy entretenida, que te atrae por su propuesta original y te mantiene por la acción continuada y por su contenido visual. Sabe desde el minuto cero lo que quiere mostrar y lo que no, lo que quiere ofrecer y los líos que trata de evitar. Y, por eso, consigue un buen resultado.

Sin duda, me anima a continuar la saga (refiriéndome a la parte de las películas nuevas; los clásicos me los reservo). No sé cómo puede sorprenderme en futuras entregas ya que el trato tan liviano que se le da aquí a la idea me hace pensar que no hay mucho que desarrollar. Pero puede que me sorprenda. La cinta me ha dejado con ganas de más, y siempre digo que esa es una de las mejores cosas que se puede decir de cualquier elemento creativo.

Nada más por hoy.
Que tengáis un buen día, ¡nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

 

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