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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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poema

SI CONSTRUYERA UN JARDÍN…

Cuentan que Nabucodonosor II construyó los impresionantes Jardines Colgantes de Babilonia para que su esposa Amytis no echara de menos la vegetación de su país de origen. Dándole una vuelta de tuerca, en uno de los poemas de El corazón del aedo, relato cómo sería un jardín si lo construyera no para, sino pensando en la persona amada.

Y no contento con escribirlo, es uno de los poemas que me he atrevido a convertir en canción, como podéis ver al principio de la entrada. Son varios los poemas que me ha apetecido musicar, en concreto cuatro de ellos. Con estas interpretaciones, a caballo entre la poesía y la canción, tengo pensado hacer varias cosas. Quiero tocarlas en las presentaciones del libro para amenizarlas. También quiero grabarlas y a lo largo de esta semana trabajaré en ello. Puede que haga un concierto vía Skype si hay gente que se anima. Y más cosas que se me ocurran. Tendréis noticias musicales mías.

Así que, si llueve a lo largo de la semana, ya sabéis de quién es la culpa.
Un saludo. ¡Que tengáis un musical día!

MORIR DEVORADO POR INSECTOS

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El título tan llamativo de la entrada hace referencia al escafismo, un tipo de tortura (supuestamente) aplicado en el imperio Persa que consistía en introducir al castigado en una caja de madera con agujeros por donde se sacaban las extremidades. Brazos y piernas se untaban con leche y miel para atraer a diversos insectos. Al desafortunado se le había alimentado previamente con alimentos en mal estado, de tal manera que la diarrea atraía a los insectos que se introducían por el ano y que acababan devorando internamente al torturado.

No me pongo a exponer gratuitamente este despreciable acontecimiento. No es que me haya levantado con ganas de hablar de lo más desagradable que se me pasara por la cabeza. Lo nombro porque aparece en uno de los relatos de El corazón del aedo. Uno de los protagonistas de la narración es condenado a este tipo de tortura. ¿Por qué?

Pues por asesinato. A su propia esposa. Cuando Ciro II el Grande liberó Judea, permitió la libre convivencia entre seguidores del judaísmo y el zoroastrismo, la religión persa mayoritaria. La pasión y el fuego cegador del inicio del amor permitió obviar estas diferencias entre los protagonistas, cada uno seguidor de una de estas creencias. Pero con el paso del tiempo, estas diferencias comienzan a generar tensiones que estiran la cuerda del odio hasta desembocar en un final trágico.

Y aprovecho el comentario sobre este relato para pedir tolerancia religiosa. Por favor.

Nada más por hoy. ¡Que tengáis un tolerante día!

MÁS AMOR Y MENOS GUERRA

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Dos amantes egipcios cuyo amor está condenado al fracaso. Así empieza El corazón del aedo, que hay dramá histórico más allá de Romeo y Julieta. El primer poema nos transporta a un Egipto anterior al faraónico.

Antes de la primera gran unificación, Egipto se dividía en dos agrupaciones de aldeas enfrentadas: el Alto y Bajo Egipto. La poesía nos pone en el lugar de un joven guerrero del Alto Egipto enamorado de una muchacha del Bajo Egipto, región a la que está a punto de invadir por orden de Narmer, que posteriormente se convertirá en el primer faraón de la historia.

Se trata de un amor imposible, maldito. La derrota supondría el fin de la vida o de la libertad del chico, mientras que con la victoria sería culpable de arrasar las tierras de su amada. En ambos casos, la única ganadora es la tragedia que se lleva por delante el amor puro convertido en odio que ambos sentían antes del conflicto. Aquí os dejo con el poema íntegro. Espero que os guste. Los que me seguís por Instagram, igual me habéis oído cantarlo por ahí con la guitarra.

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COMERCIO HUMANO

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Os dejo deleitaros antes de empezar con unas palabras de Carlos Ruiz Zafón, y las uso como prólogo a la entrada de hoy:

“Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela: su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.”

Y es que siento que desde este palacio en el que escribo y desde la copa de oro en la que bebo, haber publicado El sanador del tiempo, mi primera novela, me ha cambiado. Es broma, por supuesto. Lo de que amaso pasta, lo de que he cambiado no. No es lo mismo escribir por pasión que monetizar lo que escribes, aunque por fortuna, creo que es imposible conseguir lo segundo sin lo primero.

Antes de publicar me dejaba llevar por el tecleo incesante, por el hecho de escribir hasta las tantas de la madrugada por el simple placer que siente mi cuerpo al hacerlo. Ahora, sé que tener tus sueños hechos papel en tus manos solo es el principio, y que conseguir una oportunidad (ya no digo aprovecharla, solo digo tenerla) lleva mucho trabajo.

Mucho trabajo. Esa es la clave. Porque dedico más tiempo a la parte del escritor que no se trata de escribir que a la de escribir en sí. Trabajo no remunerado. Y aunque palos a gusto no duelen, no dejan de ser palos. Por eso comparto como poesía previa a la entrada un poema sobre los fenicios, los maestros del comercio antiguo. Ellos bien saben de la necesidad de monetizar algo y de dedicar la vida a ello.

Pero me quedo con la metáfora final del poema. La que dice que hay cosas que están más allá del dinero. Y en mi caso, una de esas cosas es seguir tecleando hasta altas horas de la madrugada. Ni la comercialización del gremio, ni la falta de él, me van a cambiar. Al menos más allá de la madurez y del aprendizaje. Sí, es cierto, como escritor no soy el mismo, sé que hay cosas que son necesarias hacer, sé que ser escritor es más que escribir. Pero en cuanto a dejarse el alma en cada letra y disfrutar de ello, veo muy difícil dejar de ser yo mismo. Si no me gustara escribir, ¿de qué os estaría dando la chapa tan a menudo por aquí enrollándome con entradas como esta?

Un abrazo. Notad bien fuerte el apretón literario aquellos que compartáis conmigo la pasión por las letras.

EL DÍA QUE CONOCÍ A NORAH CARTER

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Siempre digo que lo mejor de haber entrado en el mundo literario con El sanador del tiempo no son las ventas (aunque por supuesto esa confianza a modo de depósito económico hace que estalle mi corazón de felicidad con cada unidad vendida), sino las situaciones que me hace vivir y que no habría vivido de no haber empezado esta aventura.

Una de ellas es haber conocido fugazmente a Norah Carter, escritora con enorme éxito en Amazon. Fue un cúmulo de casualidades lo que me hizo tener la suerte de poder tener una conversación con ella. Y bendita conversación, que en lo que viene siendo un soplido de magia, me animó y me recargó las pilas al instante.

Por lo que pude ver, Norah Carter es un cielo de persona. Lejos del típico perfil de escritor con éxito que trata a sus homónimos profesionales con desdén, superioridad y con cierto temor por la competencia (irrisoria, pero al fin y al cabo competencia) que podrían llegar a causarle los escritores noveles, Norah derramó simpatía, ilusión y ánimos. Por supuesto, me comentó los pormenores de la profesión (el éxito siempre atrae a los carroñeros), pero en ningún momentó dejo de animarme, me contagió de ilusión y espíritu luchador (sin ir más lejos, adquirió mi libro con la intención de echarle un ojo).

Ahora Norah Carter, junto a unas compañeras de trabajo, ha abierto una editorial llamada Dolce Books en la que espera vertir toda su experiencia y conocimiento relativo al éxito literario para que los escritores que trabajen con ella tengan una oportunidad de disfrutar de esta pasión que es escribir. Les deseo el mayor de los éxitos, de corazón.

Conclusión: hasta en este mundo tan difícil, hay gente que brilla por su corazón.

¡Un saludo a todos! ¡Vuelvo a estar por aquí con más frecuencia!

VOCACIÓN

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En otra de mis eternas confesiones, diré que soy una persona vocacional. Soy biólogo (ahorraos la broma de como Ana Obregón), y creo que eso lo dice todo. Sí, hice una de las carreras más difíciles y con menos salida, y lo hice por voluntad propia.

La semana pasada fui a la presentación de un libro de una colega en la Biblioteca Pública de Alicante a la que solo acudimos dos asistentes (y eso que se jugaba en casa, rodeados de libros). Pude escuchar a los libros gemir en la sala contigua. Desanima. Es desolador. Sobre todo cuando quieres dedicarte al panorama literario.

¿Me desanimé? Venga, todos juntos de nuevo: ¡no! Sé que es difíci, sé que la profesión literaria está complicada. Pero (y ahora enlazamos con el primer párrafo), es una de mis tantas vocaciones. En lugar de perder el tiempo en asumir la verdad, me puse a darle al coco para buscar soluciones. Cuando me puse a escribir, decidí hacer de la literatura algo divertido, algo atractivo. Lo decidí ademas a partir del género histórico, género vasto por excelencia; ya lo sabéis, a-mí-me-ponen-los-retos.

Como también creo que cuando uno pone todos sus huevos en el asador (mezcla de refranes, lo sé) las oportunidades se desvisten y aparecen, ayer ocurrió una de esas cosas mágicas que me da la vida como escritor. Alguien que no esperaba que leyera El sanador del tiempo, no solo lo hizo, sino que dijo que le pareció ameno e instructivo. Disfrutó, que es mi objetivo principal como escritor, pero además compartió la premisa bajo la que hice ese libro. Voy de subidón.

Pienso seguir remando a contracorriente.
¡Un abrazo!

P.D.: permitidme re-publicar esta oferta, pero si a vuestro chic@ le gusta leer y sueña con publicar un libro, puede ser un gran regalo de San Valentín. Lo vuelvo a publicar porque si queréis que el libro llegue para esa fecha, conviene pedirlo ya.

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TÚ, MI PALACIO MINOICO

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Si copio y pego el primer párrafo de las últimas entradas ni se notaría el cambio… Porque sí, aplaudamos mi originalidad, hoy vuelvo a asediaros con un poema de mi próxima obra. En serio, estoy disfrutando tanto de escribirla, que mis suspiros de satisfacción tienden a desembocar en este blog.

En este caso, viajamos románticamente al origen de Grecia, a la civilización minoica que barnizó la isla de Creta con sus poderosos palacios.Se trata de una oda al típico dicho de que la riqueza no da la felicidad. Siempre que te tenga a ti, claro.

Hoy no me enrollo más. Un abrazo a todos.

EDAD INCOMPLETA

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Por fin tengo tiempo para desintegrarlo devorando letras. Así que esta tarde he decidido darme una vuelta por la Biblioteca Pública de Alicante a ver si algún libro me elegía para que lo leyera. Mi único criterio, que fuera una novela histórica medieval (a poder ser, una novela breve, pero ya sabemos que esos dos conceptos parecen ser agua y aceite, motivo por el cual decidí escribir El sanador del tiempo). Si en El sanador del tiempo me transporté a la Edad Antigua, en mi nuevo proyecto me embarco en la demasiado idealizada Edad Media, por lo que me apetece leer algo de esa época.

Me encanta deslizarme por los pasillos hasta que un libro llama mi atención. Esta vez le ha tocado el turno a Del norte a Jerusalén, libro perteneciente a la Trilogía de las cruzadas de Jan Guillou. Voy prácticamente a ciegas. No sé nada del libro (a veces me gusta saborearlos con mi mente en forma de lienzo en blanco, sin estar bosquejada por opiniones ajenas). Del autor he leído que es de los escritores con más éxito de Suecia y que incluso existe una ruta turística a través de los destinos que atraviesa el protagonista.

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Promete. Pero realmente no sé nada de este libro. Así que, os cedo la palabra y, si alguien lo ha leído, agradezco su opinión. Si no, en un par de semanas tendréis una crítica en este blog.

¡Un saludo!

UN SIMPLE CATARRO

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Hace un par de entradas utilizábamos la llegada de las lluvias como tema del día y ahora abordamos su consecuencia inmediata: orgías víricas en la sociedad.

Por suerte, estas “epidemias” invernales son simplemente catarros autolimitados que se marchan con la misma facilidad que llegan. Nada que ver con otro tipo de epidemia vírica más literaria de la que quiero hablar, la causante del apocalipsis zombi. Vaya por delante que no soy docto en literatura sobre muertos vivientes. Pero es que hay algo que me echa muy para atrás. La mayoría de obras se meten de lleno en el apocalipsis zombi explicando vagamente su origen, algunas incluso omitiéndolo. Está bien, los lectores buscan acción, sangre, muerte y resurrección sin perderse en tediosas explicaciones científicas. Pero mi parte TOC me obliga a, al menos, recibir una mínima coherente explicación.

De hecho, aún asumo como más válida la explicación que daba aquellas adaptaciones literarias de Stephani Danelle Perry sobre la saga de videojuegos Resident Evil. Laboratorio clínico busca un virus con aplicaciones militares (como casi la mayoría de las investigaciones, siempre buscando la aplicación militar) cuyo objetivo es resucitar a los soldados caídos para conseguir un ejército eterno. Lamentablemente, los resultados no son perfectos y sólo se consigue un virus capaz de realizar una resurrección parcial, demasiado parcial. El resultado son muertos vivientes con capacidad intelectual muy limitada (torpes, estúpidos, movimientos toscos) cuya limitación del cerebro racional le otorga el poder al cerebro irracional, el de los instintos primarios como el de alimentarse. Simple, sencillo, pero efectivo. A mí me vale esta explicación. Al menos, esa simpleza es la que pido para creerme una novela de este tipo.

Como siempre, espero vuestros sabios comentarios. No me avergüenza abordar temas que no domino, porque sé que son justo esos temas los que más me permiten aprender de vosotros.
Un abrazo, ¡y cuidado con los catarros!

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