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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

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YULE – La Navidad antes de la Navidad

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¿Sois muy de espíritu navideño o más tipo Grinch como yo? Respeto las creencias de cada uno, pero me sorprende que los agoreros seamos los que no queremos celebrar la Navidad, como si esta festividad hubiera existido desde siempre y lo normal sea pensar que estamos atados a ella per se. Pues no, hubo un tiempo en el que estas fiestas no eran más que celebraciones paganas que se moldearon para llevar a los bárbaros al cristianismo.

Pero como no se puede ir por ahí diciendo a la gente que está celebrando algo que en origen era pagano y que el cristianismo decidió un día convertir en su celebración religiosa por antonomasia por orden y voz de una autoridad eclesiástica y no de Dios, prefiero descargar mi frustración en un relato corto que dejo en manos de dos de mis personajes vikingos. Ya sabéis, la ambiciosa Kaysa y el supersticioso Niels forman un cóctel perfecto para representar esta idea. ¡Espero que os guste!

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UN YULE MUY CRISTIANO

Niels no podía dejar de reír, tirado en el suelo de tierra batida de su casa normanda en Caen. Aunque gran parte del mérito de aquella carcajada continua la tenía la cerveza ya casi agotada de su vaso de madera, Kaysa tenía mucho que ver con aquella diversión desmedida.

—Eso no va ahí… —le repitió el vikingo a la mujer, refiriéndose a unas figuritas de madera que supuestamente eran para adornar el pequeño pino que habían traído al hogar, y que Kaysa trataba de colgarse de los pezones.

—¿Acaso te gustan más en ese pedazo de hierba que aquí? —le preguntó ella, contoneando su pecho desnudo y haciendo que las figuritas cayeran al suelo, despertando otra estruendosa carcajada en Niels—. ¿Entonces por qué no nos olvidamos de adornar el árbol y nos centramos en otro tipo de celebración más íntima y carnal? —dijo ella abalanzándose sobre él, aprovechando que ya estaba tumbado bocarriba en el suelo para posicionarse encima.

—Kaysa, Kaysa… —afirmó él mientras la agarraba de los hombros para retener su ímpetu—. Deberíamos unirnos a los cánticos en las calles y al brindis con el resto de aldeanos…

—Oh, qué valor Niels, que me digas que prefieres unirte a los demás que seguir conmigo, sobre todo ahora que estoy sobre ti… —se quejó la mujer dedicándole una mirada pícara, esa que no tenía que fingir en exceso.

—No es eso, Kaysa… —afirmó él, y se notaba que era cierto por la parte que comenzaba a abultarse en su entrepierna—. Es que no debemos dejar de lado las tradiciones…

—¿Por qué? ¿Tanto te gustan las tradiciones? Inventemos una tú yo en este momento —sugirió ella deslizando su mano entre las calzas del hombre.

—Nada me gustaría más ahora mismo que crear una tradición que nos obligue a estar juntos y llevarla hasta la eternidad un año tras otro —comenzó a decir Niels con esa voz dulce que envolvía la fogosa iniciativa de la mujer.

—Pero…

—Pero tenemos que unirnos al resto de la aldea —repitió Niels, que no quería dejar de lado las costumbres.

—Ya lo haremos luego, haremos uso de los demás cuando nos hayamos agotado el uno al otro —dijo Kaysa, agilizando sus movimientos con la mano derecha y llevando la izquierda del normando a su propio pecho. Siempre era ella la que tenía que arrastrarle en la intimidad. A decir verdad, eso era algo que se extendía a cualquier ámbito de su relación.

—No, Kaysa, que nos conocemos —negó él retirando la mano y haciendo que ella parara—. Yo cederé a mi pasión por ti, porque soy totalmente vulnerable a ella, y para cuando la haya saciado, la celebración ahí fuera ya habrá terminado…

—¡Uf! ¡Así le quitas las ganas a cualquiera! —se quejó Kaysa, se quitó de encima de él y se tumbó a su lado, abrazándole y apoyando la cabeza en el fuerte torso del normando.

—Esta noche seré todo tuyo, te lo prometo… —se excusó Niels.

—Pero yo quiero que lo seas ahora, ¿dónde está ese Niels que todo me lo concede?

—Ahora es momento de venerar a los dioses…

—Sí, a los dioses. Esos que por lo visto tienen más importancia en tu vida que yo. Vale, lo entiendo. —Hasta la rebelde de Kaysa tenía que reconocer que por mucho que a veces los olvidara, no podía desafiarlos eternamente—. Pero hoy es Yule, ¡y también se celebra la fertilidad! —exclamó, y utilizando ese argumento como comodín, volvió a posicionarse encima de él para honrar sus creencias.

Volvió a estimular a Niels, pero esta vez no encontró respuesta. Él le evitó la mirada, y entonces ella le dio una fuerte bofetada como cada vez que esa actitud esquiva en él hacía que le ardieran las entrañas de ira.

—¿¿Qué te pasa, Niels??

—Uff… Es que esto que pretendemos hacer, los cristianos dicen que es pecaminoso…

—¿Otra vez con los cristianos? —se quejó Kaysa. En una transitiva Normandía en la que los seguidores de Cristo ya eran más numerosos que los que seguían las antiguas costumbres vikingas, Niels no podía hacer caso omiso a las dudas que se asentaban en su cabeza—. ¿Ahora es el dios cristiano el que te dice cuándo podemos darnos placer y cuándo no? ¿Desde cuándo hacerte mío hasta el punto de provocar que te derrames de felicidad en mi interior se puede considerar algo malo?

—¡¡No lo sé!! —replicó Niels, preso de sus dudas—. Pero eso es lo que dicen. ¿Y si tienen razón? ¿Y si ese Dios es más poderoso y nos castiga? Ellos celebran hoy el nacimiento de su señor. Convendría no ofenderles, no al menos hoy. Entiéndelo, Kaysa…

Pero Kaysa no lo entendió. Se levantó y se puso el pesado abrigo sobre su piel, negándole las vistas de su robusto y desnudo cuerpo a Niels.

—Pues por lo visto, sí que es poderoso ese Dios cristiano. Lo es al menos más que tus estúpidos pensamientos, que no sé en qué momento han preferido hacer más caso a las locuras ajenas que atender a la parte de mí que, quisiera creer, aún tienes dentro de esa cabezota.

Kaysa abandonó la casa dejando allí a un Niels confuso y lleno de incertidumbre. Sin apenas darse cuenta, se había visto sumergido en una batalla de dioses en la que él ni hacía ni deshacía, y mucho peor, había hecho que se olvidara de lo que de verdad le reclamaba su corazón: disfrutar de la presencia de Kaysa. Pero él, como mostraría en el futuro, no tenía la capacidad de obrar por sí mismo, obviando las creencias ajenas.

 

Si os ha gustado y queréis saber más de esta peculiar pareja y sus dificultades para ser felices, ya sabéis que podéis haceros con la novela “El último gato vikingo” de manera gratuita en www.jonicaro.com.

Un saludo, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

Porque nos lo merecemos – GRATIS “El último gato vikingo”

el ultimo gato vikingo

¿Eres más de instinto o de cabeza? ¿Eres de esas personas que le da muchas vueltas a las cosas como Niels? ¿O eres de los que van a por la vida con todo como Kaysa? Por fin, ya ha salido a la luz El último gato vikingo: una historia donde las circunstancias llevan a sus dos protagonistas a actitudes totalmente opuestas y a un reencuentro… ¿imposible? Bueno, ahí tienen mucho que decir dos lindos gatitos, que como en toda la serie Cats & Books, tienen mucho que decir.

Ya puedes hacerte con esta novela animalista que mezcla historia y romance y además lo puedes hacer GRATIS. ¿Por qué? Porque como digo en el título de la entrada, nos lo merecemos. Como dije en su momento, necesitaba desintoxicarme de la parte comercial de la escritura, tan necesaria como agotadora. Así que esta historia es mi tirita, mi ponerme a escribir sin pensar en otra cosa. Llevaba mucho tiempo dedicándole más tiempo a la promoción que a las teclas. Y necesitaba algo así.

Y creo que tú, como lector, también te lo mereces. El marketing literario no solo embauca la mente de los escritores, creo que también hace que se le pierda el respeto a los lectores. ¿Qué es lo que más se lee? ¿Dónde está mi potencial lector?¿Cómo atraerlo hacia mí? ¿Atraer? ¿En serio? ¿En qué momento un lector se convierte en una cifra de venta? Necesito alejarme un poco de esa atmósfera.

Esto es lo que hago, y esto es lo que tengo. Y quien quiera llegar a lo que hago por sí misma o sí mismo, será más que bienvenido o bienvenida, porque además esa es la única manera de asegurar que mi libro llegó a alguien porque tenía que llegar, sin más. Hecho de menos esos puentes donde dos personas conectan exclusivamente por una historia, sin intereses económicos de por medio.

Así que os invito a haceros con esta historia (y con Gàta, que también he optado por esta fórmula para la primera novela con la que comenzó Cats & Books). Para ello, solo tenéis que entrar en http://www.jonicaro.com y descargar el contenido. Si sois más de papel, lo tengo puesto en Amazon a precio mínimo de impresión, pero si queréis darle una oportunidad a la lectura digital, aquí os digo por qué y cómo hacerlo. Yo desde que leí la trilogía de El señor de los anillos en el móvil cuando caminaba para recoger a mi pareja a su trabajo, leo más en digital que en papel.

Y nada más, simplemente gracias por ser parte de esta nueva etapa en la que estoy más sentimental que nunca, así que os agradeceré con la sensibilidad a flor de piel que os acerquéis a este, mi mundo.

Un saludo, ¡nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

 

¿Te animas al TRIVIAL VIKINGO?

trivialviking

¿Te apuntas a un trivial vikingo? Con motivo del lanzamiento de mi próxima novela El último gato vikingo estoy haciendo actividades en torno a ella, y una de ellas es un juego de preguntas online sobre la cultura vikinga. ¿Te animas a demostrar que eres el que más sabe de todos?

La manera de participar es sencilla. Cada día a partir del 6 de noviembre, publicaré en mi cuenta de Instagram una pregunta diaria. Lo haré en la sección Historias, mediante un formulario interactivo, así podré saber quién ha adivinado y quién no. Después, en la página web iré actualizando la clasificación de aciertos, que está bien eso de picarse con los demás, siempre que sea de forma sana.

Mi cuenta de Instagram es @icaro_jon, así que allí te espero para que formes parte de este juego que preparo con mucha ilusión y que espero que os sirva para divertiros y, por qué no, aprender un poco sobre los vikingos.

¡Un saludo, nos vemos las instacaras en @icaro_jon!

ESTÁIS A TIEMPO – Lectura conjunta

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Hoy por fin hemos empezado la lectura online conjunta de El último gato vikingo, en la que os envío un capítulo (7-10 páginas) cada día o par de días y podéis comentar a vuestro libre albedrío para disfrutar de poder estar siguiendo el mismo libro y al mismo tiempo que los demás. Si queréis uniros, estáis a tiempo, solo tenéis que escribirme a jonicaroescritor@gmail.com para que os añada como contacto y podáis recibir los avisos y envíos.

En lugar de contaros de qué va la historia, os dejo aquí el primer capítulo a ver qué os parece. ¡Espero que os guste y os animéis a esta actividad!

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—¡Yo no quiero ese gato tan feo! ¡Arruinará mi matrimonio!

El animal, entre los musculosos brazos de su dueño, estiró las orejas, como si hubiera entendido las  palabras de aquella procaz muchacha y se sintiera ofendido. Niels acarició su peluda cabeza y se calmó. A pesar del rudo aspecto de aquel normando, había algo en sus manos que derrochaba ternura cuando tenía cerca alguno de sus felinos.

—No eres tú la que tiene que elegir al gato, sino el gato el que te tiene que elegir a ti —explicó Niels, intentando que el hastío no se evidenciara en su cara, aunque lo cierto era que este había ido perdiendo expresividad con el tiempo desde que había abandonado su carácter vikingo. Sus ojos claros como el cielo parecían vacíos, su rostro rectangular expresaba ahora más melancolía que fiereza.

La joven no pareció estar muy convencida con aquellas palabras, a juzgar por sus brazos cruzados sobre su escaso pecho de niña, su ceño fruncido y el movimiento nervioso de su pierna.

—¡Pero es que es horrible! —se quejó, añadiendo un bufido a su opinión.

Niels se vació en un suspiro. Tomó después una bocanada de aire que le supo a hierba y tierra, la que rodeaba aquella casa en medio del bosque. Permitió que el canto de las aves en el exterior le tranquilizaran. Dejó que la gatita bajara de sus brazos, algo que hizo rápidamente y sin poner oposición. Se asustaba fácilmente ante la presencia de extraños, así que se apresuró a saltar desde los brazos de su dueño para esconderse en las pajas secas que, bajo unas pieles, hacían de colchón.

—Está bien… —concedió el normando—. Seguidme, a ver si hay algo que la muchacha no encuentre “horrible” —dijo Niels, arrastrando la ironía con su última palabra.

—Eh, no es culpa mía que ese bicho no tenga más que huesos —se defendió la niña, haciendo que su madre mirara hacia otro lado, avergonzada—. ¿No ves que así mismo me quedaré yo si el animal no augura un buen casamiento? Eso hay que entenderlo.

Niels asintió con la cabeza, aunque en el fondo lamentaba que la muchacha no fuera capaz de ver la belleza interior de la pequeña carey desnutrida que seguro tenía en ese pequeño cuerpo enclenque una infinita felicidad que darle. Pero hacía tiempo que él había dejado atrás la inconformidad, la lucha constante, y no iba a ser una niña de catorce años la que desmoronara la paz que había encontrado en aquel hogar apartado en el bosque.

Salieron de la casa, una vivienda de madera, piedra y tepe, cuyo césped parecía camuflarla entre los robles de Normandía. Niels silbó varias veces, y de repente una manada de gatos salió corriendo hacia él. Aparecían desde todas partes, allí donde segundos antes habría sido imposible visualizarlos: bajo los arbustos, entre las rocas, en los agujeros de la senda… Una docena de felinos se posicionaron a los pies del normando, arañando algunos de ellos sus pantorrillas al levantarse para pedir su ración de pescado fresco.

—¡Ese! ¡Ese es el que quiero! —exclamó la muchacha señalando a un ejemplar de típico gato nórdico cuyo voluminoso pelaje, a pesar de su corta vida, le hacía parecer el más grande del grupo.

—Pues es todo tuyo —afirmó Niels agachándose y cogiendo al peludo para entregárselo—. Que la diosa Freyja te transmita sus bondades a través de él y tengas un fructífero matrimonio.

Aunque Niels no mostró entusiasmo alguno con aquellas palabras, tanto la niña como su madre agradecieron la entrega del felino y le aseguraron que obtendría las pieles y alimentos acordados a cambio. Una vez se marcharon, el hombre cogió una de las vasijas apoyadas en la pared de su casa y derramó en una jarra algo de skyr, una especie de leche fermentada y salada que podía aguantar en condiciones saludables todo el invierno. Los gatos fueron corriendo al ver el recipiente e hicieron buena cuenta de su contenido.

Entonces, y solo entonces, Niels se dio cuenta de la presencia de un hombre apoyado en uno de los robles cercanos. Sin duda, había perdido sus capacidades como guerrero si no había sido capaz de detectarlo antes. Su sonrisa se estiró al reconocer a aquel visitante.

—¡Viggo! —dijo alzando la voz, y se aproximó hacia aquel hombre—. ¡Te creía en el Valhalla!

Una vez a su lado, este dejó de apoyarse en el tronco para extender el brazo y golpear amistosamente con su puño en el hombro a Niels.

—Me sorprende tanto que me creyeras en el salón de Asgard como que sigas pensando en él —opinó Viggo, como siempre mofándose de las antiguas creencias de su amigo.

—Ríete de mis pensamientos —dijo el normando mientras caminaban de vuelta hacia su casa—, pero para ti no habrá ni una gota de cerveza junto a los dioses por faltarles de esa manera.

—La misma cerveza que para ti, imagino —se defendió Viggo—. Si no me equivoco, solo se deja entrar al gran salón a los que mueren como guerreros en batalla. Y no te veo yo pereciendo en la gloria del combate.

Niels no accedió a sus provocaciones, ya le había costado a sí mismo convencerse de abandonar su faceta de guerrero como para que vinieran de fuera a martirizarle con ese asunto. Entraron a su humilde hogar en la montaña y le sirvió una buena cantidad de hidromiel en una jarra de gran tamaño, esperando que con la boca llena, su amigo bromeara menos. Bebieron sentados sobre dos tocones sin decir ni una palabra durante unos segundos.

—No —dijo finalmente Niels, rompiendo el silencio y sorprendiendo a su compañero.

—No, ¿qué? —preguntó Viggo mientras se limpiaba los restos de la bebida de su barba.

—A lo que hayas venido a proponerme, no.

Viggo rio, su raída melena negra se albarotó con el exacerbado movimiento corporal que le había provocado la carcajada y su rostro, un reflejo constante de la sospecha, se relajó durante un instante mostrando algo de simpatía.

—¿De verdad eres feliz entre tanto silencio? ¿No echas de menos los gritos de la batalla? —preguntó el hombre, dando por hecho que Niels era consciente de que si había ido a visitarle, era por algo relacionado con la guerra—. Mírate, Niels… ¿Un criador de gatos? ¿En serio?

—Los matrimonios necesitan incorporar a un gato a su hogar para asegurar un buen futuro. Sigue siendo costumbre aquí. Y yo les proporciono esos gatos, a cambio de alimentos y otros recursos —se justificó Niels—. Así me gano la vida.

—Así te ganas la vida, como bien dices, pero no la muerte…

—Dejemos a los dioses de lado, Viggo. Hace tiempo que ya no adoramos a los mismos. Centrémonos en las cosas que nos unen, y no en las que nos separan.

Viggo apuró su jarra, para Niels no pasó desapercibida la sombra que se apoderó de la mirada de su amigo.

—Más bien sí centrémonos en las que nos separan, Niels. En las que pretenden hacerlo para siempre, al menos.

—Te vuelvo a decir que no —repitió Niels, sabiendo que la conversación se dirigía a unos términos que no le iban a gustar—. A lo que sea, otra vez, no.

—Guillermo ya está aquí.

Niels resopló. Ni siquiera en las afueras de Caen, donde pretendía alejarse de toda lucha de poder, podía permanecer ajeno a aquella revelación. Una que, por otro lado, era tan temida como previsible.

—¿Y qué? Tarde o temprano acabaría volviendo, eso todos lo sabíamos, y el que diga lo contrario solo se ha estado engañando a sí mismo.

—Pues parecen haberse engañado muy bien, porque no veo yo que se hayan organizado debidamente para resistir su ataque. Ya no es un niño, Niels. Y más nos hubiera valido que nuestro duque no hubiera muerto en su viaje a… ¿cómo lo llaman? Ah, sí, Tierra Santa.

—¿Acaso es necesaria la muerte de un duque para que nos lancemos los unos a los otros tras un muro de escudos? ¿Desde cuándo necesitamos una excusa para batallar? —Viggo sonrió ante ese comentario con el que Niels solo pretendía mostrar la estupidez de su pueblo—. Me pregunto si los intentos de asesinar al joven Guillermo, y no los justifico, no habrían sido un acto de justicia para evitar una guerra mayor en la que otros tantos niños como él morirán —afirmó Niels, que para permanecer ajeno a la política, estaba bastante bien informado. Bostezó para mostrar la galbana que le causaba hablar de esos temas.

—Sea como fuere, ya se nos viene. Y bajo buen cobijo. Cuentan que el rey francés le ha conseguido un buen ejército.

—Pues que os aproveche la lucha —afirmó Niels esquivando la mirada de su amigo; todavía no había conseguido desprenderse completamente de la vergüenza que suponía renegar de la lucha para un guerrero. Inclinó la cabeza para que su larga melena dorada, al menos la que no había afeitado en los laterales de su cabeza, le cubriera el rostro.

—¡Pero Niels! —replicó Viggo alzando la voz—. Al final va a ser verdad eso de que te has vuelto demasiado tierno, que la vida plácida aquí en el monte te ha ablandado los huesos…

—Poco me importan a mí los intereses de reyes y duques. Si Guillermo vuelve, bienvenido sea. Si cae para regocijo de las alimañas que le quieren devorar sus nobles tripas, pues también. El sol seguirá saliendo por el mismo lado todas las mañanas.

—Veo que no eres consciente, que el sonido de los pájaros se te ha metido en la cabeza y poco o nada te queda ahí dentro —dijo Viggo golpeando ligeramente con su taza en la frente de Niels—. ¿Pero dónde está tu orgullo del norte? Puede que esta sea la última lucha por el honor de los que vinimos del frío.

—Y me entusiasma tanto como la primera —afirmó Niels con un deje de hastío en su voz.

—Ya, quieres una motivación. Veo que la necesitas, al menos. —Viggo se quedó pensativo unos segundos. Dio un trago e hizo gárgaras con el líquido. Después se lo tragó—. Te diré entonces dónde está Kaysa.

—¡No sabes dónde está ella! —se quejó Niels, como un resorte. Su mirada, vacía casi todo el tiempo, reflejaba entonces la amargura que le producía ese nombre—. No sabes de ella más que yo, que embarcó para no volver…

—¿Y si tuviera nuevas noticias?

—¡No las tienes! —Niels bufó—. Y si las tuvieras, me las habrías dado sin condiciones, porque eres mi amigo.

Viggo asintió. Eso era cierto. Sabía que era de muy mal gusto chantajearle con algo relativo a esa mujer.

—Desde luego que te ha dejado quebrado, roto del todo… —susurró Viggo.

—Deja de hablar de ella.

—Está bien, está bien… —Viggo se dio a sí mismo unos segundos más para pensar. Otras gárgaras. Otro trago. Vio revolverse a la pequeña carey en las pajas del catre y tuvo una idea—. Esos franceses son cristianos, y Guillermo ha estado mamando demasiado de sus cruces. ¿Sabes lo que eso significa?

—Que el rey Enrique lo utilizará para asentar el cristianismo en Normandía, me imagino. Y a mí, te repito, poco me importa eso.

—¿Sabes lo que hacen los cristianos con esos gatos que tanto adoras? Dicen que son enviados del demonio y los queman en las hogueras. —Viggo pudo percibir el interés que habían provocado en Niels esas palabras, sabía que había encontrado algo con lo que negociar—. Y con tanto pelo, arden bien, te lo aseguro.

—¿Y por qué harían eso?

—A mí que me dices. Tienen esa falta de cordura necesaria para creer en su Dios. La misma que tú para creer en los tuyos. Por eso, yo, ni lo uno ni lo otro. Pero ellos, que no tienen culpa de nada… —dijo señalando a la gata. Niels suspiró—. No lo hagas por ti. Ni por Normandía. Pero hazlo por ellos. No te dejarán criarlos si ganan la batalla. Y además te quedarás sin trabajo.

—Podré buscarme otro trabajo.

—Pero no ellos —aseguró Viggo, sabiendo que con los gatos había tocado hueso—. Hazlo por esos pequeños tuyos, Niels. Yo no entiendo tu aprecio por ellos. Nadie lo entiende. Y por eso, si no eres tú, nadie los protegerá, ¿sabes? ¿Vas a abandonarlos?

Niels volvió a bufar. Por muy poca lógica que tuviese, podía ser que por esos pequeños peludos en los que se había refugiado para recuperarse mentalmente, valiese la pena volver al campo de batalla. Ellos le habían salvado una vez de la locura absoluta. ¿Acaso no era ahora el momento de devolverles ese favor?

NECESITO VUESTROS LÁTIGOS – Se buscan lectores preZERO

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Ya tengo el tiempo. Y las ganas. Por fin se ha descorchado la pasión en mis venas, y vuelvo a tenerlo todo a favor para reventar las teclas con ilusión y ponerme manos a la obra con una nueva novela de Cats & Books. Solo me falta una cosa: vosotros.

Ha sido ponerme manos a la obra y sentir una arritmia que no he tardado en comprender: a mis sístoles exaltadas por abordar un nuevo proyecto le faltaban vuestras diástoles en esa conjunción que tan bien funcionaron con GÀTA. Para entonces hicimos una lectura virtual a medida que se iba desarrollando la novela, enviándoos un capítulo cada dos o tres días.

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Vuestro aporte me ayudó a mejorar el texto pero sobre todo, a sentir la calidez de vuestra presencia, y os juro que no hay mejor combustible para avanzar en las páginas. Saber que hay alguien ahí detrás con inmediatez, no varios meses una vez se ha terminado la historia y ya te sientes algo despegado de ella, eleva la felicidad de escribir hasta el infinito.

Por eso quiero repetir con esta segunda historia que lanzaré bajo el sello de Cats & Books; como sabéis, una serie en la que los gatos tienen un papel destacado en distintas épocas de la historia. En este caso, viajamos a la Normandía vikinga. O a su fin. En KÖTTR: el último gato vikingo, Niels, nuestro protagonista, alejado de la vida guerrera y reconvertido en criador de gatos para ofrecerlos como buen augurio de los futuros matrimonios, se verá obligado a volver al muro de escudos para proteger a su colonia felina, sin saber que esta le devolverá aquello que la vida le había arrancado de su interior.

Hasta ahí puedo decir. Los que queráis ser parte de esta lectura, solo tenéis que decírmelo escribiendo a jonicaroescritor@gmail.com. Yo os daré acceso al apartado de la web con los capítulos conformen vayan publicándose, que serán cada dos o tres días, y no os llevará más de 10 minutos ya que como bien sabéis, prefiero que sean cortos. Podremos comentarlos y disfrutar del hecho de estar leyendo una misma cosa a la vez y al mismo ritmo. Espero que entre todos disfrutemos tanto o más de la experiencia de este tipo de lectura conjunta y a la vez cero, y yo tendré que buscar un nuevo pozo de la gratitud para agradeceros como es debido que hayáis formado parte de ella, porque me vacío cada vez que sois parte de todo esto.

Nada más por hoy, ¡nos vemos las instacaras por @icaro_jon!

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