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Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

LA LACRA DEL POSTUREO

akaspos

Hablemos hoy de eso que todos criticamos pero que a la vez alimentamos: el postureo. La reflexión la hago en concreto por una anécdota reciente, aunque era algo que antes o después tenía que comentar.

Resulta que hace unos días fui a visitar Alcoy y, entre otros lugares recomendados por la Oficina de Turismo, se encontraba el Círculo Industrial de Alcoy. Así que, allá fui. Se trata de la organización empresarial más antigua de la ciudad, una agrupación privada que a menudo realiza exposiciones en sus instalaciones con fragmentos de la historia obrera de la ciudad, sobre todo de la época de la Revolución Industrial. Y, ¿a quién le gusta tanto la historia que escribe libros sobre ella? Exacto, a servidor.

Así que allí fui cuando, por sorpresa, me dicen que no puedo entrar porque… llevaba pantalón corto. Claro que sí, guapi. Con el termómetro de la plaza pidiendo una tregua, llevar pantalón corto es una locura. ¡Qué insensato de mí! Acato las normas, por supuesto, ya que se trata de una asociación privada y jerarquizada (por mucho que su emblema sea una abeja que simbolice la unión obrera). Aunque, educadamente, pregunto el fundamento de esa norma. Sin intención de causar polémica (su sitio, sus normas, que yo al menos sí entiendo de respeto), pregunto en qué me convierte en peor visitante llevar pantalón corto. No hay respuesta que más odie que un “porque es así“, vacío como el desierto.

Como anécdota más grave, me entero que justo una semana antes se le impidió el paso a un autobús de alemanes por la misma razón. Claro que sí, ¡si viven aquí al lado para volver cuando quieran!

El resultado es que yo, que amo la historia y le dedico grandes porciones de mi vida, me quedé sin poder ver una exposición que supuestamente está hecha para que sea disfrutada de ella. Y aquí es a donde quería llegar. Cuando uno hace algo con pasión, se supone que quiere que esa ilusión llegue como un arpón al corazón de aquellos que puedan verse reflejados en ella. ¿Para qué creamos normas sin más fundamento que el beneplácito social que actúan como un muro para este cometido?

Pongo un ejemplo, más acorde con la temática del blog, que es el que hace referencia a las presentaciones de libros. He escuchado sandeces del tipo “traed amigos, familiares, conocidos, aunque no les guste el libro, lo importante es que se llene”. ¿Perdona? ¡Lo importante es que se llene… el corazón! Bien por ego propio o por dictamen de la editorial de turno, queremos que todos los asientos tengan un culo encima para conseguir la foto de plenitud que tanto anhelamos, aunque a los presentes les importe una mierda el objetivo principal de la reunión, que no es otro que compartir tu pasión con gente que pueda sentirse atraída por ella.

Prefiero que venga una persona, o dos, con una inquietud sana, con un lazo verdadero, que llenar la sala para poder decir “qué bueno soy”. De verdad. De igual manera, traslado la responsabilidad a los escritores, pues cuando el local está casi vacío se nota la desgana a la hora de presentar. ¡Es tu pasión! Tanto si viene una persona como mil, lo importante no es a donde va a llegar, sino la pasión con la que transmites el mensaje, y esa ilusión no entiende de cantidad, señores, es algo que se lleva dentro.

En serio, dejémonos de aparentar y de no ser lo que somos, o seremos lo que no queremos ser. El tiempo será el espejo que nos hará darnos cuenta de ello. Hacedlo, por lo menos, por vosotros mismos.

Un saludo.
¡Qué tengáis un buen día y no solo en apariencias!

LEER CON ARENA – BIENVENIDO VERANO

akasver

Entramos oficialmente en verano y el mundo vuelve a dividirse entre los que aman y los que odian la playa. Yo, personalmente, me encuentro entre estos últimos. Puede que sea por el blanco nuclear de mi piel, o puede que sea por eso de que tendemos a valorar menos lo que tenemos al lado. Y vosotros, ¿de qué bando sois?

Pero como este es un blog de literatura, quiero hablar de cómo, una vez más, los libros modifican mi vida mejorándola. Soy incapaz de estar más de diez minutos en una playa. En el agua, aún paso. Pero fuera de ella, no me entusiasma sentirme como una barbacoa recibiendo rayos solares en uno de los llamados (incomprensiblemente) mejores placeres del mundo.

Eso sí, la cosa cambia si tengo un libro en mis manos. Lo confieso: me entusiasma ver a las personas llevándose su libro a la playa y disfrutando de él sobre la arena. Me pone más que ver esos bikinis que os convierten en ángeles terrenales (bueno, cuando prescindís de la parte superior de ellos igual ya está la cosa ahí ahí…). Bromas aparte, lo que vengo a decir es que cuando leo (o en su caso escribo), soy capaz de retenerme a mí mismo en un lugar que no me atrae para nada. De esa manera sí puedo estar horas en la playa.

Así que, de nuevo, un libro cambiando la realidad que nos rodea. Como siempre.
Nada más que decir, que últimamente me he estado extendiendo en las entradas.
¡Que tengáis un veraniego día!

 

RESEÑA – LA SOMBRA DORADA

sombra

Qué ganas le tenía a esta reseña. Hoy me apetece, y de qué manera, hablar sobre mi última lectura: La sombra dorada de Luis M. Núñez, una novela de fantasía épica. Os pongo en antecedentes. Como muchos, yo me desvirgué en el género con El señor de los anillos, y a día de hoy tengo como referencia la fantasía sucia y realista de Sapkowski y su saga del brujo Geralt.

Dicho esto, La sombra dorada nos ofrece una lectura amena que, si tuviera que definir en una plabra, esta sería equilibrio. Es un concepto que tiende a escaparse a este tipo de literatura y que Luis M. Núñez consigue plasmar con maestría. Pero antes, un poco de su argumento…

La caída de un meteorito trae consigo una especie de luz extraña capaz de transformar a los seres vivos en aberraciones. Antes de que la humanidad pueda siquiera entender la importancia de tal suceso, este ejército de monstruosidades avanza dirigido por un ente divino maligno envolviendo y corrompiendo todo a su alcance. La humanidad tendrá que prepararse ante esta terrible amenaza si no quiere sucumbir a ella.

Luis desarrolla esta gran historia sin que le sobre ni le falte nada desde una narrativa justamente medida. Las descripciones de lugares y personajes son brillantes, entregándonos características que nos ayudan a recrear los distintos emplazamientos de manera fácil, sin que eso signifique la escasez de detalles, sino que estos son los que verdaderamente importan y tienen mayor peso a la hora de recrear mentalmente las situaciones. Luis sabe dar en el clavo en la elaboración cretiva (y creatividad le sobra) para conseguir un texto ameno, en el que es fácil sumergirse, y alejado de los clásicos fragmentos tediosos de información extendida (que a menudo no sirven más que para desentenderse de la lectura) que parece que tengan que plagar este tipo de historias. Chapó. No había encontrado un equilibrio tan logrado en una historia, hago memoria para buscar alguna obra similar para ejemplificarlo y no encuentro ninguna.

Otro aspecto destacable es la descripción de los combates, tanto singulares como en lo relativo a las grandes batallas. Las explicaciones, claras. Los detalles, certeros. Es particularmente en este punto en el que suelen perder fuelle los grandes autores (Sapkowski particularmente me hace perderme en las luchas), pero Luis, cual maestro de esgrima o cual estratega bélico, saca un diez en este aspecto. De verdad, voy a echar de menos esa claridad y acierto, esa profundidad en los detalles de los ejércitos medievales… Gracias a él, uno puede sentirse dentro del relato, yo casi puedo decir que estuve en la Batalla de las Planicies Ardientes.

Con los personajes, de vuelta al equilibrio. Son esos datos certeros los que les llenan de personalidad. Remarco incluso algunos secundarios, que están destinados a aparecer en unas pocas páginas, pero para los que inventa alguna historia peculiar que les llena de vida. ¡Qué manera de llenar de vida a los personajes secundarios y puntuales! Ah, y por fin una obra de fantasía con nombres que no suenan raros, que se aceptan como normales. Tenía que decirlo, gran acierto en las denominaciones de los personajes.

En cuanto al ritmo, pues más equilibrio. Ni la historia se acelera, ni se estanca en ningún momento. Lo dicho, ni sobra nada ni falta nada. Y subrayo, algo muy difícil en este tipo de obras.

Y si nos dejamos los tecnicismos y hablamos de sensaciones, que siempre tiendo a darle más importancia en una reseña, os diré que yo he disfrutado mucho la historia. Está contada de manera brillante, con un uso exquisito del lenguaje. Me ha entretenido, me ha mantenido expectante y ha hecho que maldijera no tener más tiempo libre para poder seguir leyendo en muchas ocasiones. Creo que todo lo bueno que pueda decir quedaría bien resumido expresando que espero con ansia la salida de un segundo volumen, que tengo entendido que habrá.

Finalizo aquí mi reseña deseando todo lo bueno que se pueda desear a Luis M. Núñez y agradeciendo que nos haya ofrecido a los lectores una obra de tanta calidad. La recomiendo de manera sobrada, me juego mi reputación como lector en ella. Os encantará. Es un must have en toda regla, uno de esos libros que quieres recomendar por inercia, porque quieres que otras personas lo disfruten tanto como tú.

Leedlo, en serio. Y me contáis.
Nada más. ¡Que tengáis un fantástico día!

FIRMAS DE LIBROS

akasfir

Una de las cosas que más me llenan como escritor, si se me permite la egolatría, es firmar uno de mis libros. Si bien aún me cuesta asumir que alguien quiera que le manche las primeras hojas con algunas palabras y un garabato, lo que no os podéis imaginar es la ilusión que me hace a mí que alguien quiera que le dedique o le firme el libro. Para que os hagáis una idea, en términos de alegría, es de las pocas veces que entiendo el significado de la palabra infinito.

En estos casos, a mí me gusta escribir unas palabras personalizadas. Cuando conozco a la persona se me hace muy fácil, me pongo a escribir y soy de esos que más le valdría incorporar la dedicatoria como suplemento del propio libro.

Pero cuando no conozco al lector, se me hace más difícil, y me niego a recurrir al básico “Para ___________“.  Es en ese momento cuando más reivindico la cercanía entre lector y escritor, la destrucción de la frialdad reducida al papel. Es ahí donde las nuevas tecnologías tienen un papel relevante y cambiar los roles se hace muy fácil, donde al final espero que la interacción sea simplemente entre dos personas que se han encontrado en este mundo a través de una historia escrita o de un proceso creativo que conecta sus inquietudes.

Como lector, cada vez descubro la humildad de muchos autores que se encuentran pegados a su obra, que te dejan ser partícipe de ella más allá de los límites de las letras y que hacen que disfrutar de sus textos sea algo todavía más increíble. Por supuesto que venero a los grandes autores, si están ahí es por algo y hay infinidad de talento que aprender de ellos, y entiendo que no puedan atender a sus miles y millones de seguidores, pero cada vez más estoy desplazando a los autores consagrados por escritores más accesibles.

Y ahora que me pongo en el lado del que escribe, agradezco este giro en la situación, pues no hay nada que me rompa en más pedazos emocionales que un lector intentando contactar conmigo por cualquier motivo relativo a mi obra. Somos personas, los que estamos aquí delante y los que estáis ahí detrás. Creemos lazos, que al final son los verdaderos interruptores de los sentimientos.

Un saludo.
¡Que tengais un enlazante día!

NI BUENOS NI MALOS

akasbue

Hoy toca una entrada un poco fuera de temática (o no). Hace poco os comenté mi esfuerzo por desenvenenarme del fútbol, y que había desembocado todas mis querencias de lo bueno del deporte sobre el baloncesto.

Si fuera el final de la liga de fútbol, todos los medios de comunicación estarían con su sifonía de prioridades alteradas, dándolo todo como si nos fuera la vida en ello. Ya estarían las calles acordonadas, los despliegues policiales y los ultras afilando los bates. Pero con el baloncesto no. Hoy (posiblemente) acabe la liga y mañana las ciudades (y llos medios de comunicación) amanecerán como si nada hubiera pasado fuera de la noticia puntual, más bien un aviso.

Hablo del baloncesto como podría hablar de cualquier otro deporte. Es curioso que el deporte más idolatrado sea el que más violencia trae, el que más corrupción genera y el que más desigualdad económica promueve (y de género, ya que estamos). Es triste que como consumidores no seamos capaces de estar a la altura de la responsabilidad social que tenemos.

Pero a lo que voy, que me salgo del titular. El fútbol genera, además, rivales. Enemigos. Gente que queda para matarse por ser de un equipo u otro, si nos vamos al extremo. Yo eso no lo he visto (y si lo he visto no tan desproporcionado) en otros deportes aquí en España. En el baloncesto, si un jugador rival se lesiona en la cancha, se le aplaude para animarle. En el fútbol se le grita “muérete”. Muy triste.

Personalmente, me alegraría que hoy ganara el Valencia por simple cercanía, como los tengo más accesibles sigo con mayor empatía a Valencia y Murcia, aunque intento seguir al resto de los miembros de la competición con igual devoción. Si gana el Real Madrid, se le aplaudirá, y el derrotado en lugar de cargarse de ira, entenderá que tiene que mejorar, que para eso lleva en la camiseta la “cultura del esfuerzo” y acabará convirtiéndose en mejor equipo y mejor ejemplo. No hay un fanatismo que distorsione los valores deportivos dividiendo a los participantes en buenos y malos.

Es curioso, sobre todo, fuera del ámbito deportivo. Los deportes al fin y al cabo son una chorrada, un juego sin importancia. Pero como decía ayer, tengo claro que la paz mundial vendrá cuando entendamos que no hay buenos ni malos, que no hay rivales, que estamos condenados a convivir en un espacio compartido pero hay que empezar a pensar que lo diferente que nos rodea no es nuestro rival, sino un espejo o rasero para medirnos y mejorar nosotros mismos aprendiendo de ellos, sin intención alguna de batirlos. Curiosamente, sobre ese eje va lo último que estoy escribiendo.

Os lo avisé. La entrada no iba muy fuera de tema al fin y al cabo.
Un saludo, ¡que tengáis un deportivo día!

Edito un día después de la entrada. Así abre Marca con su portada. Como esperaba y dije, la victoria en liga de Valencia Basket queda relegada a un segundo plano, ensombrecida por el posible traspaso de Ronaldo por una burrada de millones. Si se va a pagar 400 millones por un simple cambio de equipo de un jugador, yo me desconecto de este mundo. En serio.

noticia

CUERPO DE CRISTO Y AMÉN

akasmil

Aprovecho la efervescencia del Corpus Christi para hablar de la temática sobre la que giraba la expansión de El sanador del tiempo, cuyo título provisional era Crucifixión (hablo en pasado porque de momento he metido el proyecto en la nevera). Y es que por mi parte, sobre la temática religiosa, correrían ríos de tinta.

El sanador del tiempo +1: crucifixión comenzaba con un asesino en serie de sacerdotes. Su comportamiento había sido manipulado por MediTime y el equipo debía corregir las tensiones genéticas introducidas en él  que le hacían comportarse así para demostrar su inocencia.

Lo curioso de este personaje es su odio racional (si es que el odio puede ser alguna vez racional). Como no me gustan los malos malotes per se, la motivación de este criminal era castigar a los enviados de un Dios que hace que la gente sea pasiva. Las personas se escudan tras la religión, esperando que sus problemas sean solucionados por obra divina, delegando su responsabilidad y abandonando el poder que tienen por sí mismas para solucionarlos. Dejarlo todo en manos del cielo tras el amén. Si algo tengo claro, es que el fin de las guerras, del hambre, de todo, no vendrá con una oración a un trozo de madera tallada, sino con la voluntad y la acción del ser humano cuando alcance un raciocinio digno de su evolución.

No pretendo abrir una guerra ideológica. La religión tiene muchas cosas buenas, por ejemplo todas las que giran en torno a la solidaridad o cuando se convierte en la fuerza que una persona desesperada necesita y no es capaz de encontrar en otro lugar. No es mi intención atacar las creencias de nadie, las respeto absolutamente. De corazón.

Pero también considero que la religión es un lastre en tanto que, como hablábamos hace un par de días con la ciencia, el interés se antepone al corazón humano. Ayer os dije que quería escribir fantasía, y tengo en mente una serie de novelas tintadas de cuento que aborden las lacras sociales a las que estamos sometidos. En la cabeza ya tengo una historia fantástica cuya moraleja gire en torno al lobby farmacéutico que comenté en la penúltima entrada. Sobre la religión, puede que caiga otra.

Nada más por hoy.
¡Que tengáis un religioso día, sea cual sea vuestra creencia!

 

JUEGOINSPIRACIÓN

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Hace poco hablé de las bondades de los videojuegos respecto al estímulo creativo. Los convertí en un arma de doble filo, tanto por su capacidad destructiva de desintegrar el tiempo como por su capacidad de despertar inquietudes y motivaciones. Hoy me centro en la segunda parte para, además, hacerla personal. Y como una imagen a veces vale más que mil palabras…

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Ahí tenéis mi pira creativa que arderá en forma de inspiración. Ya os dije que yo a los videojuegos les debía mucho (el apasionarme por la historia, sin ir más lejos; algo que no había conseguido el sistema educativo). Aún les sigo debiendo, aunque la falta de tiempo me convierta más en un coleccionista que un jugón. Pero, creo que ha llegado el momento de la fantasía, y he hecho inventario para darle vida a un corazón que se revoluciona con las lecturas, películas, juegos y todo lo que tenga que ver con la fantasía.

Ya comenté que mi género favorito es la fantasía épica, pero que no me atrevía a abordarlo como escritor porque cuando uno ama mucho, respeta más. Pero no puedo más, necesito sacar todas las ideas fantásticas que tengo en mente en forma de relato. Si bien estoy feliz continuando El sanador del tiempo, no me arde en las entrañas como debiera y siento que lo hago por necesidad, porque esa serie ya tiene una visibilidad y unas colaboraciones que le dan vida y me proporcionan cierta ventaja literaria. Pero mi estómago pide fantasía, siempre lo ha hecho y ahora lo hace con más fuerza. Y aunque tengo una infinidad de cosas que mejorar como escritor, creo que he aprendido lo suficiente para hacer algo respetable.

Y siempre que escribo sobre algo, me rodeo de su temática. Es decir, leo, veo y juego sobre esa temática. En cuanto a la lectura, estoy a punto de acabar La sombra dorada de Luis M. Núñez, libro que reseñaré como es debido pero que considero posee un equilibrio de calidad muy difícil de conseguir en este género y que cuesta mucho de encontrar; lo estoy disfrutando sobremanera. Respecto a las series, a la espera de Juego de tronos (que no idolatrizo pero tampoco cometo el suicidio de obviarla), estoy pensando en echarle un ojo a Las crónicas de Shannara (¿la habéis visto? ¿qué os parece? ¿me recomendáis alguna otra?). Y en lo referente a jugar, pues bueno… Ya habéis visto la imagen que he colgado, a la que hago referencia para cerrar esta entrada que parece que se iba yendo por las ramas.

Nada más, que tengo cosas por escribir (y jugar).
¡Que tengáis un fantástico día!

 

INSTAGRAMIZADO

akasinst

He sucumbido a las fuerzas del mal. Ya tengo Instagram. Suelo tardar en incorporarme a las redes sociales, y era reacio a la que consideraba la reina del postureo. Pero oye, que una vez dentro, tiene su miga. Eso me recuerda que nunca hay que ser ligero a la hora de juzgar. Hasta de los temas más nimios o las aficiones más insulsas he llegado a descubrir que se pueden escribir biblias.

Pero a lo que vamos, que se me disparan las teclas. La entrada de hoy es simplemente para daros el aviso de mi incorporación a Instagram y animaros a seguirme si queréis conocerme un poco más a nivel personal o en mi día a día (no os aseguro que no pierda mi reputación de ser formal que otorga esa falsa capa de llamarse escritor). Como extensión del blog para potenciar el acercamiento y romper la fría virtualidad, Instagram me parece una buena herramienta. Así que, si os apetece, os espero por @icaro_jon.

Un saludo.
¡Que tengáis un fotográfico día!

CIENCIA FACCIÓN

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Muchos sabéis que soy biólogo. Hago hincapié en el verbo ser porque no tengo muy claro si uno se hace biólogo al tener el título o al ejercer la profesión. A pesar de ser licenciado en Biología, trabajo de profesor, por lo que mi identidad queda un poco en la frontera conceptual. Lo que no conocéis tantos es mi decepción con la ciencia en general.

El funcionamiento de la ciencia no se aleja mucho al de una mafia. Lo descubrí de primera mano durante mis estudios, en concreto durante las prácticas en el Departamento de Ciencias Ambientales y Recursos Naturales. Resulta que un equipo de la Universidad de Alicante había descubierto una solución contra el picudo rojo, el escarabajo que amenaza el palmeral de Elche (Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO).

El problema de este insecto es que destroza la palmera por dentro, por lo cual el método tradicional de rociar con plaguicidas es ineficiente (añadiendo el riesgo de que una palmera con un aspecto externo perfecto pueda quebrarse en cualquier momento y caerle a alguien en la cabeza). El equipo de la UA había conseguido formular un hongo capaz de neutralizar al picudo de manera que era absorbido por las raíces de la palmera directamente hacia su interior, donde el escarabajo es vulnerable. Un ingenioso descubrimiento.

El problema era que el equipo no tenía contactos con la administración, o por decirlo de alguna manera, no tenía enchufe con la persona gubernamental encargada de comprar  el producto y administrarlo públicamente. Así que la idea acabó en el difuso océano de los grandes descubrimientos desaprovechados por un mero trámite influenciado por el amiguismo. Vamos, que quien no tiene padrino, no se bautiza.

Y si esto ocurre con asuntos no tan relativamente urgentes, ¿qué no harán con el tema de la salud? Al final todo lo mueve el dinero. Sí, no estoy descubriendo nada nuevo, aunque me parece muy triste que seamos capaces de asumirlo como la verdad absoluta que es sin que se nos revuelva el corazón, estómago, y demás órganos internos.

Me dan ganas de vomitar cada vez que veo al visitador médico de turno, armado de herramientas comerciales con el objetivo de que el doctor prescriba su producto (o convencer al funcionario en cuestión para que quede incluído en la Seguridad Social). Como buen comercial, su objetivo es barnizar de oro un producto que puede valer menos que una mierda, pero eso no importa porque ese es precisamente su trabajo, exaltar y vender. Cuando entres en una consulta y veas los calendarios o relojes publicitarios con las marcas de las farmacéuticas más conocidas, entiende que están ahí por algo. Al final no vas a tomar el medicamento más adecuado, ni el mejor, vas a meterte un tóxico en tu cuerpo que ha ganado la carrera comercial. A veces, incluso, ni es necesario, pero estamos en el centro de la batalla entre empresas sanitarias que se comportan como facciones enfrentadas donde hay que destruir al enemigo aunque esté haciendo algo loable por las personas como es descubrir un fármaco mejor que el tuyo.

Obviamente no todo es tan drástico y es cierto que hay unos filtros de seguridad, pero permitíos dudar al menos del sistema sanitario, de los propios medicamentos. Necesarios, sí. Pero a veces no en la cantidad ni en la calidad que se nos hace saber.

Lo que más me apena de este tema, y se nota en que ya me estoy extendiendo más de la longitud media de mis entradas, es que enormes conocimientos científicos acaban desapareciendo por esta lucha económica. O dicho con otras palabras, es triste que tengamos la capacidad de encontrar la cura de casi todas las enfermedades y que al final el factor limitante no sea la falta de inteligencia, sino el mal uso de ella a favor del puto y maldito dinero. Como sé que es muy fácil indignarse y no aportar soluciones, diré que una buena forma de acabar con esta lacra sería con una sanidad universal y sin patentes ni connotaciones empresariales. Pero a lo mejor eso solo es posible en un mundo más humano y coherente.

Yo hace tiempo que renegué de la investigación. Por eso, al igual que en El sanador del tiempo, no me queda otra que desembocar mis frustrados conocimientos adquiridos en la carrera en tintar con un poco de ciencia mis novelas, ya que de esa manera me frustro menos y lo disfruto más.

Un saludo.

 

 

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